Afiador

Tiene mucha chispa, que es decir tanto como mucho ingenio.

El primer emigrante que llegó a Buenos Aires era un afiador.

Es oficio de aventurero, errante y soñador. De gente dispuesta a recorrer mundo con todo su equipaje metido entre las bolsas de una rueda, compañera inseparable de camino y emigración.

El primer viajero ourensano que llegó a Buenos Aires, en el siglo XIX, era un afilador de Luintra, capital de Nogueira de Ramuín, tierra de afiladores como indica el monumento que hoy preside la plaza principal del municipio.

El afiador afila cuchillos, navajas y tijeras, pero también es paragüero y recompone cazuelas y toda suerte de utensilios del hogar.

Tiene idioma propio y mucha chispa, que es tanto como decir, mucho ingenio.

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