ASÍ ANDAMOS TODOS CIEGOS Y MUDOS

Me gustaría ser menor para ayudaros a salir del atolladero donde os han metido, queridos colegas y sin embargo amigos. El caso es que yo ya no estoy para emprendimientos, ni siquiera para reivindicaciones, que ya quisiera subirle los colores a los que han causado este desastre de sociedad que no repunta y a la que nadie ve futuro, ni siquiera mi amigo Iñaqui Gabilondo que se dedica ahora a dar lecciones magistrales de alta política, ya que los políticos no están para darnos nada.

Pero a mí, mi gente, ya no me queda ni la esperanza de llegar a ver como recuperáis las libertades usurpadas por esos dos personajes siniestros del periodismo actual, cuyas aspiraciones pasan por encima de la verdad y de la vocación: los editores y los productores, quienes, con el poder que les ha conferido el dinero de la subvención oficial, han vejado esta profesión hasta extremos inauditos… Se han vendido por unas monedas y comen las sobras en la mano de quienes detentan el poder. 

—- Oye… ¿Y a que viene esto hoy?

Ayer he subido a la ciudad universal para pasear las viejas calles y no era la lluvia lo que las mojaba, sino las lágrimas del alma de los viejos compañeros, unos en paro, otros con la misma chupa que vestían hace una década y otros cuantos con cara de funcionarios de tercera de la Xunta.

Los sumisos productores y avaros editores han destruido aquel periodismo que presumía de libertad de expresión y ya son demasiadas las informaciones que no se cuentan y se quedan en un despacho, escondidas entre un montón de carpetas censuradas. Más claro: actualmente, el periodista que quiera malvivir de su profesión ha de esconder las vergüenzas de los intocables y si estos se lo piden tendrá que ponerse su uniforme y hacer de abogado defensor en las tertulias, televisadas, radiadas o de café.

Esto, desde aquel día en que Zapatero nos hizo creer que toda la sociedad tenía la culpa de la burbuja inmobiliaria y sobre todo desde que Rajoy llegó a la presidencia para regalarles sesenta mil millones de dinero público a los bancos y a todos los demás bajarnos el salario a la mitad con su reforma laboral.

Cada uno defiende a los suyos, por eso a mí me preocupan los periodistas y los trabajadores del audiovisual, pero el poder tiende sus tentáculos a toda la sociedad. Y así andamos todos ciegos y mudos.

Ni siquiera nos interesan las mentiras que cuentan las estadísticas.

He escuchado decir en la Radio Galega a un alto funcionario de Facenda:

—- Xa se consolidou a tendencia á alza das retribucións que perciben os traballadores galegos. O pasado ano foi o terceiro consecutivo no que se rexistrou un incremento dos salarios, que no caso de Galicia supuxo unha suba do 1,92 % no salario medio anual, un crecemento maior que no conxunto de España, onde foi do 1,78 %.

Espero que a esos indecentes y a sus secuaces se les atragante el turrón que otros ni siquiera podrán ver en su mesa. También espero que algún día se hagan realidad aquellos versos de Nicolás Guillén:

“Cuando llegues, donde quiera que estés, será una pena que no exista Dios… Pero habrá otros dignos de recibirte”.

(3) Comentarios

  1. Tés moita razón, así andamos por iste mundo, caladiños, sen escoitar nada, ceguiños de todo… e namentras os caciques seguen sendo deputados, concelleiros, directores da Xunta… o que lles peta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *