CUANDO EL FÚTBOL ES UN NEGOCIO

Fútbol no es solo fútbol. También lo son los negocios que giran en torno a lo que hace ya mucho tiempo fue un deporte…

—- ¿Y por qué?

Porque los equipos tienen dueño, son propiedad privada; se invierte en ellos para medrar en notoriedad social, sí, pero también para ganar dinero. Así pasa que los precios que se pagan por el traspaso de un futbolista superan todas las barreras del mercado. Incluso se hacen sustanciosas inversiones inmobiliarias en nombre del club y se cobran derechos de televisión muy superiores a las ventas totales de la mayoría de las empresas asentadas en el territorio al que representan.

El Real Club Celta de Vigo, uno de los equipos con más solera de La Liga española cuyo valor empresarial sigue en alza, tiene un dueño inversor. Su vida está llena de inversiones a uno y otro lado del Atlántico y su popularidad en México la debe a algunos agujeros negros por su manera de negociar.

Sí, Carlos Mouriño conjuga mejor que nadie ese verbo, negociar. Y en eso anda siempre. Él ve el Celta como una empresa de la que es el propietario y lo que busca no son los éxitos deportivos sino el negocio, el más puro negocio que revalorice sus acciones cada vez más en base a sus activos. Por eso quiere hacer una ciudad deportiva que al mismo tiempo sea una ciudad comercial, tras haber fracasado en su intento de vender los sentimientos de una afición a los chinos… porque se lo impidió la ciudad.

Ese es el trasfondo de lo ocurrido el martes noche en el palco del Estadio Municipal de Balaídos. Ya sabes, Carlos Mouriño quiso hacerle “un vacío” al alcalde, Abel Caballero, porque este sabe de sus ambiciones y no está dispuesto, según parece, a que mercadee con uno de los emblemas de la ciudad.

Mouriño presidente avisó a Caballero alcalde:

—- ¡Que nadie ocupe mi sitio!

Le dijo que sus plazas eran suyas y que si alguien se sentaba allí se le pondría delante. Sobre el césped calentaban los del Celta y los del Barcelona, pero Mouriño seguía tensando el palco hasta extremos insospechados mientras Caballero lucía sonrisa de político veterano.

El mandamás del Celta dejó su silla libre y se sentó al otro lado del directivo del Barsa en funciones de presidente. Entre este y el alcalde, estaba el “vacío” prometido, una silla libre símbolo del “desprecio” que sentía el dirigente céltico por el primer edil de la ciudad.

Así las cosas, llegó ella, Carmela Silva, que también es presidenta pero de la Diputación Provincial, y puso fin al “vacío” ocupando el sillón que dividía en dos bandos el palco municipal que Mouriño ha tomado en propiedad.

Pero Mouriño, enfurecido, gritando, instó a Silva a que abandonase “su” silla. La presidenta se revolvió. El presidente céltico se puso de pié, delante de ella, tenso. El alcalde intervino y le dijo a su compañera de partido que dejase la silla vacía. Ella se levantó y el alcalde sonrió como si nada hubiese pasado. Preguntó…

—- ¿Jugará Messi en el descanso?

Si el astro argentino hubiese salido a calentar seguro que se dejaban de tonterías… ¿Verdad? Yo no quito ni pongo porque no tengo señor, pero sí me gusta resaltar que a Caballero lo eligieron los vigueses por mayoría absoluta y a Mouriño le hizo presidente Horacio Gómez al venderle el club por un puñado de euros. Por eso al presidente del Celta nadie le aplaudió el gesto y al alcalde lo respetó hasta el acomodador.

            

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