CUANDO “A RAIA” GRITA ¡SOCORRO!

Por Eugenio Eiroa

La zona socioeconómica fronteriza entre el sur de la provincia de Pontevedra y el Alto Minho português, fundamentalmente; también la zona de la eurocidade Chaves-Verín… están que arden. No es para menos… van pasando los meses, la frontera sigue cerrada y el movimiento comercial está mucho más allá de bajo mínimos… en un agujero que asusta. 

Se demanda, no ya solamente la apertura de más pasos para trabajadores transfronterizos. Se demanda que, en cuanto sanitariamente sea posible, ni un minuto más tarde, se levante la barrera, se retiren los guardias y se permita que, como antes, la economía y las gentes de un lado y otro fluyan, para que pueda salvarse lo que pueda salvarse de los muchos negocios en tanto riesgo grave desde que la peste del coronavirus puso a esta tan importante zona socioeconómica contra la pared.

Comerciantes, pequeños empresarios de A Guarda, Tomiño, Tui, Salvaterra, Arbo, Xinzo de Limia, Verín… Melgaço, Monçâo, Valença do Minho, Vila Nova de Cerveira, Caminha, Montalegre, Chaves… están con la soga al cuello. Cuentan los días y desesperan porque sus cajas registradoras están exhaustas, solamente con calderilla. La crisis ya se ha instalado gravemente ahí y en algunos casos, el agujero puede ser irreparable.
No entramos a considerar, que también resultan perjudicados, otros municipios de la segunda fila de proximidad a la frontera : O Porriño, Salceda, As Neves, Ponteareas, Vigo… a donde en excursiones de un día acuden cada dos por tres muchísimos portugueses, como a la inversa muchísimos gallegos acuden a Ponte de Lima, Ponte da Barca, Arcos de Valdevez, Viana do Castelo, Vila Praia de Áncora, Braga mismo… lugares donde la hostelería vive en parte importante de los no pocos gallegos allí tan bien acogidos.

Pero sin recurrir a esa segunda fila de municipios afectados, centrémonos en la raia fronteriza especialmente, donde el cierre de frontera tanto daño hizo y hace actualmente.

LAS GRAVES HERIDAS QUE DEJA EL TIEMPO DE LA PESTE EN LOS TERRITORIOS FRONTERIZOS


«El comercio en la zona del Alto Minho vive del 47% del total global de vehículos que todos los días cruzaban la frontera entre Portugal y España. Nada menos que el 47% del total de todos los coches que atraviesan los pasos fronterizos hispano-luso pasa por ahí, por la raia entre la provincia de Pontevedra y el Alto Minho. Esto no es ninguna broma…», dice un portavoz de la CEVAL (Confederación Empresarial do Alto Minho).
El cierre de frontera dejó descolocadas a muchas gentes de la zona de la raia que nos ocupa. Hay municipios concretos, como Valença do Minho, Cerveira, Monçâo… o Tui, Tomiño, Salvaterra do Miño, donde no hay mucho que preguntar sobre los impactos de este crisis, están a la vista agigantados con el hecho de la frontrera estar cerrada.Si la crisis del Covid-19 ya es grave en otros territorios no fronterizos, en el caso de la raia lo es mucho más.

Manuel Lopes, presidente de la Câmara de Valença do Minho, lamentaba la situación y el periódico «Correio do Minho» daba gran destaque en la portada a sus lamentos. Valença es muy dependiente de los vecinos de Tui y su zona inmediata, pero también de muchos otros gallegos, de Vigo -por ejemplo- que la visitan con asiduidad. Actualmente, solo quienes trabajan en Portugal cruzan la frontera. El resto no puede pasar. Y viceversa en dirección a Galicia. Pero esos no dejan la mayor parte del dinero en los establecimientos de una y otra zona. Esos no son precisamente los que tanto se echan en falta.

Para el líder del Município de Valença do Minho ha llegado la hora de pensar en la apertura de la frontera. Lopes habla de instar al Ministerio de Exteriores portugués para que reconsidere la situación actual y se de paso a la libre circulación lo antes posible.  El «alcalde» de Valença entiende que el presidente de la Xunta está también presionando a Madrid para que la apertura fronteriza sea una realidad antes que tarde. 

Para Manuel Lopes, el cierre de frontera fue en su momento inevitable y lógico, pero ahora, entiende, se empiezan a dar ya las condiciones para estudiar y dictaminar el levantamiento de las barreras actuales. «En Galicia, la situación sanitaria no fue tan mala como en otras zonas de España«, destacó el presidente da Câmara de Valença do Minho, argumentando que al otro lado del río Minho, en Galicia, la situación «también ha mejorado» y en esa mejoría, como en Portugal, se ha estabilizado.

