Celanova, nacida de piedra.

San  Rosendo fundó aquí uno de los monasterios más influyentes de Galicia y en este municipio nacieron poetas que fueron bandera del orgullo patrio, como Curros Enríquez, Celso Emilio Ferreiro o Méndez Ferrín.

Celanova es una villa para perderse entre las piedras de sus monumentos, mirarse en el espejo de sus ríos imitando a su más peculiar personaje del pasado o conversar con la gente que ha vuelto de aquel éxodo…

El singular y popular personaje fue Paco Roque y descendía de una de las familias de mayor abolengo de la provincia de Ourense. Cuentan por aquí que era un pozo de sabiduría y al mismo tiempo un gran narciso, que se miraba al espejo constantemente para disfrutar de su belleza… Terminó siendo juez municipal durante largos años.

El río es el Arnoia,  que nos emociona porque dicen que a él iban a parar todas las lágrimas vertidas por las ausencias de los muchos emigrantes que de aquí partieron… aunque algunos aquí están de nuevo.

Y si asciendes a la Serra do Leboreiro por Castromao descubrirás que esta también es tierra antigua de la Gallaecia con vía romana y “ciudad perdida”.

Se llama Cachiquimbra y según cuenta la leyenda estaba ubicada en la zona en la que los monjes mantenían las “neveras” del monasterio, unas cuevas en las que guardaban los alimentos.

Si vienes a Celanova te entusiasmará su cultura y su gente magnífica…

La vida transcurre junto al edificio monacal

TIERRA DE POETAS

“Os seus ecos de  malencolía camiñaban  nas alas do vento  i o lamento repetía:

— Vou morrer e non ven o meu ben”.

Curros Enríquez, poeta de la raza, bien sabía que en toda la comarca celanovense nacían los niños con una maleta. Que las tierras ya se veían, de aquella, yermas, cubiertas de margaritas salvajes en falsas primaveras.

Podedes non creelo, pero eu lembro como nasceu a estirpe do meu sangue…

no bosque dunha noite remotísima, arrombada de pombas e de ríos…”

Celso Emilio Ferreiro cantó a la nostalgia desde aquella Venezuela que no le comprendía, ni siquiera en la Hermandad Gallega,  y buscó su refugio en el recuerdo de sus paisajes de niño.

“Sentarame ben chorar nesta noite. Porei Irlanda… Vilanova… Dúas rosas no Ferrol de ferro.

E os teus ollos, infideles no gume do crepúsculo…”

Y Méndez Ferrín puso “pólvora y magnolias” entre su Vilanova natal, el Ferrol de Moncho Reboiras y su Irlanda celta y admirada.

Son los tres grandes poetas de esta Tierra que inspiró versos a unos mientras otros se marchaban en busca de fortuna,  procurando eso que por aquí aún se llama “hacer las Américas”.

Pero Celanova es la capital de una comarca de inigualable belleza y de gran atractivo cultural y monumental; una de esas villas que cuando la dejas la echas de menos. Por eso muchos de los que se fueron ya han vuelto y aquí están, disfrutando de la Plaza Mayor más hermosa que han podido ver en el mundo y de estas calles que rezuman cultura; la Rúa de Abaixo, la de Arriba, la de A Botica… Calles y plazas que conforman, junto al Monasterio, un casco antiguo que es conjunto histórico monumental.

Esta villa de poetas, emigrantes y santos es hoy centro comercial y de servicios profesionales de toda la comarca, de cuya actividad económica supone un cuarenta por ciento. Su parque empresarial crece y aquellos tiempos en los que los más jóvenes buscaban fortuna en Venezuela y Argentina parecen haberse acabado.

Por cierto, si vienen por aquí no dejen de probar “la pata de los poetas”, el plato emblemático de la gastronomía celanovense que en el restaurante O Forno sirven como en ningún sitio.

