ATRAPADOS EN EL VOTO HOOLIGAN

Por José Carlos Romero Pérez 

 “Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros.

A menudo se escucha lo de que cada país tiene los gobernantes que se merece, y yo añadiría, sin temor a equivocarme,  y que se nos parecen en su proceder, pues por inferencia estadística son una proyección de nosotros mismos. Bueno, para que nos entendamos, nuestros políticos y, por ende el gobierno resultante de cada elección, son un reflejo de lo que somos.

 Según lo que acabo de contaros, pues  parece que no es un sofisma y no hay  truco en lo argumentado, tenemos los representantes políticos que queremos, que son los hemos elegido, y por lo tanto deberíamos también estar todos contentos y felices, y aquí paz y después gloria. Pero si salgo a la calle, la algarabía me aturde, pues parce que  hay que algo va mal;  todo el mundo votó libremente y ese voto debería traducirse en decisiones que  nos satisfagan a la mayoría, pero esto no es así.

El descontento es descomunal, el cabreo cada vez va a más, como si de repente hubiésemos caído en un remolino del que no sabemos salir, como si una gran araña nos hubiese tejido una enorme red que nos va envolviendo más y más.

Hay algo que se nos escapa, pues en principio el juego electoral fue limpio  y la mayoría suele tener la razón.

—- ¿No será qué hemos tomado cada elección como un juego electoral, cuando esto no es un juego, que es algo muy serio, y que el votar es como firmar un contrato que lo deberíamos  haber leído antes de tomar tan trascendental decisión, y que nosotros los electores muchas veces actuamos como hinchas de  un  club al que seguimos aunque pierda?

A veces pienso que no somos más que eso, es decir, hinchas. Rozamos la estulticia y, lo que es peor, a menudo  nos portamos como hooligans a los que no se les puede hacer entrar en razón. El grito de guerra del hooligan votante podría ser perfectamente:

—–  ¡Pero, sí son todos iguales!

No, señor hooligan votante, el voto es algo muy serio, y de él depende la educación, la sanidad, la obra pública, la atención a los dependientes, la pensión de jubilación, etc. No podemos escondernos detrás de que todos los políticos son iguales para no cambiar el voto, pues depende de quién elijamos la forma de priorizar la satisfacción de las necesidades de cada ciudadano votante. Para eso hay que votar con la cabeza y no con el hígado, hay que dejar nuestras pasiones para el fútbol, con perdón del fútbol,  pues necesitamos divertirnos y es muy bueno para la salud mental.

España es un país mediterráneo y pasional, pero esto no es óbice  para que pase lo que pasa,  y creo que muchos necesitamos que nos lleven a un centro de desintoxicación de hooligans del voto, y después nos den un carnet de votante rehabilitado.  Saldrán gobiernos que no nos gusten, pues es imposible contentar a todo el mundo, pero al menos haremos catarsis y no sentiremos que nos están robando la cartera.

El programa de  desintoxicación consistiría en: leer  un poquito,  aprender a escuchar con oídos críticos  las distintas opiniones para después tamizar con la razón,  tener mucho cuidado con los populistas que nos acarician el oído,  no dejarnos amedrentar con lo de vótenme a mí que viene el lobo, etc.,  y por último  echar un buen vistazo a  el contrato que vamos a firmar con el  voto.

Y si no han cumplido con lo prometido, hay que rescindir el contrato que firmamos con el  voto en la próxima elección y exigir responsabilidades  si precede, pues lo de que viene el lobo ya no cuela.

Lo de que viene el lobo es toda una apología del cinismo, total y absoluta, lo dicen mientras comen las ovejas en nuestras mismísimas narices. Y no hablemos del y tú más.

Todos los días miramos a los cuatro puntos cardinales y no podemos acostumbrarnos tantos despropósitos ni a la desfachatez con que lo niegan todo. No sólo esto que estamos viendo es  el mal ejemplo para la sociedad, también produce tremenda desazón en los que  creemos que se debe premiar la excelencia y la cultura del esfuerzo.

Muchas veces no sólo se comen las ovejas, algunos  después presumen de tener el master  del buen pastor.  

En mi vida de estudiante me encontré a gente que copiaba en los exámenes a lo que no dábamos demasiada importancia; un profesor que tuve, al que recuerdo con cariño, decía: “cuidado con los que copian, estos te los van a encontrar en la vida laboral como trepas sin escrúpulos, y algunos los tendréis de jefes”. ¿Qué podemos decir de los que consiguieron  títulos sin  examinarse, sin pasar por clase, etc., etc.?, al  menos se esforzaran en copiar,   pues copiando siempre queda algo.

Hay que dejar lo de hincha para otras cosas, y a los de hooligans mandarlos a un  programa de desintoxicación, pues nos hacen mucho daño a los que queremos ver juego limpio, tranquilos sentados en la grada esperando a que gane el mejor.

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