Caballero

Repartía flores entre las mulatas y vestía como un parisino

Puede que su alma vague aún por La Habana vieja, bailando el son al que puso verso, aunque ya no reparta flores entre las bellas mulatas…

Dicen que fue una de ellas la culpable de su romántica renuncia a los orígenes y que por su piel soñó ser mosquetero con D’Artañán. Le llamaban por su porte “El Caballero de París”, pero nunca conoció Francia.

Solo La Habana y A Fonsagrada, que fue en Vilaseca, donde  nació José María López Lledín.  Y allí vivió hasta aquel 11 de Abril del 1.905, cuando –quince años cumplidos-  su padre le envió a “Cubita, la guapa”, que conquistó con su esfuerzo y hombría de bien.

“El Caballero de París” sigue sonando a ritmo de son y su eco inunda el malecón de La Habana, cuando es diciembre y la nieve cubre las montañas de A Fonsagrada.

Es posible que aún queden muchos “Caballeros de París” que nunca conocieron Francia, sino América y  esta esquina atlántica gallega de atardeceres bellos, como aquel atardecer en La Habana, cuando José María López Lledín subió a los cielos caribeños…

Le quedó pendiente una revolución…

La Revolución tiene museo en La Habana. La mulata lo tendrá algún día.

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