Bosques

La fraga, el souto, la carballeira…

La fraga

Penetremos en el interior del bosque cuando se pone el traje multicolor, otoñal,  por encima de un verdoso tapiz de maravillosas degradaciones, en ese momento en el que la luz obtiene del entorno irrepetibles colores.

Amanece con bruma mansa que empapa la tierra.

A través de ella penetra un sol tímido que matiza las perspectivas.

Clarea mas allá del mediodía entre conversaciones de pájaros.

A veces, por la tarde, el verde se torna plomizo-gris de lluvia y crecen en él árboles de extrañas formas abrazados por líquenes misteriosos, y a su lado, helechos de ascendencia milenaria.

Este bosque es la fraga, bella y misteriosa, y propia de la Galicia mas interior.

Hay en el País otros bosques de ladera, crecidos entre prados y cultivos, que llamamos soutos. Crece en ellos el castaño que da el mas popular fruto del otoño, la castaña.

El carballo de las leyendas crece salvaje, a su aire.

El souto es primohermano de la carballeira que está próxima a los lugares humanizados, el pulmón de la villa en donde se celebra la feria y la fiesta.  Y hay carballeiras hermosas que nacieron para la romería en el entorno alto de las románicas capillas.

Dicen que estos bosques  llegaron a cubrir todo el país, cuando el territorio era solo de los galaicos.

Bosque de ribeira


Seguro que en aquella época, eran también extensos los bosques de ribera, crecidos junto a los ríos, con madera de abedul.

Aunque los abedules o bidueiros también buscan la belleza de la sierra, en medio del paisaje que crece hacia el cielo por los picos de San Mamede, como el Bidueiral de Montederramo, espacio protegido europeo.

En estos bosques revive la leyenda

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