DE AGUIÑO A BAROÑA

UN PAISAJE VITAL

Tomar el sol con el mar a tus piés...

             Si te animas, te invito a viajar, esta vez,  entre Aguiño y Baroña por tierras de Ribeira y frente al infinito Atlántico que nos manda sus cánticos de olas y su característico olor a salitre.

            Este trayecto marítimo de la Galicia Única es una gigantesca estatua de piedra salada que el mar esculpe en sus acantilados. Pero también es playa perfecta, de arena fina, tostada por un sol que no quema, territorio robado por el omnipresente e inmenso océano. Lo miras una y otra vez, al compás de las olas… frente al gran Parque Natural y no sabes con que perspectiva quedarte.

            La primavera ha venido hasta aquí en busca de la paz, solo paz; y la encuentra en la sal elemental de estas aguas  y en el  sol que incendia la superficie de este mar, al final de cada día, en la hora  que aquí llamamos del lusco fusco.

Aguiño, sabor a mar.

             Aguiño disfruta de la Ría de Arousa y del Gran Oceáno. Es una pequeña población que conserva todo su sabor tradicional.

             Es el pueblo marinero por excelencia, que sigue oliendo a mar bravo y al mismo tiempo recibe con gusto el turismo que visita Ribeira, su capital municipal.

             Presume de puerto fenicio y del mejor de los de bajura de la Ría, lo que procura demostrar en los numerosos restaurantes que nos ofrecen sus servicios.

             Pasear el pueblo es lo más agradable que podemos hacer después de comer bien,  a no ser que prefiramos la playa, que la primavera permite mojar los pies, que dice mi amigo Sergio, el Dr. Cinza,  que eso es muy bueno para la circulación.

             En el mismo Aguiño está la playa de su nombre y la más emblemática, la del Castro, pero es preferible acercarse a la de A Lagoa si se quiere contemplar  ya el Atlántico inmenso.

Playas con acantilados y olas para surfear...

            En esta costa el Atlántico, ha creado uno de los más reconocidos espacios naturales de España: Corrubedo.

           El espléndido mar abierto… La Playa… El  más grande complejo dunar de Europa… Lagunas que reflejan el sol primaveral y que sobrevuelan las majestuosas aves que aquí habitan… Todo un paisaje espléndido que has de conocer con calma.

           En principio fue una bahía, pero el mar se encargó de crear este complejo arenoso, que alberga más de 200 especies vegetales…

           Las dunas de Corrubedo crecen desde una de las más hermosas playas de cuantas podemos admirar en este litoral. Se extienden a lo largo de cuatro kilómetros. Son móviles y las de mayores dimensiones del norte de España. Avanzan en sentido de oeste a este y poseen una interesante muestra de la vegetación costera, propia de este tipo de suelos.

Dunas y Lagoa de Carregal... El gran parque.

          Junto a las dunas se encuentra la Lagoa de Carregal. Es una albufera de 250 hectáreas de extensión, que sufre los flujos de las mareas y se alimenta de los pequeños regatos que bajan de la Sierra del Barbanza. Alcanza una longitud máxima de dos kilómetros y medio.

         Aquí anidan patos, entre cuyas especies se pueden destacar el alcaraván, la espátula y el aguilucho lagunero. Con paciencia se puede ver alguna nutria.

Una nutria en a lagoa...

        Cerca de esta laguna podemos conocer la de Montevixán o de Carreira, de agua dulce, rodeada de un espeso cañaveral y en la que descansan numerosas aves migratorias.

        En el extremo norte, mirando al mar cara a cara, Corrubedo se nos aparece, además, como una de las poblaciones de mayor encanto de esta costa.

Anochece sobre Corrubedo pueblo.... Una excelente foto de María Porta.

          No te lo creerás, pero este es el paisaje preferido por los arquitectos. En realidad, el primero que descubrió Corrubedo como lugar de descanso fue el pontevedrés Alejandro de la Sota (1913-1996). Pero pese a ser uno de los profesionales más cotizados de su época, se limitaba a alquilar una modesta casa para el verano.  

         Uno de los más populares arquitectos gallegos de la modernidad, José Manuel Gallego Jorreto, construyó aquí una vivienda unifamiliar hace ya treinta años.

         A principios de los ochenta, Jerónimo Junquera y Estanislao Pérez Pita también construyeron en Corrubedo una casa de vacaciones, mientras el joven Oscar López Alba eligió la zona para desarrollar su proyecto de fin de carrera, un edificio de educación medioambiental. 

         En el límite de esta zona hoy protegida, a finales de los ochenta, construyó su casa  Santiago Seara. Y el conocido arquitecto inglés David Chipperfield, especializado en adaptar el lenguaje actual a las tradiciones, también construyó una casa en Corrubedo, en la que materiales, volumen y luz ocupan el centro del diseño.

La casa de Copperfield.

      Pero el pintoresco pueblo de Corrubedo nos llama para disfrutar del calor de sus gentes. Es una de las parroquias que mejor conserva el tipismo marinero, a pesar de ser uno de los destinos turísticos preferentes de la zona. Este es el principio de la bella Ría de Muros- Noia. Es decir, del Mar de Noé. El pueblo en sí mismo es todo un encanto y luce espléndido a partir de su luminosa primavera.  Además, desde aquí, tendrás que buscar hoy el trayecto final.

     El Faro de Corrubedo es de postal. Desde él verás como el sol se oculta camino de América.

El faro de Corrubedo, al lusco fusco.

    Tienes cerca  Axeitos, colina desde donde aumenta el horizonte atlántico y en la que se asienta el dolmen más antiguo y mejor conservado de Galicia.

   Desde aquí piérdete en la contemplación de la perspectiva que hay entre Punta Laxe Bravo y Peña Celta, que es la Playa de Espiñeirida, a la que acuden los surfistas de la zona en busca de olas.

    Sigue el trayecto de mar desde las ribeiras atlánticas para, pasada la Peña Celta, llegar hasta la Playa de Basoñas desde donde es fácil acceder a las lagoas de Xuño y Muro, otros de los espacios protegidos de este recorrido.

La negra sombra tiñó de luto a Praia das Furnas el día que Ramón Sampedro sufrió aquel terrible accidente....

     Desde Basoñas a la Playa de Queiruga, el mar rompe en As Furnas, zona de acantilados y pequeñas calas mezcladas entre ellos. Este paisaje salvaje es de gran belleza por los caprichos que el mar esculpió en las rocas  y por el contraste de la blanca espuma entre los verdiazules del Atlántico.

    Tras la playa de Queiruga aparecerá ante nosotros la de O Castro, así llamada por estar al lado del Castro de Baroña, uno de los mejor conservados de Galicia y por lo tanto uno de los mejores testimonios del pasado.

La magia la pone el sol final de la tarde, para que el castro y la playa nos enamoren... Esto es Baroña.

        Entre Aguiño, Corrubedo y Baroña  son muchas las personas que han encontrado su paisaje vital y eso se nota en el respeto al entorno, casi virgen en estos últimos tramos de la costa…

 

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