CELTAS Y GALAICOS

Los egobarros habitaban la media montaña de la Serra do Xistral y los namarinos las márgenes del Eume.

Los cigurros se asentaban junto al Sil de Valdeorras y los límicos trepaban desde la plenillanura hasta la Sierra Santa por A Limia.

Los nerios miraban desde O Pindo el perfil del Fin de la Tierra y los lapatiencos temían desde A Capelada la furia de los dos mares.

Los cilenos seguían el curso del Ulla y los oestrimnios el trayecto final del Miño

Habitaban Galicia más de cien pueblos, dueños de las iniciáticas aldeas, de las tierras fértiles y del ganado. Ellos instruyeron nuestra cultura y no se sabe a ciencia cierta si estaba en nuestro país el bosque del origen europeo, tan perseguido por los clásicos grecolatinos.

Los celtas, invasores aquí llegados, dejaron de estar presentes en la explicación del principio de esta Tierra, nuestra vieja obsesión.

Aunque el celtismo sigue presente en nuestra cultura porque una buena parte de ella se asentó sobre sus pilares. Pero el celtismo es hoy todo un mito galaico, en el que se fundamentan algunas de las leyendas más atractivas y determinados ritos populares.

Una de las fábulas más bellas y celebradas la escribió Wenceslao Fernández Flórez.

Cuenta que habitaba en A Capelada el bandido Fendetestas, que atemorizaba por aquel entonces a toda la comarca de Cedeira hasta que, una noche, de regreso a su guarida, fue sorprendido por el alma en pena de Fiz de Cotobelo en el sendero de Teixido. Y en ese momento, Fendetestas acabó su vida formando parte de la Santa Compaña.

El cuento se entronca en el Samaín celta, el tiempo en el que se abre la puerta del Mas Allá  para que uno y otro mundo se intercomuniquen. De hecho, los muertos visitan las casas de sus familias para vivir intensamente esta fiesta, donde no faltan bebida y comida abundante.

Los celtas de Galicia ocupan una pequeña parte de nuestra historia y un mucho de nuestra imaginación. Muchos de sus ritos fueron galleguizados.

Por ejemplo, los que se basan en la fertilidad, en la primavera de los mayos o en las bodas del Lugnasad, para las que se elije la luna de agosto, que también es, curiosamente,  el mes de las vírgenes cristianas más veneradas.

Sin embargo, para algunos historiadores no está nada claro que los gallegos tengamos mucho que ver, en cuanto a tradiciones,  con los celtas.

La mayor parte de ellas, cuentan los más,  pertenecen a los diferentes pueblos que habitaban el territorio comprendido entre Asturias, el Bierzo, la actual Galicia y el norte de Portugal, que posteriormente la romanización identificó como Gallaecia y que, sí,  previamente había sido invadido por tribus celtas llegadas desde Bretaña, Escocia e Irlanda.

A mi amigo Moncho García, ilustre miembro del grupo Milladoiro, le enfada mucho que les digan por ahí que ellos hacen música celta cuando en realidad son los más sensacionales intérpretes del folk gallego.

(2) Comentarios

  1. Pues yo siempre creí que los celtas eran nuestros antepasados como los de bretones e irlandeses… pero si es así que le cambien el nombre al Celta de Vigo.

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