ANTÓN FRAGUAS

 “Ser galeguista é ser amante da nosa terra”

Allá por los sesenta le conocí en su tierra, en Cotobade. Aquel día me di cuenta del gran amor que este hombre profesaba a Galicia. Para mí, Antón Fraguas era uno de los intelectuales más admirables nacidos en este país, del que poseía un gran conocimiento.

— Vénse poucos carros destes porque xa sabes que non quedan bois. Agora só crecen as vacas porque os xatos mátanos para carne.

Es curioso. Aquel “carro de bois” fue el último que vi en mi vida salvo alguno de esos que lucen como reliquias los museos etnográficos y en algún jardín particular.

Un día me lo encontré en A Illa mirando desde el camino de Punta Carreirón como navegaba a vela una dorna. Y me dio toda una conferencia sobre esta embarcación típica de la ría de Arousa:

—  ¿Sabías que os mariñeiros dinlle “calmas podres” cando non hai vento? A dorna, as que teñen vela de relinga, levan dous tripulantes porque non é nada doado navegar con esta embarcación…

—   Pois eu pensei que era das xeitosas…

 —   Hai que ser un experto navegante para levar a vela unha dorna.

Paseando por la alameda de Compostela me descubrió que los dos leones que vigilan los árboles bicentenarios fueron realizados por Méndez Núñez a finales del siglo XIX. Otro día en Platerías, me enseñó una concha de vieira de piedra, que está debajo de las escaleras que dan acceso a la catedral y a la Quintana; muy pocos santiagueses conocen esta venera. Y también hizo que me fijara en un detalle de la capilla de las Ánimas: que la escena que figura sobre la puerta está hecha en terracota, nada usual aquí por su baja resistencia a la humedad…

Pero el día que me dejó verdaderamente impresionado fue cuando me contó el porqué las brujas volaban sobre una escoba.

—  Voaban porque as escobas tiñan o mango feito de unha especie pouco coñecida de texo. O montar nelas, como si se tratase dun cabalo, sentían un gran placer no roce das suas partes xenitales,  xa que ise tipo de planta posuía certa sustancia de tipo alucínoxeno… ¡Por iso voaban!

Aquella teoría me dejó pensando en que quizá yo había conocido a más brujas de las que pensaba a lo largo de mi juventud.

Anécdotas al margen, junto a Otero Pedrayo y Florentino Cuevillas, considero a Antón Fraguas el artífice de aquel Seminario de Estudos Galegos que tanto aportó a nuestra cultura y que fue el germen del actual Museo do Pobo Galego,  el mismo museo que dirigió durante muchos años.

Fraguas era sin duda uno de los más completos etnógrafos de aquella Xeración Nós, donde acostumbramos a encuadrar a los grandes maestros como él.

Pero los que le conocimos sabemos que, al margen de su actividad cultural, ejercía políticamente el galleguismo activo. Lo vivió en su casa desde niño. Era hijo del responsable del Partido Galeguista en Cotobade; de aquella formación que fundaran, entre otros, Castelao y Bóveda.

Pero he de citar aquí una frase muy suya con la que contestaba a quienes le preguntaban por su posible militancia política:

— Ser galeguista non é mais que ser amante da nosa terra. 

Antón Fraguas dedicó su vida al estudio y defensa de Galicia; por eso su legado es impagable y poco resumible en unas líneas escritas desde la admiración y el afecto. 

En realidad era como su museo: una mezcla de cultura material y espiritual del país. Por eso os recomiendo su lectura.

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