CORTEGADA

El agua del Miño es azul en Cortegada.

         Quiero llevarte esta vez a Cortegada, municipio con vocación termal. Porque es toda esta comarca zona balnearia en donde el agua todo lo sana y el vino alegra nuestras vidas. Estamos al sur del Ribeiro, en las ribeiras del Miño, cuando atraviesa el este de la provincia de Ourense.

EL VINO DE LOS ROMANOS

EL AGUA Y EL VINO

         Dice la leyenda, que el agua de este Miño del Ribeiro, era especial para los celtas; y cuenta la historia, que los romanos descubrieron en sus márgenes placenteros espacios termales.

         La imaginación popular describe un espacio de resurrección y cuenta que,   cuando un niño celta enfermaba, se le bañaba en el río con una camisa puesta. Después, esa camisa se arrojaba corriente abajo. Si flotaba, la curación no tardaría en llegar, pero si se hundía… la muerte estaba próxima.

Los romanos de Juno Bruto cruzan el Limia... 

   Los romanos sintieron aquí, camino del Portugal vecino, el placer del agua caliente viajando por sus cuerpos para destruir sus males. Descubrieron el termalismo.

      La costumbre de “tomar los baños”, expresión que aún utilizan nuestros mayores, sigue de actualidad en los balnearios próximos  a Cortegada, en Arnoia y en Laias.

       El agua es aquí muy saludable, además de generar la belleza del paisaje principal.

El Balneario de Cortegada de Baños

     Como te decía, el agua y el vino son los elementos esenciales de la muy antigua Cortegada de Baños, que así la bautizaron los romanos por la existencia de varios manantiales de agua termal. El río Miño baña estas fértiles tierras en donde crecen las cepas del Ribeiro, que es el vino de más fama de todos los vinos gallegos.

       A 10 kilómetros de Portugal, la Cortegada romana solo aparece representada por un miliario que se conserva en Zaparín y que prueba la existencia de una vía hacia el país vecino.

       Aquí nació Frai Domingo Fermín de Vergara, que llegó a ser arzobispo de Bogotá, en Colombia. Porque fueron los monjes de Celanova los que gobernaron estas tierras en la Edad Media, pese a su proximidad a la Ribadavia de los Sarmiento.

San Benito cura las verrugas desde su maravillosa capilla.

        Hay que ver el Santuario de San Bieito, una construcción de fachada barroca. Este templo es muy visitado y el santo que lo preside tiene muchos devotos porque, dicen, cura las verrugas.

        Otros interesantes edificios históricos son la Iglesia parroquial de San Martiño, el Pazo del Conde de Meréns y el Pazo de los Cid.

        Pero lo más emblemático de Cortegada es sin duda su antiguo Balneario.

Las fuentes del agua que sana.

            Las aguas de Cortegada, las que rescatan del olvido a su balneario, son sulfurosas y ferruginosas. Dicen que curan las enfermedades hepáticas, respiratorias, genético urinario, gastrointestinales y hasta las de la piel. Es decir, aquí el agua sana todos los males.

            Pero es más interesante aún la leyenda popular según la cual, el antiguo Balneario de Cortegada debe su fama a las mujeres estériles, que recobran la fertilidad al tomarlas.

            La tradición balnearia es muy antigua en esta comarca, por eso entre la capital y Cortegada, sin salirnos de las ribeiras del Miño,  se traza la ourensana Ruta del Agua.

Los placeres balnearios.

            Comienza en la capital, donde las aguas termales emergen del Miño en A Chavasqueira y en la zona de Reza, entornos mimados por el ayuntamiento ourensano, consciente de la importancia del termalismo.

             La ruta tiene otro importante punto en el Balneario de Laias, también a orillas del Miño y próximo al antiguo Castro de Lás, la citania más grande de Galicia convertida en museo al aire libre. Estamos en el ayuntamiento de Cenlle.

Antiestress...

       Ribadavia, en contra de lo que la gente cree, tiene también aguas termales en los más antiguos baños, los de Prexigueiro, que datan del siglo XVI, época en la que pertenecían al monasterio de Melón. Los baños disponían de unas instalaciones que incluían dos edificaciones: «casa principal» y «casa terrena», un monte y los propios baños, situados en la orilla del río Cerves.

      Estos baños,  que tuvieron su auge en el período histórico comprendido entre finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII,  vieron destruidas sus instalaciones por iniciativa de un «monje castellano nombrado prior, disgustado con las incomodidades y, tal vez, algunos gastos que le ocasionaban los huéspedes que acudían a hospedarse en el priorato» , según cuenta Nicolás Taboada Leal.

Termas de Prexegueiro.

Un poco más abajo y también a orillas del Miño, la Villa Termal  de Arnoia está considerado uno de los centros balnearios más importantes de España. En Arnoia, podemos degustar los más sabrosos pimientos verdes de Galicia y gozar de los entornos naturales del río que da nombre a este municipio, un lugar de referencia para los amantes del turismo ecológico.

          La Ruta, como les decíamos, termina en Cortegada que espera el renacimiento de su importancia termal.

Paz...

          Pero estamos hoy en Cortegada. Su paisaje principal está en el Miño. Pero también el de Arnoia y el de Creciente. Mi propuesta final es que te vengas a navegar por el río y descubras así sus frondosas ribeiras desde el agua.

Navegando el Miño...

          La presa de Frieira es la que da origen a esta especie de mar interior en el que se convierte el río, tras encontrarse con el Avia, en las proximidades de Ribadavia. El trayecto se puede recorrer en catamarán entre la primavera y el otoño.

         Además, tiene la zona excelentes miradores del río a los que encaramarnos. Eso sí, una vez que la niebla de la mañana se va camino de la sierra del Leboreiro.

Un puente de película entre Filgueira y Cortegada.

         El embalse, puentes de película, balnearios a pie de río, una rica fauna ornitológica y una frondosa vegetación autóctona, son algunos de los atractivos de este paisaje de agua.

        Cortegada se mira en el espejo de un Miño navegable,   que tendrá prisa por llegar a su trayecto final a partir del Salto de Frieira 

Y el río sigue...

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