AÚN NOS QUEDA SEPTIEMBRE

Aquí estamos de vuelta tras un estío de locura climatológica. En los días malos de estas vacaciones siempre cortas, yo les decía a mis nietos…

—- Ya llegará septiembre, tranquilos.

Y ellos contestaban…

—- Pero si este verano ya fue un otoño, abuelo.

Julio y agosto nos dejaron perplejos por el efecto tobogán del tiempo incierto, pero tu bien sabes que en la Tierra Única la estética veraniega se prolonga hasta  que se agota septiembre, que es mes aún seco en la montaña y de cálida atmósfera marina en la costa.

Y aquí está, ya llegó septiembre para que el clima nos acompañe y nos permita gozar de más días de placer.

Fíjate bien como al paisaje atlántico le devuelven hoy las olas su paz de playa y en la ruta cantábrica predomina la música del mar, cuando la escultura pétrea emerge del acantilado entre la espuma blanca.

Además, las venas fluviales riegan con más calma los valles para procrear verdes paraísos ocultos a donde huir desde el bullicio urbano, que la aldea pequeña comparte con nosotros el relato de cada casa y en la ribera de la ría próxima se habla otra vez de fiesta.

Además, en el valle del vino ya es tiempo de vendimia y en la villa marinera la joven estrella de la cocina innova con el producto gallego de calidad para que nos demos el gustazo.

En septiembre, mis amigos,  aún quedan días de verano para disfrutar del espacio natural, ese donde se acaba el cansancio del eterno ir y venir por el mundo, como en los viejos tiempos.

Déjame que te cuente.

Hay mil vírgenes, gallegas y milagreiras, que nos curan en septiembre. Y casi todas tienen capilla junto al mar. Así un día de romería puede convertirse en un día de playa. Porque por estas fechas, en Galicia, aún nos quedan días de verano y de fiesta.

Sin embargo, en la Galicia tradicional, mágica y legendaria, no se sabe muy bien donde comienza la fe y donde se oculta el pecado.

A Nosa Señora cura meigallos en A Lanzada. A Virxe Moreniña salva náufragos en el mar de Rianxo. A Virxe dos Milagros cura todos nuestros males en Amil. El Nazareno de O Caramiñal cauteriza las heridas. Y A Virxe da Franqueira hasta nos hace bailar de alegría.

Hay horas meigas y horas para curar el meigallo. La madrugada en Rianxo y el amanecer en A Lanzada. Y mediosdías y mediastardes en procesión, alrededor de la capilla medieval, que es románica.

Son ritos poco comprensibles para los modernos del país, pero de gran interés aún para los amantes de lo exotérico y también para los creyentes.

Luego están el océano y las rías, la arena aún caliente, el yodo, los surfistas, los bañistas, el topless, las olas, los barcos, el nordés…

¡Es una gozada! Porque este sí es el mar de la tranquilidad, que la playa luce por primera vez su calma desde el bullicio de agosto: el agua verde que se torna azul más allá de la cresta de la ola, la luz intensa que hace brillar el horizonte, el cielo limpio sin nubes de tormenta…

Y al final, ahí está Sol escondiéndose tras la Luna mientras en el puerto se preparan los barcos para partir en busca del refugio de la nécora.

Así es el milagro del verano gallego, cada septiembre, frente al mar… en cualquier playa protegida por una Virgen, con el fondo de islas que a su vez preservan las sublimes bahías de la poderosa fuerza atlántica. No te prives y disfruta si es que puedes.

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