A MATANZA DO PORCO

Nacidos para morir

No sé quien me dijo que eso de matar el cerdo en casa, como se hizo toda la vida en todas las aldeas de Galicia, estaba ahora prohibido. Le pregunté a Balbino, que en esto de las prohibiciones es todo un especialista:

—- Sí, home; foi prohibido por Fraga cando era presidente e as multas son altísimas… Balbino le echa la culpa de todo; incluso te dice…

—- Franco gañóu a guerra porque o axudou Fraga, dígocho eu.

En los años sesenta era una cuestión familiar.

Total, que prohibido estará pero en las aldeas próximas todo el mundo mata el cocho, faena muy desagradable para la vista,  pese a lo tradicional que resulta ser. Porque a mí y a mí mujer eso de ver sangre nos marea. Y no te digo nada si nos ofrecen filloas

—- Probeas, concho. Endemais de sangue levan fariña e leite… ¡Son riquísimas!

—- Deixeo, Mercedes. E que ainda non hai moito que xantamos…

Filloas de sangre… ¡Hay a quien le gustan y mucho!

Como te decía, estará prohibido;  pero de aquí a mediados  de enero –que es cuando más aprieta el frío- serán miles los cerdos que asesinen a cuchillo en mi Galicia rural. Uno por cada casa. Algunos, por si acaso está prohibido, lo hacen a escondidas pero los chillidos del pobre animal se escuchan en Trevinca.

Es muy tradicional, eso sí.

No sé a qué etnógrafo se le ocurrió calificarlo como de interés general. Pero hombre, a mi me parece que no deja de ser una animalada…

—- Que non, estás equivocado. O porco non sufre nada. Porque primeiro dáselle coa pistola detrás da cachola e morre no momento. Despois é cando se lle mete o cóitelo para desangralo…

Pepe, que a sus ochenta y pico aún se encarga él de tal faena, dice que lo hace como un artista, que el cerdo no sufre nada y que en torno a la matanza hay muchos ritos que condensan la personalidad del País.

Me contó una historia de esas de reir para no llorar: resulta que como la del cerdo es la más parecida a nuestra constitución física –por eso hay lo que hay en la sociedad actual; es decir, mucho cerdo- si sufres una dolencia deberás tomar cocida la parte del cocho correspondiente.

A ver si me explico. Si andas mal del hígado tienes que tomarte el de un cerdo.

—- ¿Y si andas mas del pene?

—- Pois o mismo. O porco sempre te cura…

—- Pero, Pepe, ti eres serio… Que os carallos dos porcos parecen sacacorchos.

—- De verdad, ti proba. Agora, eso sí, ten que ser co cocho da casa.

—-  Y… ¿Está prohibido ou non matalo na casa?

—- Prohibido non está… Tes que traer o vitirinario que che dea o visto bó…

—- ¿?

—- E non facerlle daño o animal. Matalo sin que sufra.

—- O sea que mellor sería lévalo o matadeiro…

—- Saleche moito mais caro e corres o risco de que non che den o teu, que che den outro pior.

La sangre corre por todo el patio.

No, aunque hable con toda la aldea, no me convencen de que esto de la “Matanza do Porco” dejó de ser tradición hace tiempo para ser una salvajada del siglo XXI… vamos, como matar elefantes en Botsuana…

Pero no hay quien les convenza de ello y yo ya estoy preparado para ser testigo de alguno de estos crímenes.

Porque dicen que viene frío y la gente de las aldeas que me rodean se ponen en faena… siempre por el  San Martiño…

—– ¿Oye, será por esto por lo que has dejado de comer jamón o porque está carísimo?

—– Yo siempre fui medio vegetariano. Del cocido gallego me quedo siempre con los grelos…

Despues de desangrado, se le quema la dura piel y se le eliminan los pelos.

De todas formas me voy pensando si habrá alguien capaz de convencer a los míos de que lleven el cocho al matadero en vez de matarlo en casa, pero en plena crisis y con esta pandemia de por medio siempre te rebaten tus argumentos con que..

—— ¡Eh máis barato!  

Así queda el animal, listo para desguazar

Yo lo siento pero, en la matanza del año pasado, he visto poca etnografía y mucha salvajada. Y si no está prohibido matar animales así… debiera de estarlo, que para eso están los mataderos próximos con métodos que evitan el sufrimiento. Porque tal como va el asunto por mi Galicia rural, más bien parece un crimen… ¿O no?

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