CANGAS DE MORRAZO

EL EMBRUJO DEL MAR

    Van y vienen las olas a los arenales de Cangas testigos del embrujo de aquella meiga, María Soliña, cuyos ojos brillaban más que la luna sobre el agua.

    Este que veis es un mar mágico de leyendas y tesoros, cantado por los poetas medievales, por los románticos del siglo XIX y también por los contemporáneos.

    Y el hogar de la gente con piel de salitre, protagonista de la eterna aventura sobre el agua, en las duras horas de la luz nocturna. Mariñeiros que siempre lo miran y casi siempre están sobre él; porque solo en este mar encuentran la vida.

    Cuando navegas por la Bahía generosa escuchas como envía su canto a las playas meigas de Limens, de Nerga, de Barra o de Menduiña

     Esta es la paz de sal elemental que encontramos cuando admiramos un paisaje  iluminado por la luz cambiante de cuatro estaciones en un solo día…

     Emergen islas y crecen  puertos en sus riberas. Y nacen a flor de agua las bateas de la modernidad…

     También es esta Bahía un gran espacio de ocio para que los viajeros del mar sientan el placer de navegar… mientras pasan nubes rojas de atardeceres interminables.

     Cangas posee el embrujo de su mar… y yo he tenido la suerte de disfrutarlo recién llegado al Mundo, porque en la Playa de Rodeira se recuperó mi madre, en el verano del 1943,  de un parto que en aquellos tiempos siempre resultaba difícil.

 

      Luego, de mocito, conocí a Julio Iglesias cuando aún no cantaba y quería ser futbolista; tuve mis primeros escarceos con una chica mona de cuyo nombre no me acuerdo por si acaso; recibí lecciones magistrales del gran José María Castroviejo y me hice amigo de un gran marinero al que todos llamaban Churruca. Solo por eso y por los arrumacos de mis padres ya merecía la pena veranear en Cangas.

      Pero los motivos para venir y conocer esta península que llaman del Morrazo, son para ti otros muchos.  

          Tiene por capital a Cangas, te contaba, y  es tierra antigua y generosa, habitada todo el año por la más hospitalaria gente, que siempre nos abre la puerta para mostrarnos toda la belleza común de esta margen de la Ría de Vigo.

         Para Bernardino Graña, su poeta y cantor, este mar está lleno de mar. Y la magia de sus veranos es también mar. Azul, verde, de hierro, igual, distinto… Porque todo es paisaje marinero, incluso desde la propia villa, uno de los centros de veraneo más importantes del sur de Galicia.

     Si nos subimos a los miradores que rodean el centro urbano, ya sean el San Roquiño o Coiro, todo es paisaje marino. Tranquilo paisaje de ría,  de olas sobre una docena de  playas…  Pero si buscamos los orígenes en o Monte do Facho, la perspectiva es oceánica, atlántica, mucho más intensa… 

        Ahí, en el Monte do Facho está el principio: las excavaciones dejaron al descubierto 161 altares dedicados a un todopoderoso dios llamado Berobreo, al que adoraban los Helleni, los galaicos que primero poblaron el territorio.

       En realidad O Facho fue el gran santuario galaico-romano de los siglos II al IV,  cuando era el gran centro de peregrinación de la Gallaecia.       

       Cangas, surge como villa marinera en el año 1545 después de que la Revolución Irmandiña destruyese el Castillo de Darbo.

       En esta época se construyó la iglesia Colegiata, el principal monumento de la urbe, con bóvedas góticas, fachada renacentista y retablos y tallas barrocas.

        A Cangas se llega por mar desde Vigo o por pintorescas carreteras desde Rande y desde Marín.

       Desde tierra o desde el mar o desde el aire, bien se aprecia su configuración marinera, con una arquitectura pintoresca que asombra una vez que pisas sus calles.

       La Casa del Patín, la Casa do Sobrado y la Casa Terreña son bellas muestras de un tipismo singular que se descubre paseando las plazas de O Costal o la de Síngulis.

       La calle Real y la Alameda son, por decirlo de alguna manera, los dos ejes de la vida urbana. La calle Real nos conduce a la Colegiata y la Alameda es el lugar más paseado y concurrido, con dos interesantes esculturas de Asorey y de Xoan Piñeiro.

      A pocos metros de la Alameda, si te fijas, descubres algo curioso: el Reloxo, antiguo aparato de predicción meteorológica que consultaban los marineros antes de hacerse a la mar. Hoy tienen siempre a mano la web de “Meteogalicia”.

       El barrio del Puerto se extiende ya hasta la antigua Factoría de los Massó mientras la villa se estira mas allá de Rodeira, barrio crecido en torno a su playa magnífica, completada por paseos y jardines que miran de cerca a Vigo y a ese mar que, por muchas veces que lo mires, sigue teniendo magia y de ella emana la leyenda.

