A MARUXAINA, ¿SIRENA GUAPA O NINFA FEA?

Navegaba por el trayecto de A Mariña de Lugo, entre la Illa Ansarón y la Sombriza, que lo suyo eran la centolla y la nécora; los dos mariscos más sabrosos de este invernal Cantábrico, traicionero en su interior por el mar de fondo; y también por otros misterios que se cuentan y que me dispongo a contarte…

— Nos non temos medo. Os mariñeiros nunca temos medo… Nin o temporal… Nin a serea…  Nin as serpes… Nin ó mar alporizado…

Fran de Lieiro, mitad de Cervo y mitad de Xove,  había dejado atrás O Fuciño do Porco y encaraba la Punta Roncadoira, que dice él es a donde llega con más fuerza esa furia cantábrica que esculpe las rocas con arte marinero. Si consigues doblarla y enfrentas bien las Illas de Ansarón y Sombriza llegarás sin novedad al pequeño puerto de San Cibrao, donde esperan ya los compradores y la gloria.

Fran cantaba a bordo la de “os catro vellos mariñeiros” para olvidar aquel naufragio del bonitero de Burela

— Seis colegas mortos e dous desaparecidos. Un de Morás, dous de Burela, tres de Cabo Verde e dous peruanos… Alá se foron,  ainda non sei como…

Los accidentes de mar en esta costa cantábrica son cada vez menos frecuentes y mucho menos los de los barcos boniteros, mejor dotados que nunca de equipos y medios de seguridad.

— Pero o mar sempre ten fame. É insaciable. Ó pior son as serpes… Ou será verdade o do espíritu da Maruxaina…

 ¡Qué personaje el de A Maruxaina! Verás.

Isaac Díaz Pardo me contó su historia por primera vez. Él creía,  pícaro, en la existencia de aquella nereida mitad pez y mitad mujer, que cuando avistaba un barco entonaba cantos bellísimos, en tono de soprano, lo que cautivaba a los curtidos marinos del mar de Lugo

— Decían os mariñeiros que era tan fermosa que non había home que resistira os seus encantos…  Algúns tiveran sorte e non os levou ó fondo do mar, senón que lles fixo o amor nos farallóns…  A outros, sen embargo, levounos a casa que ten baixo as pedras e alí gozou deles incluso cando xa afogaran. Entón, simulaba un naufraxio para que naide a culpase daquela morte…

Los sancibrenses se debaten entre dos versiones. Los marineros coinciden con Isaac en que se trataba de…

— Unha ninfa fiandeira que vixiaba os barcos dende a Illa Sombriza.

Pero no concuerdan con su belleza, como me había contado una tarde Fran de Lieiro, mientras contemplábamos la isla desde el faro de Morás…

— Seica era moi vella e a cousa mais fea que poden contemplar os teus ollos… Pero coidadiño… ¡A Maruxaina non morreu!

Esta descripción viene de muy antiguo e hizo que las mujeres de San Cibrao, las que ejercían de esposas y también de suegras, desconfiaran siempre de A Maruxaina,  a la que algunas sorprendieran acercándose a tierra…

— Non é verdade o que contades. A serea e fermosísima, de longos cabelos loiros caíndolle sobor dos peitos ben feitos i ergueitos. A Maruxaina é un peligro para os nosos homes e hai que matala…

Los hombres decían que es ella quien tocaba un cuerno para avisarles del temporal y las mujeres contaban que los avisaba tarde para que naufragasen contra la Illa Sombriza, así llamada porque es el gran farallón, el más peligroso de toda la costa.

Al final, dice el cuento,  se impuso el criterio de las mujeres sancibrenses

A Maruxaina fue capturada por todas las gentes de mar de la comarca, que lograron neutralizar sus cantos haciendo sonar sus cuernos al unísono.  

La apresaron, la juzgaron y la quemaron en la hoguera. Lo mismo que a María Soliña en Cangas

No se sabe muy bien la época ni hay certeza de  que esto sucediere, pero parece que es leyenda que viene de los tiempos en los que San Cibrao era un importante puerto ballenero, en el que había barcos con tripulaciones no solo gallegas, sino también asturianas y vascas.

Los balleneros abundaban en los siglos XV y XVI, cuando la Inquisición perseguía “infieles de tierra y mar”.

También es cierto e irrefutable que fueron varios los naufragios que se produjeron en Illa Sombrizael mayor de os farallóns que enfrentan el puerto de San Cibrao.

Algunos mariñeiros de los puertos cantábricos dicen escuchar cantos de sirena en ese tramo de mar y creen en la existencia de otras “maruxainas”; nombre, por cierto, poco gallego y sí muy asturiano.

Cuando los calores de agosto aprietan y llega el segundo sábado del mes, en San Cibrao vuelven a quemar todos los años a la Maruxaina y celebran una de las más interesantes fiestas de interés turístico, para escenificar la leyenda.

En esta costa no faltan historias y cuentos. Las crónicas de Plinio recogen que estuvo habitada por el galaico pueblo de los Oestrymnios. Y otra leyenda afirma que todos, absolutamente todos, fueron muertos por las serpientes que aún pueblan la isla de Ansarón.

Aunque otros escritos reflejan, en realidad, una invasión de los celtas Saefes, que rendían culto a las serpientes, como se aprecia en el dibujo de algunos petroglifos.

—- Nin o temporal… Nin a serea…  Nin as serpes… Nin ó mar alporizado… Nos os mariñeiros de San Cibrao non temos medo a nada…

Seguramente Fran de Lieiro, mariñeiro con base en San Cibrao, iría rezando esa misma letanía cuando su barco zozobró entre la illa de Ansarón y la Sombriza… Puede que ahora navegue por el espacio llevando a bordo a mi amigo Isaac y ambos se rían de estas cosas que se cuentan hoy en la Galicia Única

Un Comentario

  1. A Maruxaina de fea non tiña nada, de bruxa moito e de engatusadora todo. A historia refírese a una tipa ben mala que andaba a foder os mariñeiros e a sacarlle os cuartos. ¡Existíu!

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