CUANDO CAE LA NIEVE

En aquellos días de Instituto, cuando éramos unos jovencitos imberbes con malos pensamientos, llegó a nuestras vidas la profesora de Ciencias Naturales. La recuerdo joven, guapa, esbelta, con tipito de modelo de pasarela y muy inteligente. Podrás suponer que enseguida surgió nuestro platónico amor por ella, mientras las demás mujercitas del aula de quinto comenzaron a contagiarse de pelusa.

Era la única profesora a la que tratábamos de tú porque así lo quería ella, Elisa. Fue quien acrecentó mi pasión por lo natural y la recuerdo como la primera persona que me llevó a Manzaneda para que descubriera la nieve. A mí y a todos mis colegas. Siempre le estaré agradecido por sus enseñanzas y por aquella acampada en el lugar perfecto para tocar las estrellas con la mano mientras el lobo aullaba para amedrentarnos porque habíamos ocupado su territorio.

Me acordé de Elisa en estos primeros días del invierno 2018 pese a estar en mi valle… porque hoy tengo ganas de imaginar la montaña. En A Mahía la humedad provoca un verde más intenso, pero las altas cumbres refulgen ahora de blanco para mostrarnos su cara más hermosa.

Es el paisaje más expresivo de la estación, sobre todo cuando la Luna grande se abre paso entre las nubes para poner luz en la oscuridad y hacer brillar ese manto albar que cubre todo el territorio, desde la ladera de soutos y las más antiguas carballeiras hasta las rocas enquistadas en los picos que tocan un cielo de nubes blancas.

Todo lo que expresa ese paisaje nos invita a imaginar los cataclismos geológicos que dieron forma a un espacio quebrado, de montañas fracturadas y pendientes de vértigo. Sí, mira bien, contempla ese manto blanco que cubre la refulgente calma del país mientras escuchas el silencio del río de hielo transparente y la laguna glaciar congela el infrecuentado camino de la sierra.

Otra vez cae la nieve y la montaña revive dulcemente aquel cuento de Navidad. Es invierno, ese tiempo que nos cautiva porque nos invita a descubrir el estado más salvaje de la belleza.

Galicia tiene muchos techos y en tiempos de antiguos inviernos pocos se atrevían a encaramarse a ellos porque el acceso a las montañas era imposible y solo los que tenían fuerza o mula para llegar a los incomunicados pueblos próximos eran capaces de atreverse a tal aventura.

Pero en la actualidad, desde los picos de Ancares hasta los de Trevinca podemos viajar por carreteras de montaña de  excepcionales vistas panorámicas, de cumbre en cumbre, descubriendo el trayecto de los ríos, los soutos, las fragas, bosques de abedules, pistas de esquí, lagunas glaciares y antiguos senderos que también pisan los animales del bosque, espacio encantado y protegido.

Esta vez te diría que buscases la comodidad de Manzaneda. Es una Estación de Montaña pero también un permanente lugar para el ocio. Al margen de servirte de base para conocer todos los atractivos de la comarca de Trives, que son muchos y muy variados, es el lugar ideal para pasar unos días en contacto con la naturaleza más viva.

Hacer senderismo aquí, sobre todo en invierno, es poder admirar el perfil blanco de la Serra de San Mamede, alcanzar con la vista las más importantes cumbres de Galicia y alguna de León, como el Morredero,  o incluso acceder al Parque Natural del Invernadoiro, espacio natural protegido de gran importancia ecológica.

En esta sierra puedes esquiar y practicar todo tipo de deportes, pero también conocer pueblos con encanto como Chandrexa de Queixa o el propio de Manzaneda, con un rico patrimonio histórico y etnográfico.

No te prives de nada. Saborea la gastronomía de la montaña con excepcionales carnes, embutidos, jamones, verduras y quesos. En la propia estación de Manzaneda tienes varios restaurantes y autoservicios, cafeterías e incluso un club social para disfrutar de animadas veladas nocturnas. Y para descansar, apartamentos familiares o individuales; bungalows y albergues para grandes grupos.

Si vas, no te olvides de contarme la experiencia…

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