El comercio se ha resentido muy notablemente a los dos lados de la frontera que nos ocupa. Que se lo pregunten a quienes despachan en la famosa gasolinera de Repsol, en Tui, donde cada mes abastecían miles de automovilistas lusitanos… De ser un lugar donde para repostar siempre -en mayor o menor grado- había que hacer cola, ahora echar allí combustible es un plis-plás.

Quienes en estos días todavía de cierre de fronteras han pasado por la Fortaleza de Valença (algo así como el área comercial abierta más grande del Alto Minho) saben muy bien que aquello es un desierto. Durante años y años siempre vivió aquel comercio de los gallegos en su mayor parte: se estima que el 70, 80, 90% de sus ventas -según el tipo de establecimiento- lo son a clientes galaicos, fundamentalmente de la provincia de Pontevedra. Ha sido así que muchos comercios aún siguen cerrados, con los empleados en «lay-off» (Erte´s a la portuguesa). «No vale la pena estar abierto si no tienes apenas clientes; es ruinoso«, explicaba un pequeño empresario de Valença.

Ya no entramos en consideraciones más o menos poéticas, sobre que el cierre de fronteras de ninguna manera contribuye para impulsar el espíritu transfronterizo tan in crescendo desde hace un par de décadas para aquí. Tui y Valença forman una «Eurociudad» muy activa, a la que el cierre de la frontera les hizo la puñeta como no podían imaginar. Ambos alcaldes se han mantenido en contacto, pero contra la barrera estatal fronteriza, poco han podido hacer, sino desearse mútuamente que la marea de los contagios bajase cuanto antes.

El daño importante en comerciantes y empleados de esta zona de la raia, en ambas orillas ya está hecho. Y cuanto menos tiempo dure esta situación, mejor será…

 «Alertamos para la necesidad imperiosa de una atención redoblada para el impacto de esta epidemia en el comercio de ambas zonas de la frontera. Sería absolutamente pertinente la creación de un grupo de trabajo para la definición de una estrategia específica de combate al impacto del Covid-19 en las zonas de la frontera, estando desde ya nuestra asociación completamente disponible para colaborar en la definición de estas medidas«, explicaba fechas atrás la Confederaçâo Empresarial del Alto Minho, CEVAL.

La situación es tan tremenda ahí, en la raia, que el impacto de la reapertura de algunos comercios al entrar en el mes de mayo, es «prácticamente nulo«. La razón es obvia: el cierre-control temporal de la frontera, en vigor ya ¡desde el 16 de marzo!, deja sin una mayoría de clientes a estos establecimientos fronterizos diversos. 

Para la CEVAL, el concepto de «comercio en las zonas raianas del Alto Minho significa Galicia, porque el comercio en estas zonas limítrofes portuguesas se hace siempre y desde hace muchos años con los gallegos que diariamente atraviesan la frontera«.

La zona fronteriza entre el sur de la provincia de Pontevedra y el Alto Minho, pese a que el río -en sí- supone una dificultad para atravesar de una a otra zona, registraba antes del tiempo del virus un tránsito de más de 32.000 vehículos por día, un 47% del global de vehículos que cada día cruzan las diversas fronteras, desde el Miño al Guadiana, entre España y Portugal.

Solo por el puente internacional de la A-55, entre Tui y Valença, actualmente abierto únicamente para el tránsito de camiones autorizados, circulaban antes, cada día, más de 16.000 vehículos, a los que hay que sumar otros 4.300 que atravesaban el puente antiguo de hierro, especialmente para tráficos más locales. Otro dato definitivo: solo por la frontera de Tui-Valença pasan anualmente el 50% de las mercancías terrestres que entran en Portugal.

El diputado provincial de Cooperación Transfronteiriza, Uxío Benítez, explicaba a propósito de la situación que analizamos, que «o territorio do río Miño transfronteirizo vese afectado á súa vez polo decreto de estado de alarma español e o estado de emergência e agora de calamidade portugués. A recuperación das fronteiras, xusto cando se está a producir o 25 aniversario do Tratado de Schengen, e a supresión do tránsito en lugares de paso, supoñen unha limitación adicional ao do resto de territorios. O efecto da pandemia na fronteira é dobre, incide sobre a saúde e a economía local, como en todas partes, pero ademais afecta aos fluxos transfronteirizos nun territorio fortemente interrelacionado”.

 “Atopámonos nunha etapa na que se están a construír Eurocidades, servizos públicos e organismos compartidos, e sobre todo na que a vida cotiá das persoas, das familias e das empresas desenvólvese nas dúas beiras do río, de xeito que as limitacións teñen aquí un impacto diferente e máis profundo ao que é necesario atender”, advirtió el también director de la AECT Rio Minho.

Los restaurantes de Valença, también de Monçâo, viven en gran medida de los comensales gallegos. Por eso, bastantes siguen cerrados, a la espera de que España y Portugal permitan la libre circulación fronteriza. No llega con las medidas de aforo y seguridad que mermarán en el futuro y presente sus ingresos, es que -además- si los gallegos no vienen, o no pueden pasar la frontera, se pasará de «lay-off» para los empleados a despidos de estos, e incluso a los cierres de los negocios. La situación es ya muy complicada actualmente y se observa en Valença, Monçâo, Cerveira, Caminha mismo… un notable decaimiento social, en este aspecto.

