¿CUANTO PUEDE DURAR TRUMP?

Por Diego Carcedo

Procuro leer todos los días prensa norteamericana y la verdad es que no comprendo cómo Donald Trump puede seguirse manteniendo en el poder. Viví en los Estados Unidos seis años y tuve oportunidad de conocer los principios que guía la política norteamericana. Y el actual presidente se los salta todos en un reto constante contra la seriedad con que deben ejercerse los cargos, la responsabilidad a la hora de tomar decisiones, la honradez de quienes administran los intereses públicos y la imagen que se impone que los gobernantes ejemplaricen ante los demás.

Trump no tiene ni Gobierno, ni Administración ni sentido de la responsabilidad y menos de la vergüenza. Todo es él, sólo él y sus impulsos psicóticos, sus extravagancias, sus fobias y sus ensoñaciones. El “America First” que enarboló como amenaza global en la toma de posesión está convirtiendo a los Estados Unidos en la gigantesca isla que nunca ha sido. Una masa de gente proclive a la ingenuidad, cebada por la reducción de impuestos y la xenofobia contra los inmigrantes, aún le aclama, pero desde la inconsciencia de que su desquiciamiento acabará llevándoles al desastre. Cada vez son más los que piensa que no está en sus cabales.

Al fin y al cabo los norteamericanos le votaron, bien es verdad que no la mayoría ni mucho menos. Pero las consecuencias las sufrimos todos los demás. Es imposible tener al frente de la primera potencia mundial a un personaje sin el más mínimo sentido ni de la solidaridad ni de la realidad; seguir supergobernados por un psicópata que quiere controlar al mundo a base de twiter y en función de sus intereses,  por un mandamás cuya soberbia y actitud supremacista resulta abominable para la inmensa mayoría de la humanidad resulta humillante y alguien se rebelará.

Conociendo los Estados Unidos y sus principales centros de poder, Washington y Nueva York, la impresión, y por supuesto el deseo, es que no podrá durar mucho. De hecho ya sorprende que haya durado tanto, sólo con sus actuaciones disparatadas frente a todos. Es un Presidente acorralado por las acusaciones, generando odios cada vez que abre la boca, inmoral desde cualquier aspecto que se le enjuicie, políticamente incompetente y humanamente despreciable. La pregunta del millón es ¿Cuánto tardará el stablisment norteamericano en mandarle al paro como hizo con su antecesor, el también indeseable Richard Nixon?

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