Fachada de la iglesia de San Salvador

UN PODEROSO MONASTERIO

Es como si San Rosendo, el fundador, te abriese las puertas de esta Iglesia y de este monasterio de Celanova, que ofrecen su fachada principal a la Plaza Mayor, presidida por una hermosa fuente.

El templo, al margen de su impresionante fachada barroca,  te sorprende de entrada por su retablo, pero guarda varias sorpresas que nadie debería perderse:

Por una parte su imponente sacristía, que mantiene las magníficas proporciones del conjunto de la iglesia y alberga en sus paredes media docena de valiosos cuadros con personajes de la familia de San Rosendo, que son debidos a los pinceles de Gregorio Ferro, pintor gallego de reconocida fama,  que llegó a competir con Velázquez por un puesto en la Corte.

Por otra parte  el coro Alto, de estilo gótico flamígero; y la biblioteca, en la que se conservan algunos misales incunables de gran valor.  También es interesante el órgano, aunque se supone que hubo otro más antiguo.

El monasterio de San Salvador, que este es su nombre eclesiástico, tiene dos claustros a la vista, uno barroco y otro que llaman el de “O Poleiro”.

El Claustro Reglar, el que se conoce por Barroco,  es obra de Juan de Badajoz datada en el siglo XVI, aunque sus fachadas exteriores las ornamentó en estilo muy barroco un monje de Terra de Montes, fray Plácido Iglesias.

El claustro de O Poleiro, neoclásico,  se significa por una curiosa balconada que posibilita el acceso a las celdas situadas en el entresuelo, entre la planta baja y la primera planta del edificio, y que está sostenida por grandes ménsulas muy características de la arquitectura popular gallega, que son las que le dan el nombre popular de “poleiro”.

Este conjunto monacal se completa con viviendas para monjes, para los trabajadores del cenobio y también para peregrinos y huéspedes.

Y con la joya de la corona del monasterio: un pequeño templo dedicado a San Miguel, que pervive del originario dedicado al arcángel San Gabriel.

Su importancia se la debe al hecho de ser la única muestra del arte mozárabe en Galicia. Realmente es de los tiempos del fundador, ya que fue finalizada en el año 942. Es monumento nacional desde 1923.

Y ya es curioso, pero la patrona de Celanova es la Virxe do Cristal, la más pequeña de todas las vírgenes y con santuario propio. Curros Enriquez le dedicó uno de los poemas de “Aires da Miña Terra”. Lo llamativo de esta iglesia es precisamente la imagen de la Virgen, metida en una urna de cristal, aunque de por sí la ubicación es muy bella…

Sin duda el Monasterio de San Salvador de Celanova fue uno de los más influyentes de la Galicia medieval, ya que tenía gran poder en toda esta comarca.

Un pueblo en el horizonte de Celanova

VILANOVA DOS INFANTES

Por donde parece no pasar el tiempo es por Vilanova dos Infantes. Es uno de esos lugares a los que vas y repites porque tiene tres valores principales: el paisanaje, el paisaje urbano y su valor monumental, pese a tratarse de una pequeña población.

Tras el monasterio, es lo más visitado de Celanova.

Tal vez se deba a que aquí fundó Santa Ilduara, la madre de San Rosendo,  un monasterio del que aún se conserva una parte en la iglesia hoy parroquial de Vilanova, que posee un cristo de madera románico, como el propio templo, que es del siglo XII.

Además posee una Torre medieval recuperada, lo que queda de un viejo castillo destruido por los Irmandiños en el 1476. En la torre está el centro comarcal, uno de los elementos dinamizadores de la zona.

En cuanto al paisanaje, Méndez Ferrín, ya saben, hoy presidente de la Real Academia Gallega, conserva aquí su casa natal. Aquí, en este pueblo de viejos artesanos zapateros, que aún hoy mantienen vivo el oficio y fabrican un calzado muy especial y muy apreciado.

No es de extrañar que con tanta belleza el gran Curros Enríquez también le dedicase un poema a Vilanova dos Infantes.



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