El  día 27 de mayo regresaba -tras muchas semanas sin celebrarse- la tradicional feria semanal de los miércoles a Valença do Minho. Se hacía a pesar de que, por el momento, la clientela fundamental, los gallegos, no pueden cruzar la frontera. Pero tampoco los feriantes pueden aguantar más de brazos cruzados… Hay familias de vendedores ambulantes que están pasando muchas estrecheces y están mucho más que al límite. Les sucede lo mismo a buena parte del comercio fijo de Valença, cuya Câmara Municipal ha hecho un llamamiento reiterado a los ciudadanos para que apoyen en sus compras al comercio local que las está pasando canutas.

Pero la verdad es que en esta crisis tan importante, poco se ha tenido en cuenta la problemática y particularidad de la frontera del Miño, la más poblada y dinámica entre España y Portugal. 

Solamente los concellos de esta zona ribereña tienen más de 200.000 habitantes, ampliándose hasta 500.000 en el área de influencia, “cidadáns europeos que viven na mesma fronteira do río e que teñen o problema agravado de que teñen pechados os pasos fronteirizos”, destacaba uno de los alcaldes del área del sur de la provincia de Pontevedra.

Para los portavoces de CEVAL, confederación que representa a casi 5.000 empresas del distrito de Viana do Castelo, con más de 19.000 trabajadores, el Alto Miño y el sur de la provincia de Pontevedra «tienen la zona de frontera con mayor afluencia e influencia en Portugal… Galicia es hoy en día el principal cliente que Portugal tiene -de entre todos los españoles-, siendo cada vez más un fenómeno de integración transfronteriza en la Península Ibérica. En el año 2016, último disponible en cuanto a datos certificados, las exportaciones de Portugal para Galicia alcanzaron cerca de 2.000 millones de euros. Si Galicia fuese un país independiente sería así el octavo mayor destino de exportación de Portugal, con valores de exportaciones equiparables a los registrados para Italia o para los Paises Bajos y cerca de dos veces superior en cuantía a las exportaciones destinadas a Brasil…»

El tramo de frontera del sur de la provincia de Pontevedra representa el 5% de la línea fronteriza con Portugal en toda España, aunque asume el 49% de todo el tráfico de vehículos y pasajeros, ya que es una de las áreas transfronterizas más dinámicas económicamente de toda Europa (estando además integrada en el eje Vigo-Porto), la que tiene la mayor población y, al mismo tiempo, tiene relaciones sociales, culturales y lingüísticas muy profundas.

Una de las preocupaciones más repetidas durante las reuniones telemáticas de los alcaldes del territorio de la «raia» del Miño, fue que el cierre de las fronteras no debería de extenderse más allá de la suspensión de los estados de emergencia-calamidade y alarma de Portugal y España, respectivamente, algo, el cierre de fronteras, que -de prolongarse en exceso- podría aumentar aún más las consecuencias de la pandemia en este territorio tan interdependiente donde -además- se necesita una estrategia conjunta. En este sentido, la alcaldesa de O Rosal, Ánxela Fernández, enfatizó sobre la «importancia que tendrán las relaciones locales a partir de ahora, no solo la relevancia que tendrán las administraciones locales, sino nuestro entorno más cercano como espacio para relacionarse«.

Al respecto, también, Xosé Manuel Rodríguez, concejal de As Neves, señalaba la necesidad de realizar un estudio conjunto de la economía y la hostelería en el territorio transfronterizo y cómo se verá afectado a partir de ahora; y propuso de paso estudiar la posibilidad de regular la pesca del río y su venta.

La pandemia afectó muy gravemente a este sector este año, cuando estaba en pleno la temporada alta de la lamprea, suspendiéndose las fiestas gastronómicas en Valença, Monçâo, Arbo…

Conscientes del grave, muy grave problema, que tan directamente afecta a muchos de sus conciudadanos, todos los líderes de las 7 eurociudades hispano-portuguesas hicieron un llamamiento a través de un manifiesto conjunto haciendo ver la necesidad de restaurar cuanto antes la libertad de circulación de personas, vehículos, bienes, en las zonas tan directamente afectadas por el cierre actual de la frontera debido a la pandemia del Covid-19.

Por su parte, los responsables de la «AECT Río Minho» pidieron a Europa, a través de un extenso escrito: «… fondos suficientes de la Unión Europea y los Estados miembros para aliviar el doble impacto de la pandemia en los territorios transfronterizos, ya que representan el 40% del territorio de la Unión y representan el 30% de su población total, y seguramente serán relevantes para la recuperación económica pospandémica de la Unión Europea…»

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