ACTUALIDAD –SEMANA 373 – SÁBADO, 9/6/2018

Quizá el nuevo ministro de Ciencia se ponga uno de estos días en faena y nos dé una lección magistral sobre todo esto que está pasando con el clima, que en las últimas catorce horas he visto asomarse por aquí al sol, entre rayos y truenos, de los que originan esa lluvia que baja de las nubes en modo fervenza. Estamos a treinta y nueve de mayo y no hay sayo que llegue para no acatarrarnos peligrosamente.

Pero yo quería contarte otra cosa…

Aprovechando que Rajoy ya no está en la Moncloa, José Manuel Romay Beccaría deja la política y esto sí que es noticia porque llevaba en ella desde finales de los cincuenta y nunca se bajó de un coche oficial desde 1963, cuando Franco le nombró Secretario de Estado de Sanidad. Ahora mismo era el presidente del Consejo de Estado detentando el record de haber ejercido el cargo con más edad que ninguno de sus predecesores, es decir, con 84 años. Él, preocupado lo que se dice preocupado no está, porque tantos años cotizando como alto cargo a la S.S. le deja como premio una pensión máxima para completar sus ahorros que no serán pocos… además de esos dos años de sueldo y prebendas de indemnización por cese.

De todos los que se van con la vuelta del socialismo democrático a la Moncloa Romay es para mí el personaje más interesante; porque, aunque nunca fue líder absoluto sí fue el hombre con más poder relativo en el PP y en sus gobiernos, desde que Fraga fundara Alianza Popular. Su influencia fue tal que por Betanzos le llaman “el mentor” y debe de ser verdad que goza de tal privilegio a juzgar por la cantidad de gente que ha colocado en altos, medios y bajos puestos de las administraciones.

Fíjate sí será importante Romay Beccaría, sobre todo en la política gallega, que es el inventor de aquello del birrete y la boina

¿Qué no sabes de qué va? ¡Te lo explico!

Hubo un tiempo en que había dos bandos en el PPdeG, los mandamases del rural y los universitarios de ciudad. A los del rural –presidentes de diputación y alcaldes de señoriales villas- Romay les llamó “los de la boina” y a los jóvenes estudiosos que habían terminado con buen expediente académico sus carreras de derecho, los bautizó como “los del birrete”.

—- ¿Y sabéis quien era el líder de estos últimos?

—- ¡Mariano Rajoy!

—- ¡El mismo!

La primera batalla la ganaron los de la boina, encabezados por un joven sumamente hábil y dotado de especiales cualidades para el ejercicio de la política, Pepe Cuiña.  Fraga le nombró delfín y el PPdeG  le encumbró para suceder al ya anciano presidente de la Xunta, sin  tener en cuenta que don Manuel era como una veleta: se acostaba pensando en uno y al desayunar ya le cambiaba el futuro.

Pero, vía decreto Fraga, Mariano Rajoy accedió a la presidencia de la Diputación de Pontevedra puesto que ocupaba un cuiñista, Manuel Abeledo. El día de la dimisión de este último Fraga había desayunado con Romay. A partir de entonces, por San Caetano se comentaba mucho lo de la alargada sombra del político betanceiro…

Luego, un joven abogado Alberto Núñez Feijóo, cuya gestión en Correos había sido muy alabada, apareció en escena para suceder a Pepe Cuiña al frente de la Consellería de Ordenación del Territorio, a quien Fraga ya había cesado como secretario general del Partido en Galicia.

Ese día Cuiña, paseando por Lalín,  recordó que un buen amigo suyo le advirtiera varios años antes…

—- Entre el hijo del molinero de Prado y el del presidente de la Audiencia de Pontevedra… ¿A quién crees que va a elegir Fraga?

Desgraciadamente, Pepe Cuiña se salvó de un infarto pero falleció de una neumonía en el Hospital Clínico de Santiago cuando aún podía librar mas batallas. Desde ese día, sí que descansa en paz. Aunque hay mucha gente por aquí que le echamos de menos.

Por cierto. Un buen día Fraga, en su chalet de Perbes, le dijo a Rajoy…

—- Si quiere llegar a presidente de la Xunta primero aprenda a hablar gallego y luego cásese.

(Lo de casarse fue porque Fraga siempre consideró a Rajoy homosexual, sobre todo desde que le sorprendieron en el Congreso ojeando una revista gay). 

El caso es que Rajoy, al que don Manuel tenía debajo de un diente, se fue a Madrid, se arrimó a Aznar y comenzó su carrera meteórica. Yo supuse que llegaría a ministro –y así se lo dije en una entrevista en TVE- pero nunca me imaginé que llegase a presidente del gobierno. Porque nunca fue un buen número uno.

Rajoy ascendía en el escalafón del Partido Popular cuando Fraga abaneaba más cada día;  ya entrara en la década de sus ochenta. Recibía con frecuencia la visita de Romay y en aquellas conversaciones siempre estaba presente el nombre de Alberto Núñez Feijóo, que trajo nuevo estilo a la Xunta, tras ganar todas sus batallas electorales por mayoría absoluta.

Y ahora, ya sabes, es probable que Feijóo, en menos de un mes, presida en Madrid el primer partido político de España… por méritos propios y sin mentores.

Aunque hemos de reconocerle a Romay que sus recomendados –al menos para los cargos importantes- siempre dieron buen resultado. Feijóo fue uno de ellos y de eso presumirá siempre, en sus tertulias de La Zapateira. Además de defenderle cuando le ataquen, como hizo hace unos días en Santiago…

—–  Feijóo nunca hizo nada fuera de la Ley, nunca tuvo negocios con ese señor y está muy tranquilo porque no hizo nada que no pudiera hacer.

“Ese señor” era el de esa foto que presentan los medios de la izquierda como si fuera un tesoro informativo: Marcial Dorado, el contrabandista que sigue en prisión y del que el presidente de la Xunta dijo -hace años ya- desconocer sus actividades delictivas cuando subió a su barco para dar un paseo por la ría de Vigo.

El año pasado, Feijóo le impuso a Romay Beccaría la Medalla de Galicia… ¡Qué menos!

Las carambolas políticas, cuando se producen inesperados cambios de forma tan sorpresiva, siempre favorecen a unos y perjudican a otros. Me cuentan que estos días suena el teléfono de Gonzalo Caballero lo que nunca sonó, que hay más de doscientos aspirantes para los 46 cargos que la administración central mantiene en Galicia.

Estaría bien que Pedro Sánchez y su ministra del ramo estudiasen la forma de reducirlos a una cuarta parte porque la mayoría suenan a enchufes para pagar favores.

Por ejemplo, en el Puerto de Vigo cesa como presidenta Teresa Pedrosa y dicho puesto lo va a ocupar el parlamentario gallego Abel Losada que dimitirá como tal para que ocupe su escaño Gonzalo Caballero, el secretario general del PSdeG y pueda ejercer de jefe de la oposición hasta que se celebren las elecciones autonómicas.

     

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