DE LOS RAYOS X AL FACE APP

…la inteligencia humana,  la única conocida capaz de imaginar y crear lo inexistente.

Por J. J. García Pena

A lo largo de toda la historia humana, cada descubrimiento, invento o idea innovadora, contó con abundantes detractores, no pocas veces armados de la represión más cerril, cuando no aplicando la desaparición lisa y expeditiva  del ingenioso de turno.

Los progresos tecnológicos, como toda expresión que represente alguna forma de avance sobre la superstición y la ignorancia, opuesta a la milenaria resignación doctrinaria  de «este valle de lágrimas» , siempre fueron objeto de burla y desprecio -hoy se hablaría de «bullying»- por parte de individualidades o de sectores sociales interesados en frenar, cuando no destruir en ciernes, esos avances que, educándolo, alejan paulatinamente  a todo el género humano de su condición zoológica de simple animal superior.

De entre el arsenal de malas artes  usadas por los negadores de toda realidad que perjudique sus intereses, extraigo esta perlita centenaria que curiosamente convierte en falaz y ridículo a quien pretendió ridiculizar, a su vez, el logro de un verdadero hombre de ciencia:

«… arte de ejecutar sombras chinescas sin candil»

Así, sin más y a la ligera, un médico devoto y conservador, calificó hace poco más de un siglo, un hallazgo científico que influiría, como pocos, en  la cantidad y calidad de vida de todos nosotros. El nombre del chusco ignorante no merece ser mencionado en la misma página en que rindo homenaje al físico alemán Röntgen, padre del fenomenal avance que representó el trascendental descubrimiento y uso del efecto radioelectromagnético  llamado rayos X, feliz corolario de la suma de conocimientos de muchos científicos anteriores  y también de  contemporáneos de Röntgen

Por burda y pobre que nos resulte tal estulticia en labios de un personaje de hace cien años, intentando opacar con su  lamentable sarcasmo  el mérito del científico, no debiera  extrañarnos su conducta, habida cuenta de que, aún hoy en día, a plena luz y  juventud del  siglo XXI,  hay quienes afirman que la Tierra es plana con la misma convicción con que otros claman que  el hombre nunca pisó la superficie lunar, tal como  otros, otrora, divagaban sobre el sexo de los ángeles o se cuestionaban si los africanos y los indígenas americanos carecían de alma. 

¡Qué más quisieran algunos que tuvieran  menos alma que un buey o un caballo, para poder abusarlos como a ellos,  sin ley civil ni «moral» que lo impidiese!

Pero resultó que nuestros hermanos morochos y cobrizos son tan almados o desalmados como nosotros, los civilizados carapálidas, frecuentemente de corazón turbio.

Hay ejemplos de tales barbaridades y sandeces como para llenar libros y bibliotecas inacabables. Pero hoy me centraré tan solo  en un novedoso e inquietante  entretenimiento  que nos divirtió durante los últimos días y pasó -sin término medio-  de ser un simple pasatiempo, casi a preocupante cuestión de estado pues, según la prensa, es capaz de hacer tambalear individuos y quizás sociedades enteras. Creo que ni tan calvo ni con dos pelucas.

Me refiero a la aplicación modificadora de caras o Face App, por su nombre en inglés.

El caso es que alguien le halló un uso sensato, útil y generoso  al juguetito. La técnica de rejuvenecer o envejecer, artificial pero creíblemente, un rostro (anhelo anterior a la fotografía y posiblemente al retrato pintado)  a partir de un dato cierto o presumible, data de muy antiguo; pero nunca habíamos llegado a este grado de perfección actual.

Hasta ayer nomás se confiaba a la mano, con perspicacia y del artista, la semblanza «actualizada» de  un rostro  en proceso de  búsqueda tras una desaparición prolongada.

Hoy se nos informa que,  en China,  una sociedad humana con más de 1.300 millones de personas, gracias a los logros de la ciencia, auxiliada por una de sus ramas,  la informática, un joven de 21 años fue localizado e identificado -ADN mediante- gracias a haber «previsto» su apariencia actual basada en un registro fotográfico que le fuera tomado a sus tres años de edad, ¡18 años antes!

Vamos aprendiendo.

Nos caemos y levantamos una y otra vez. Pero, evidentemente,  somos menos «embaucables» que antaño. Y al levantarnos del suelo, lejos de desorientarnos por el golpe,  retomamos la dirección correcta, la única válida: hacia adelante.

Tal vez por eso, por acumulación de experiencias propias y desechando mitos castradores, nuestra cruel, empecinada  y magnífica especie, cada vez menos toma a broma los diversos y maravillosos avances de cualquier tipo,  producto, siempre, de la inteligencia humana,  la única conocida capaz de imaginar y crear lo inexistente.

Modificando, como hizo siempre y en su provecho, el futuro que anhela y seguirá creando con valentía, venciendo mitos y terrores,  sin más ayuda que su colosal intelecto .

Quizás, entonces, cobren sentido las reflexiones de un oscuro dubitativo  que un día se preguntó:

¿Qué sería del humano si aquel lejano ancestro

no venciera el espanto que le produjera el trueno,

y no aprendiese del rayo los beneficios del fuego?

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