CUBA, EL ÚLTIMO PARAÍSO COMUNISTA DE AMÉRICA.

Cuando me siento en el parque no pienso más que en mi tierra. Y eso que quiero a Cuba como si hubiera nacido aquí. Pero a mi tierra no la puedo olvidar. Algunos me critican porque todavía hablo con acento gallego. Bueno, el acento no se pierde. Yo llegué aquí con dieciséis años. Ahora tengo ochenta y hablo igual. La lengua gallega es difícil de olvidar. Lo que pasa es que ya no hay con quien hablarla. Y al parque éste no vienen más que cubanos…”  (“Gallego”, de Miguel Barnet).

Tengo un amigo en La Habana que, a pesar de los pesares, toca la guitarra; y cuando no canta, baila el son. Nació en Baracoa hijo de mulata presumida y de gallego emigrante, mucho antes de la Revolución.

Mi amigo es mecánico de Chevrolet viejo, por las mañanas, antes de ir a la fábrica de nuevas “computadoras”. Creció niño en el Vedado tomando helados del Copelia, y se hizo mayor en el “Felipe Poey”, Facultad de Ciencias de la Computación de la muy antigua Universidad de La Habana.

A veces juega a ser poeta en los atardeceres del Malecón, cuando la luz herida se entrega a las sombras y la ciudad enciende su luz de estrellas, para que en la oscuridad brille el trozo patrio de las espumas marinas.

Otras veces, mi amigo vive de recuerdos frente al Morro y sueña con el País del abuelo que, tras el agua atlántica, esconde el principio de la vida.

Porque también gusta de pasear sus dos banderas por La Habana vieja, confundido entre turistas que buscan La Bodeguita de en Medio y el espíritu de Hemingway, mojados en un mojito.

Cuando el mundo duerme bajo el velo nocturno, mi amigo camina frente al más antiguo centro de la Galleguidad, tarareando aquella habanera nacida entre prados, húmedos y verdes,  con melancólico acento cubano…

Y al final, de vuelta, hasta el viejo Chevrolet del 56 llega otra vez el eco del  son para romper el silencio y dejar que la lujuria humana transite por la noche de La Habana.

A pesar de los pesares, la habanera del abuelo y el son, suceden en el mismo escenario de la nostalgia… aunque si el abuelo volviese esta semana a La Habana encontraría todo como siempre… sin Fidel pero con Raúl.

En La Habana tocaba estos días pasados aprobar la nueva Constitución elaborada por el pueblo. Cuentan los oficialistas que el texto ha sido elaborado con las opiniones de más de cinco millones de cubanos.

—- ¡Esa sí que es democracia!  La nuestra la redactaron unos cuantos “padres” y parece que, a tiempo pasado, no les quedó muy bien.

Siete días tardaron las comisiones parlamentarias en resumir tanta opinión y en una sola sesión plenaria, la Asamblea Nacional aprobó el documento de la nueva Carta Magna, que  tendrá que ser ratificado en referéndum el próximo día 24 de febrero de 2019.

—- ¿Y qué dice el texto?

Se deja claro que Cuba “jamás volverá al capitalismo como régimen sustentado en la explotación del hombre por el hombre”. Define a la isla como “un Estado socialista de derecho y de justicia social”. Insiste en su artículo 5 en que “el Partido Comunista es la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Y afirma que “en ningún caso los medios fundamentales de comunicación serán objeto de la propiedad privada”.

—-  Es decir, Cuba sigue siendo comunista.

Sí, pero la nueva Constitución cubana reconoce la propiedad privada aunque con respecto a la concentración de riqueza puntualiza que “el Estado es el garante de una más justa redistribución”.

También registra el texto aprobado “la protección a las familias cualquiera que sea su forma de organización” y permite expresamente “las instituciones religiosas, fraternales y otras asociaciones”.

Impresiona mucho como cuentan se llegó a la redacción final de la nueva Carta Magna cubana: las intervenciones de esos cinco millones de isleños se reunieron en 9.595 “propuestas tipo” de las que, la Comisión Constitucional presidida por Raúl Castro e integrada por diversos expertos, seleccionó 4.809 rechazando 4.786. Es decir, que sobre las sugerencias populares del 50’1% de los participantes en la consulta inicial se trabajó el borrador, es decir, el texto aprobado por la Asamblea Nacional esta semana.

En resumen, Cuba seguirá siendo el último paraíso comunista de América aunque, como ya venía ocurriendo desde los últimos años comandados por Fidel Castro, no se opone a que los extranjeros realicen en la isla las inversiones que el gobierno autorice.

—- Eso quiere decir que la nueva Constitución no cambiará nada.

No sé qué pensará mi abuelo Pepe desde el espacio, que él participó en aquella guerra para morir de viejo en los brazos de una mulata. Pero seguro que es distinto de lo que piensa desde su trocito de cielo mi cuñado Pepe, nacido en Baracoa antes de aquella revolución.

Esta la vieja letanía de los capitalistas y los trabajadores de la que, en el mundo, solo nos quedan los libros y muchas decepciones. Por eso los mayores somos anárquicos de pensamiento, palabra y obra.    

(2) Comentarios

  1. Ya veremos que pasa en el futuro pero yo no me fío nada ni con Carta Magna. Esperemos que Cuba comience una etapa de esplendor. Ese mis deseo para todos los cubanos a ver si el nuevo año ya van mejor las cosas.

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