CIUDADES PARA VIVIR

CIUDADES PARA VIVIR

Tiene Galicia un rico refranero popular y viejos tópicos que gustan a las encuestas y estudios sociológicos, de esos que invitan a conocer especialmente sus siete grandes ciudades. Cada una de ellas tiene especial interés para el viajero si este siente curiosidad por la belleza urbana.

A Coruña posee un encanto especial en su mar, que circunda un paseo por el que van y vienen gentes cara al Faro de Hércules. Cuando el sol se oculta tras la vieja Torre, en el espejo atlántico aparecen cadenas de luz para iluminar las sombras, y sobre las olas saltan risas mientras serpientes de colores conquistan el espacio del Orzán. La ciudad y el mar se convierten entonces en un nido de luciérnagas noctámbulas que se van de copas, ebrias de paisaje de tarde; y así inicia, con la noche, su ciclo más divertido.

CORUÑA-LUGO

El origen de Lugo está en su muralla y desde ella se alcanza con la simple mirada un entorno lleno de bulliciosas calles antiguas, en las que destaca la nobleza de sus viejos edificios. Las plazas de vetusta piedra, como la de Santa María, que preside la catedral. O la belleza reflejada en el paisaje que dibuja el Miño. Su tópico es sabroso, porque es la capital del buen comer.

Ourense es un gran parque verde que el Miño alfombra de flores y sonrisas en sus riberas, mientras las Burgas y otros espacios termales calientan el agua de la vida. Es ciudad antigua y cultural, según cuenta su tradición, basada en la antigua Auriense… Dicen que por la Calle de la Paz aún pasea el espíritu de don Ramón y por el Parque de San Lázaro, el de Risco

OURENSE-PONTEVEDRA

Pontevedra nació en el estuario del Lérez cuando está a punto de formar la ría y creció para dar de beber a quien por ella pasa, que es urbe turística y romántica. Una ciudad habitada por silenciosas musas con cielo de gaviotas marineras, espejos de agua en calma, jardines de camelias y alma de piedra.

Ferrol es, según su tópico, departamental, un centro naval de poder donde florecieron los fuertes, los cuarteles y los más afamados astilleros. Pero en realidad es también puerto de bahía profunda, playa de estío bañada por un océano infinito y un conjunto urbano sereno y apacible que, sí, huele a salitre pero posee uno de los mejores ejemplos del urbanismo de la época de la Ilustración, su simétrico y elegante barrio de la Magdalena.

FERROL-VIGO

En Vigo podemos sentarnos en la dársena que acoge al gran  crucero y buscar las Cíes que marcan la frontera con el océano inmenso, más allá de su Faro. O simplemente buscar el agua vibrátil, de plata y oro, profunda y calmosa,  desde el mirador elegido por Nosa Señora, la de A Guía, que dicen guía a los hombres de mar, a esa gente nacida a la sombra del Berbés, que es montaña de peces en tierra gracias a su esfuerzo. Porque, Vigo navega… trabajando.

Las calles de piedra son el espejo del alma medieval de Compostela  y las paredes graníticas de los nobles edificios, la caja de resonancia que amplifica el eco de las campanadas que miden aquí un tiempo que parece no suceder. Hasta aquí llegan gozosos caminantes, aún en la modernidad de los siglos, para pedirle a Santiago el gran secreto de su historia y el regalo de su arte barroco, gótico y románico. Algunos rezan.

SANTIAGO

Si olvidas los viejos tópicos,  descubrirás que las urbes gallegas crecen en la modernidad desarrollando un cambiante paisaje de barrios y núcleos, de nuevas plazas y calles de diseño.

Los gallegos hemos aprendido a valorar más que nadie nuestras siete grandes ciudades, por eso destacamos su calidad de vida por encima del resto de las españolas. Si hablas con alguno de los urbanitas de Galicia sobre porqué se resiste a salir de su entorno,  te responderá con varias preguntas sobre seguridad, sanidad, contaminación, limpieza, educación, oferta de empleo, espacios verdes y sobre la felicidad que supone tener buenos vecinos…

Y como ves,  existen bellas perspectivas  en estas siete ciudades para vivir.

(3) Comentarios

  1. No me importaría vivir en cualquiera de esas ciudades, pero me abonaría a Pontevedra mejor que a ninguna otra. La última vez que estuve pasé un día increíble.

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