ALLARIZ

cabecerita tierra

RÍO ABAJO

      En Galicia, ya sabes, mil ríos remueven el paisaje amado, el que desciende de la montaña hasta el valle frondoso, creando a su paso otras mil playas-parque en sus riberas, mientras marcan los senderos del agua de la Tierra Única.

     Hoy te propongo que sigamos el curso del Arnoia, juntos, para disfrutar de A Cierrica mientras en mi recuerdo vuelve a sonar el piano de Lolita, la del Fuxón, acompañando a los pájaros cantores de esta primavera.

Nace el Arnoia en Ribardechao.

     Verás como el Arnoia bajó rápido las laderas del Monte Medo para aposentarse con gusto en el ideal remanso de Allariz. Es aquí, en la villa medieval, donde procrea su mejor espacio natural para que crezcan en libertad los árboles de la Alameda del Arnado, esos de impredecibles raíces centenarias.

      Aquí es donde el tiempo pinta veranos de calor… mientras “llueve en Santiago, mi dulce amor”. La humana sensibilidad mima su belleza para que resulte ser el lugar elegido… Un parque hermoso, fulgurante, de verde hierba bañada por agua plata.

Río Arnoia en A Cierrica, Allariz,  con su flamante puente medieval al fondo...

         —– ¿Y Allariz, esta zona del Arnoia, siempre fue así de bella?

          —– La mano del hombre fue quien embelleció las márgenes de este río nuestro, porque las ha hecho renacer desde la desidia y el abandono más absoluto…

         Antonio Mascareñas fue médico de la villa. Se casó con mi prima Marisú. Con ellos, cuando era un quinceañero, pasaba en Allariz al menos la quincena coincidente con las Fiestas de Santa Benito.

         Marisú y Antonio vivían en una casita pequeña, de esas que tienen fachada a la Alameda del Arnado. Luego se hicieron, como yo, compostelanos, pero su piso también miraba a la Alameda

         Jamás olvidaré aquellos años de adolescente en los que aprendí muchas cosas, pero sobre todo a amar a estas tierras de la Ziralla donde conservo algunos de mis mejores amigos.

VILLA MEDIEVAL

Allariz, la villa medieval.

       Allariz es una de las villas mas agraciadas de Galicia. Por su configuración medieval, por la piedra en la que se envuelve y por la belleza de su entorno.

      La historia de su transformación es la historia de un pueblo con iniciativa y que ha sabido conservar naturaleza y tradiciones en toda su integridad. De tal forma, que ha merecido premios internacionales como el Europa Nostra y sirve de ejemplo extraordinario de cómo se debe actuar en cuanto a la planificación urbanística,  cuando está en juego un rico patrimonio etnográfico, cultural y natural.

      Así lo querrían hoy los ancestros de la villa, galaicos y romanos; y también los suevos fundadores y  el Rey Alarico, que instaló aquí su corte.

      Allariz es sinónimo de calidad de vida, que es lo que ha hecho aumentar su población, dada la cercanía de Ourense.

      Turística y acogedora, es una villa atractiva, monumental y con una buena oferta hotelera y gastronómica.

Parque Arnoia en Allariz.

       Una vez le pregunté a mi amiga María Elena, empresaria e intelectual, si los vecinos de toda la vida compartían esta transformación…

       —– Hombre, los vecinos claro que nos sentimos orgullosos de esta nueva villa, estéticamente coqueta y con una recuperación tan bien hecha que ya sabes que le concedieron importantes premios, incluso de ámbito europeo.

       —–  A partir del Premio Europa Nostra despega como villa turística…

       —– Quizá sí, porque fue a partir de ahí cuando adquirió fama internacional.

       —–   Y hoy cuenta con un hotel de cuatro estrellas y varias casas de turismo rural magníficas, como por ejemplo Torre Lombarda, una antigua fábrica de curtido…

       —–   Sí y restaurantes que han cambiado la forma de pensar… y sobre todo de comer.

       María Elena fue de las pioneras en apuntarse a la transformación, con un imaginativo restaurante, “Acea da Má”, a la orilla del Arnoia y sobre un molino. Su plato, exquisito, en este entorno, no podía ser otro que “pato a la naranja”. Te invito a comer allí…

Un restaurante sobre un molino...

     Aunque, seguro,  nadie mejor que los ausentes para admirar la villa nueva que creció del río mirándose, coqueta,  en su espejo.

