DE LOS ABUELOS Y DE LO QUE CUBA LES EXPROPIÓ

Hay una expresión muy españolista que dice “más se perdió en Cuba”. Supongo que se refiere a aquella maldita guerra fratricida a la que mi abuela echaba la culpa de la irreparable pérdida del abuelo Pepe. El abuelo que no conocí y del que hablaba con mi madre,  todos los días, al menos una vez al día, de aquellos primeros años de niño con uso de razón.

Supongo que también podría aplicarse la frase a lo que se dejaron en la isla quienes acumularon fortuna en la época prerrevolucionaria de Baptista; los que huyeron como pudieron el día que entró Castro en La Habana. Entre ellos hubo algunos gallegos, según cuentan las crónicas y también me recordaba siempre mi cuñado, José Mato, natural de Baracoa, desde donde vino a Galicia siendo niño.

Yo perdí en Cuba a mi abuelo, de eso estoy seguro. Aunque de él solo conservo la pena de no haberlo conocido.

A  estas alturas no sé si dar por buena la versión de mi abuela o mis conjeturas. Por no saber ni sé quien de mi familia conserva aquel sable que guardábamos celosamente como el de Papá Pepe. Era un sable antiguo, con partes de la hoja ya oxidadas y una funda con adornos. Ambos pesaban tanto que yo no podía ni quería sostenerlo.

Porque no me gustaba aquella historia que me contaba con cariño mi abuela. La crónica de mi abuelo héroe,  muerto en la guerra de Cuba. Era el cuento infantil de aquel sable que le entregara, envuelto en una bandera, hacía muchos años, un representante del señor gobernador. Lo más probable es que mi abuelo se hubiese quedado en La Habana víctima del amor de una bella e irresistible mulata.

Esta es una historia que te cuento con orgullo.  Me la recordó días pasados la presencia en Compostela de Jordi Cabarrocas, director general de “1898. Compañía de Recuperaciones Patrimoniales de Cuba”, aquí llegado desde Barcelona en busca de los descendientes de aquella gente que se sintió expoliada por la Revolución y a la que le gustaría reclamar su herencia.

—– Llevamos siete años como organización profesionalizada, pero la empresa empezó a funcionar hace once, cuando hicimos los primeros intentos. Llevamos hecho un trabajo sistemático con personas, recursos y tres oficinas.

Cabarrocas cuenta que los descendientes de aquellos abuelos eran en su mayor parte gallegos, aunque también había muchos vascos y algunos madrileños.

Por lo que se refiere a Galicia, según esta empresa, 400 familias abandonaron obligadas la isla entre 1959 y 1962. El director de la citada compañía alude solo a aquellas que conservan documentación sobre los bienes que podrían haber heredado, que según sus cálculos ascienden a más de 3.100 millones de euros.

—-  El Gobierno cubano podía quedarse con esas propiedades, pero “pagando” a los afectados.

La Revolución no pagó nunca el expolio y la compañía que dirige Cabarrocas cree posible que ahora sí se pueda llegar a acuerdos.

—-  Avanzamos más en los últimos tres años que en los cincuenta anteriores.

A ver. No quiero poner en duda el optimismo del director de “1898. Compañía de Recuperaciones Patrimoniales de Cuba”, pero allá por el 1989 ya andaba gente en Galicia a vueltas con estos asuntos.

Yo compartí un almuerzo entonces con Raúl Castro, que “solo” era vicecomandante y ministro del Ejército. Impulsado por la petición que me hiciera mi cuñado Pepe Mato, le pregunté…

—- ¿Es posible, ministro, que Cuba devuelva alguna vez a los gallegos que se fueron de la isla su patrimonio?

A lo que me respondió…

—- El gobierno de la Revolución no expolió a nadie, amigo mío. El que se fue abandonó sus propiedades que pasaron a ser del Estado. Ellos se fueron porque quisieron, no porque los echáramos nosotros…

A mi vuelta ofrecí esta respuesta a mi cuñado que, como es obvio, echó pestes sobre el régimen cubano y especialmente sobre los hermanos Castro; pero tampoco comparte aquella verdad del hoy primer ministro la gente que acudió a la reunión convocada en Compostela por la compañía que dirige Jordi Cabarrocas…

—-  Meu tío conseguiu saír da illa, pero alí quedaron outros familiares, tamén sen nada, que despois lograron chegar a Miami. 

La respuesta se la da al periodista Carmen Folgar, vecina de Brión, que se presentó como sobrina de Ramón Folgar, el dueño del Hotel Tullerías de La Habana. Como prueba de las propiedades que le expropiaron presentaba una carta de 1959, en la que su tío detallaba todos sus bienes expoliados por la Revolución, entre otros y además del hotel, algunos locales comerciales.

A la reunión celebrada en Santiago también asistieron los familiares del coruñés Ramiro Sánchez Casteleiro, que fue el dueño del Hotel Perla de Cuba, que aún funciona en La Habana. Dijeron…

—- Tiene una habitación, toda de color rosa, que está intacta, intacta… igual que cuando Raúl Castro se hospedó allí. Y la abren en muy contadas ocasiones.

Según sus familiares, a Ramiro le habían dado un buen consejo…

—- Es una buena época para marcharte.

La compañía “1898. Compañía de Recuperaciones Patrimoniales de Cuba” les dijo que solo percibiría el 30% del valor de las propiedades que resulten devueltas a sus legítimos herederos, una vez que se logre dicha restitución. Siendo así, no hay nada que perder y mucho que ganar. Así que, esa gente hace muy bien en conservar la esperanza de heredar a ese tío que tenían en La Habana.

   

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