A CORUÑA, LOS NUEVOS TIEMPOS.

         Posee A Coruña un pasado escrito en el faro más antiguo del mundo y en las murallas que guardan los secretos de los tesoros galaicos, con forma de torques y cascos de oro del noble guerrero.

         Pero ahora se nota un presente de ideas y de estilos, representados por los nuevos símbolos y por los barrios, nacidos para que crezca el espacio urbano, habitado por gente con talento.

         Hay también una nueva arquitectura que se atreve a  construir “la ciudad de los barrios” y propone, de manera transversal, la creación de espacios públicos añadidos para tejer una red de lugares humanizados y poner así en valor  lo que antes llamábamos periferia y ahora se reconoce, simplemente, como casco urbano.

          Además, en A Coruña, como telón de fondo, aparece siempre ese mar al que rodean las anchas avenidas, alguno de sus más emblemáticos parques y los paseos marítimos que le ponen límites.

         El “viejo barco” de Fernández Flórez tiene nuevos motores; y al mismo tiempo que navega por su mar vaga por su cielo, el techo inacabado de la ciencia. Pero sobre todo se mece en la libre imaginación de las gentes que aquí habitan.

LOS NUEVOS BARRIOS

 

      La pasión de sus habitantes es aquí atlántica: un faro de leyenda, puertos que configuran su mejor espacio litoral, una hermosa playa urbana y galerías de cristal,  espejo de cada tarde que cae sobre su bahía.

      Esto es, esencialmente,  A Coruña, una ciudad que sin embargo ofrece una agradable vida en común en sus barrios, que son los de siempre, pero transformados por la modernidad.

     Se ha ido estirando la ciudad de la proa a la popa, pero mirando siempre a babor.

     Monelos, el Barrio de las Flores y Los Rosales son el triángulo de la transformación urbana coruñesa.

     A Monelos sigue llegando, romántico, el tranvía y pudiéramos definir sus nuevos espacios como los mas turísticos de la urbe.

    El Barrio de las Flores es comercial, la ciudad del bullicio, indispensable para estar al día en sus grandes almacenes.

    Y el Barrio de Los Rosales es puramente residencial, encaramado a lo alto de la colina que se alza sobre Riazor, con ocio propio y una configuración moderna.

   Diríamos que estas tres grandes barriadas configuran la modernidad de A Coruña, una ciudad que sin embargo mantiene su vocación marinera y busca también su despegue industrial en tiempos difíciles. 

A CORUÑA TRABAJA

 

        Aunque A Coruña extiende su vocación empresarial al gran polígono de Sabón, en Arteixo, esta ciudad fundamenta su economía más tradicional en sus puertos,  en sus industrias de diseño y en un pujante comercio muy creativo.

        Es decir, que A Coruña también trabaja y hay una nueva generación de emprendedores que han puesto tiendas a pie de calle moderna y se esfuerzan por la constante renovación de ideas. Tiendas para vestir veranos con ropa de grandes diseñadores, complementos de fama internacional y abrigos de pasarela para los inviernos.

        Esta es una ciudad cervecera, que refina petróleo y fábrica moda para el mundo. Su industria textil viene de viejo y el diseño ha sido su mejor arma, porque convirtió la moda en arte.

       A Coruña es ciudad de moda y su vanguardia industrial apunta ahora más al sector textil.

       Cuando nos referimos al textil coruñés lo hacemos como uno de los tejidos empresariales más creativos y con mayor proyección exterior que jamás haya tenido Galicia. Porque aquí nació y aún crecen algunas de las empresas líderes  del mundo en lo que se refiere a confección.

       La ciudad del futuro sin embargo vuelve a buscar, como siempre, sus entornos marineros. Sus puertos están a punto de sufrir la mayor transformación de su historia y algunos de los actuales espacios quedarán libres para que A Coruña reviva y sea protagonista del resurgir de Galicia.

       Porque lo que hoy es puerto pesquero será mañana zona residencial y de ocio. Y como esta ciudad no se entiende sin su mar, el ocio ha llegado ya a la gran dársena donde moran los barcos deportivos, a donde llegan los grandes buques cruceros y por donde sus habitantes prolongan sus paseos.

       Por eso no solo el gran Faro de Hércules ilumina con su luz el paisaje marinero, sino que A Coruña construyó su vida más agradable a pie de mar.

        Y la seguirá construyendo, una vez que su gran muelle comercial crezca en Punta Langosteira, el puerto exterior que también servirá para evitar tragedias pasadas, al mismo tiempo que libera espacio para uso público en su actual recinto.

        Conviene recordar que el Mar de A Coruña está interrelacionado con numerosas páginas de la historia de Galicia, incluso con el Camino de Santiago.

CIUDAD DE VACACIONES

 

       Conocer A Coruña es quererla. Y subirse a sus miradores es contemplar cómo se compenetra con el mar, hasta el punto de enfilar su proa hacia el atlántico porque se siente barco, como decíamos.

       Mirémonos pues en los espejos de su mar y descubramos entonces los espacios de moda, que son los lugares perfectos para encontrar la belleza de la vieja ciudad de Hércules.

       Subamos al monte de San Pedro y contemplemos el plano cenital de la ciudad, a medida que ascendemos en su elevador. Desde el monte se vislumbran los nuevos paseos marítimos, ocupados por gente que convierte el caminar en un ritual diario frente a la belleza marinera.

        Los turistas se siguen subiendo al viejo tranvía, nostálgicos, para acceder al entorno de la vieja Torre de Hércules, en donde el arte se confunde con el perfil atlántico.

        Aunque la de Hércules no es la única torre que toca techo en la ciudad… Hay un nuevo faro más humilde pero imaginativo, la Torre del Milenio, un símbolo para, al menos,  otros cien años.

       Ambas torres se miran frente a frente y son testigos de la llegada de un nuevo crucero que llevara a Compostela más peregrinos…

       Hemos de seguir los senderos marcados a pie agotando las últimas horas de la tarde, a la espera del momento en el que el sol dice adiós al Faro de Hércules. Porque es el momento en que de nuevo surge la leyenda y las serpientes de colores conquistan el Orzán.

       Cuando la noche se enciende en A Coruña, el mar y la playa son como un nido de luciérnagas que se van de copas por el espacio urbano más divertido.

       Porque A Coruña, sí, también se divierte en ese momento mágico en el que brillan miles de bombillas tras el cristal de sus galerías, cuando las fuentes se iluminan y en la playa de Riazor se posa la luna.

(Dedicado a Nonito Pereira, colega, amigo y guía de mis noches coruñesas de juventud, con mi deseo de que cumpla muchos más…)

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