     Hoy todo parece propicio cuando retrocedemos al tiempo pasado. Porque desde la atalaya, ante nuestros ojos, aparece la evidencia de la prosperidad perseguida.

     Los signos de la vida feliz se notan en las viejas calles empedradas que aún conservan el encanto de lo antiguo, de lo histórico.

     Allariz  ha sabido recomponer su paisaje de piedra y agua. Y tiene alma.

     La piedra es la materia vivificada en el arte monumental. Y el agua es quien entona el canto a la vida nueva, desde el lecho del río.

     Por eso ya no nace en las villas gente con vocación emigrante. Porque ha renacido con encanto.

     Y así revive su mejor paisaje… el que está a orillas del Arnoia.

El Arnoia en Allariz es también un Parque Etnográfico.

      No hace mucho que estuve en el Parque Etnográfico de Allariz, que merece la pena visitar con calma, al igual que su original Museo del Juguete.

      No recuerdo el nombre de la persona que me atendió en el Museo Etnográfico, creo que se llamaba Elena, pero quiero destacar su conocimiento y amabilidad, lo que indica que aquí no ocurre como en otros ayuntamientos donde ponen en marcha iniciativas que luego nadie puede conocer porque están desatendidas.

      En la etnografía de Allariz destaca todo lo relacionado con las antiguas fábricas de curtidos… base de la economía de la villa en tiempos muy antiguos.

VILLA FLUVIAL

?? (River in Akita Prefecture, Japan)

      Si sientes curiosidad, sigue el Arnoia desde su nacimiento en Rebordechao, al pie de la sierra de San Mamede, desde donde baja  para bañar las tierras de Molgas y las de Ambía, antes de penetrar en la Ziralla bajo el más hermoso puente medieval que pudiéramos imaginar.

         Ocupa aquí el espacio de A Cierrica,  natural  y bien preservado; y baja por en medio de frondosas riberas, donde crecen los típicos alisos de los que se obtiene la madera para la gaita.

A Cierrica

          La Cierrica es playa fluvial en verano, aunque frente al río hay también piscinas municipales. Y entre la playa y la cascada, se puede dar un agradable paseo en barca y conocer otra perspectiva del río.

           Salta el Arnoia la cascada y da de beber a cisnes y patos, para perderse río abajo en busca de molinos; algunos, incluso recuperados para el turismo rural.

Cines en el río.

           Y en el Parque fluvial, como te decía,  reviven las tradiciones: el Museo Etnogtráfico nos recuerda el costumbrismo y los trabajos de otra época, en la que Allariz era la villa del cuero.

         En el año 2005, Allariz fue declarada la segunda Reserva de la Biosfera de Galicia, por su labor en la recuperación ya no solo de los entornos naturales del río Arnoia, sino de los recursos económicos que en torno a esta área resultaban básicos en el pasado. Entre otros, la puesta en valor para fines turísticos de la etnografía más propia de la zona, basada en los antiguos talleres de curtidos de pieles.

Antigua fabrica recuperada en Allariz.

           Gloria y yo estamos enamorados de este Allariz del siglo XXI al igual que la mayoría de los gallegos. Es un rincón de paz donde la naturaleza te habla y tú le respondes. La belleza de la villa y el entorno del río atraen a mucha gente, incluso turismo exterior…

           —– Todo esto me parece fantástico, no he visto un pueblo tan bonito en mi vida…

           Me lo dijo un francés de la Bretaña, que es lo más bello de Francia.  

El Parque Ibarrola también orilla el río.

            Río abajo, tras Allariz, se percibe la deliciosa atmósfera húmeda que el Arnoia aporta a todo el territorio alaricano.

            Pero quiere seguir su curso, de molino en molino, para fertilizar la provincia ourensana, después de recibir  el agua de mil torrentes a su paso.

            Al abandonar Allariz, el Arnoia se pierde en el bosque mágico de sus ribeiras, en el que crecen los alisos, el árbol consustancial con este magnífico paisaje de río.

            Atraviesa las tierras de Celanova y, finalmente, da su nombre a la villa termal de Arnoia, antes de encontrar el Miño, su destino.

            En el trayecto último, el Arnoia quiere descansar y por eso crea una isla encantada, que es el refugio natural protegido de cada verano.

            El encuentro de Arnoia y Miño vuelve a producir espejos que reflejan la singular belleza de un paisaje diferente.

Camino de Arnoia el río va descubriendo molinos.

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