DE MAR A MAR

LA ARENA, EL VIENTO Y LA ROCA

Ya ves, otra vez brilla el sol que no quema sobre la Tierra Única. Así que mí propuesta para que me acompañes en el inicial paseo de la semana es esta: caminemos juntos por los senderos de madera que conducen a la playa bonita.

Quiero que sientas el placer de contemplar un mar y un océano. Disfruta del agua de que se estira sobre el ocre de la arena, procurando el sol que se posa sobre ella. Contempla como vienen y van las olas… para que vuelen los más jóvenes imitando a sus compañeras, las gaviotas. Admira como rompe la calma la proa del barco que en la lejanía se deja mecer por el viento. Y al final, quédate maravillado por la obra que es capaz de esculpir nuestro mar del norte.

LA ARENA

Por la arena de la playa un sol tímido persigue la sombra de las nubes mientras las meigas dejan sus huellas en la parte mojada. Bajo el agua,  bailan invisibles el pulpo y la nécora, y miles de peces corren enloquecidos por el espacio.

Estamos en el lugar que persiguen surfistas, bañistas y amantes de la naturaleza más viva, para perderse en la cresta de una rumorosa ola, para sumergirse en las aguas atlánticas de intensos verdes y azules, o para simplemente respirar el viento “nordés”, el que nos devuelve el sol de cada verano.

 

Te he traído al espacio natural de A Lanzada porque goza, al norte, de la calma de la Ría de Arousa que busca refugio en la Ensenada de O Grove… Por el sur, el Atlántico abierto al horizonte verdiazul envía sus olas a los surfistas… Y en el Istmo, ya ves, miles de especies únicas decidieron quedarse a vivir.

Todo este territorio marítimo terrestre es un reino de arena que preside Nosa Señora, la virgen milagreira que cura meigallos y salva náufragos desde su Ermita, testigo de la historia de mil años cristianos y de otras mil batallas paganas.

Este mar y esta playa tienen leyendas y creencias propias, aún vivas, que se manifiestan cada último domingo de agosto, cuando este bello entorno se convierte en romería tradicional…

Tarde-noche de fiesta hasta el amanecer: la hora “meiga” para que la mujer madura tome el baño de las nueve olas, el baño de la fecundidad…

EL VIENTO

Te abro ahora la ventana por donde asoma el inmenso horizonte marino que llaman de la Muerte para ver como los barcos estrellan su proa en el océano, del que emergen y se sumergen en la lejanía, mientras el viento nos trae su mensaje:

Esta costa es una sucesión de rocas marinas que interrumpen enormes playas vírgenes. Las rocas están habitadas por el percebe sabroso, pero se envuelven en el mágico rumor de olas que a veces cantan lúgubres cánticos… y otras escupen belleza con blancura de espuma…

Aquí, nuestro tiempo pegado al mar inmenso transcurre entre lo mítico y lo terrenal. Las playas son la paz y la calma porque en ellas las olas purifican el espíritu. Y la blanca espuma de los acantilados refulge por la fuerza del océano impulsado por el viento.

El  viento nos devuelve la música de las nereidas que habitan la isla que hay junto al faro cuando, la sombra estalla hacia el sol… El Atlántico ya duerme y resplandece como el oro cuando el astro rey sigue el incomparable rito de cada día…

LA ROCA

Las olas pronuncian ahora su sinfonía contra la roca… Este es el mar gallego. El Cantábrico, el gran creador de estatuas y catedrales de piedra, en los lugares mágicos que nunca te cansarás de contemplar.

Cuando llegas… te enamora. Y por eso vuelves una y otra vez a lugares a los que hay que ir a propósito. El Cabo Ortegal, los acantilados de Loiba, la playa de As Catedrais… Son nombres que te suenan, ¿Verdad?   

En el Cabo Ortegal están Os Aguillóns, punto estratégico que la Naturaleza creó para que se unieran en perfecta conjunción los dos mares de Galicia.

Los viejos pilotos de aquella primera guerra, héroes por el mero hecho de volar, lo eligieron como punto de referencia desde la altitud donde a ellos no se les veía.

Y dicen los marinos de la estirpe de Cariño que es el lugar perfecto para pescar la robaliza, el sabor de los sabores.

Crucemos la ría de los juncos, que he de llevarte a la  costa de Loiba,  una auténtica sucesión de monumentos naturales. Este es el litoral más salvaje del Cantábrico, y también el más desconocido.

El mar esculpió en esta zona impresionantes acantilados y cuevas para convertir el itinerario en uno de los lugares más atractivos del litoral gallego. ¿Te fijas?

Aquí tienes tus miradores de lujo, playas vírgenes como la de O Picón y escaleras de vértigo que descienden por los acantilados. Para mí esta es la costa prodigiosa.        

Este Cantábrico siempre es muy generoso conmigo, porque permanece en marea baja para que pueda fotografiar y asombrarme otra vez con As Catedrais, su gran obra. Hoy imagino como el Maestro Mateo se encontró con Neptuno y construyó para él este refugio que todos llamamos la Catedral del Mar.

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