      Aún se cuenta por aquí el sufrimiento de la villa cuando piratas argelinos la destruyeron tras su desembarco en Darbo… Y como el Santo Cristo de la Iglesia Colegiata, milagrosamente, se salvó a sí mismo de las llamas tras un pavoroso incendio… O como ardía el cuerpo de la meiga María Soliña en el fuego “purificador de la Inquisición” iluminando la noche sobre el arenal de Rodeira…

     Las actuales noches de Cangas las iluminan esas luciérnagas marinas que son las luces de la villa posándose sobre el legendario mar… y las linternas de los barcos que ya navegan en busca de la vida…

     Esta magia surge del mar; el mismo mar que, cuando llega el verano, golpea la desnudez de los cuerpos en Barra… Sonríe al niño que juega en la arena de Rodeira… Y saluda la alegría de los jóvenes  que pasean la arena mojada de Menduiña…

         No es de extrañar que Cangas apueste firmemente por el turismo como industria principal. En la primera década de este siglo XXI fue el turismo lo que más influyó en su desarrollo urbanístico, aunque también pudiéramos decir que Cangas fue una elección alternativa de los vigueses para vivir.

       Pero la capital del Morrazo triplica su población en verano, ofrece casi dos mil plazas hoteleras y unos mil apartamentos turísticos.

      El aumento de población –el municipio ronda los 25 mil habitantes- consolidó un moderno sector comercial y aunque no es un territorio industrial sí destacan algunas empresas relacionadas con el mar.  

      El sabor a mar, sin embargo, se lo proporciona, una importante flota de bajura y los barcos del congelado, además de novedosos cultivos marinos.

      Pero hemos de volar sobre la costa para comprender mejor su importancia…

      Porque volar siempre fue mi gran afición y el paisaje elegido cada vez que salíamos del Aeropuerto de Peinador era la más bella de las Rías Baixas, desde la Illa de San Simón, hasta las Cíes, volviendo por la Costa de la Vela y los arenales de Cangas…

       Es un gran placer volar o navegar procurando los paisajes favoritos del capitán Nemo; paraísos costeros con el embrujo de la luz cambiante. Acantilados y playas para quienes huirán el próximo verano del viento del norte y se arrullarán en la arena para tostarse al sol cálido, apacible. Incluso luciendo su blanca desnudez.

           Darbo, Hío, Barra, Aldán… Son pequeños núcleos que nos invitarán a descender de los cielos para disfrutar de la tierra…

           A un lado las Cíes y al otro, Area Milla. Por el aire o por mar la belleza de esta costa conmueve. Por tierra estaremos en Darbo, poco más allá de la vieja factoría conservera de Massó y cerca de Limens, el primer paraíso terrenal que aún conserva intacto su sistema dunar.

         Aquí hay que tomar el coche para no perdernos la joya monumental de Hío, el cruceiro más famoso de Galicia…

        Es todo un símbolo y ahí está, consustancial con la iglesia y en el entorno más visitado de esta parroquia.  Un monumento nacional que es en definitiva un conjunto escultórico de enorme valor artístico, obra de Ignacio Cerviño Quinteiro al que algunos confunden, curiosamente, con José Cerviño, conocido aquí como Pepe da Pena.

        Como contábamos, el cruceiro es la gran obra de la cantería artística de Galicia y data del año 1872.

 

         Pero volvamos nuestros pasos hasta el mar para, desde Hío, llegar a Nerga, que es la playa favorita del viguismo más fiel al territorio del Morrazo. De arena blanca, muy cálida y protegida de los vientos del norte es la playa familiar de la zona.

        Al otro lado está la de Barra que admiramos volando… Es playa nudista y tiene el privilegio de marcar la ruta costera que te lleva hasta uno de los lugares más hermosos del país…

         Cabo de Home separa las rías de Vigo y Pontevedra poniendo como límite sus rocas de aguja. Emerge de la playa de los desnudos por el mar de los poetas y desde una pequeña pero fulgurante bahía donde se refugia la belleza.

        Es el punto clave de la peligrosa Costa da Vela. Nació para ser faro pero pronto se convirtió en mirador excepcional del espacio atlántico que posee las más curiosas formas litorales.

        Cabo de Home es el faro guardián de la Costa da Vela. Así se conoce en términos marineros porque “hay que darla toda” si se navega próximos a los acantilados de la Illa Osa, que, a veces, se oculta cruel bajo la espuma blanca, para provocar heridas de espanto en los corazones marineros…

        Este lugar es impresionante, pero aún hemos de volar doblando Punta Couso para que aparezca ante nosotros la Ría de Aldán y la segunda villa marinera de este municipio de Cangas.

       Porque si la bahía enamora, desde tierra sorprende y mucho el casco urbano de Aldán.

       Te contaré que esta es zona de pazos y grandes residencias desde el siglo XVIII, lo que bien dice de la bonanza del lugar,  que tiene un rico pasado medieval.

        El viajero puede perderse una visita a los pazos de Aldao y Vista Alegre o un agradable paseo por la senda fluvial de la Finca do Conde… porque es el burgo marinero lo que más llama la atención.

         Desciende hacia el mar desde la ladera y el neoclásico templo parroquial, en medio de hórreos centenarios, hasta el puerto pesquero, lleno de tipismo y colorido.

         De aquí parte un paseo marítimo que nos invita a admirar la ría, la más pequeña de todas las rías gallegas…

         Y en ella, sus playas que comienzan en Menduiña y terminan en otro lugar fulgurante, Punta Udra, que ya da paso al mar de Pontevedra y al municipio de Bueu.

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