¡DÉJENSE DE ESTUPIDECES, SEÑORES DE LOS GOBIERNOS!

A estas alturas de mi vida, cuando el único deporte que practico a diario es el de la conversación, no me puedo creer que a la izquierda española y también a los nacionalistas les preocupe tanto el Valle de los Caídos y se propongan, entre todos, levantar la pesada losa bajo la que deben de estar bien tapados los huesos del dictador Franco.

Lo digo porque ese proyecto político no figura para nada entre las prioridades de la gente común de esta España que fue víctima de una guerra cruel y como consecuencia de la victoria de los malos malísimos pasó cuarenta años de carencias de todo tipo.

Yo abogo por no destapar la caja de los truenos, pero no por respeto al causante de aquellos pesares, sino porque la nación de las naciones debe de atender antes a otras muchas prioridades que pasan por aumentar el bienestar de sus ciudadanos.

Eso significa que los dirigentes políticos deben de dejarse de estupideces y centrarse en mejorar la educación, la sanidad, las pensiones, la atención social y todo aquello que estábamos a punto de conseguir antes de la depresión económica.

Sea dicho esto con todo mi respeto para quienes sufrieron a Franco y sus secuaces, como me ocurrió a mí y a mi familia.

Verás. Si nos hubiéramos ahorrado las sandeces políticas y también el rescate de los bancos seguramente la crisis hubiera pasado sin el deterioro de los servicios indispensables para el bienestar social.

Un ejemplo. Aún recuerdo el día en el que al alcalde de Ribadeo y sus munícipes afines se les ocurrió construir la Casa da Ría. Decían que era la guinda a la política medioambiental del municipio: salas de exposiciones, despachos varios, un salón de proyecciones y el más moderno observatorio astronómico, el primero de la provincia de Lugo. Total, cincuenta millones de las antiguas pesetas compartidos entre Xunta, Diputación y Concello.

Desde hace años al observatorio ni se le abre la cúpula y su telescopio apunta al techo de metal. En cualquier caso, ya suponéis que el clima de Ribadeo pocas noches adecuadas ofrece para permitirse tal lujo astronómico.

Este no es el único despilfarro, que hay sobrados ejemplos en el país; comenzando por lo que se decía iba a ser el panteón de Fraga, la locura del arquitecto Eissman en el Monte Gaiás, y siguiendo por más de un ciento de las nada frecuentadas casas de la cultura que se construyeron en Galicia durante la Transición para que se notara que también en los pueblos había políticos.

No te digo nada si te pones a sumar los derroches estatales, con esos aeropuertos en los que no hay aviones, las macro estaciones donde no para el tren, las autopistas por donde no van los coches y un sinfín de modernos museos municipales, bibliotecas en las que no hay libros, pabellones deportivos a los que no van los deportistas o auditorios donde no se celebran conciertos…

Incluso hubo cierta clase política que llevó a cabo verdaderas burradas, como la de urbanizar una carballeira en Proupín para construir con cemento y hormigón una pista polideportiva que nadie usó jamás. Hay algunos de por aquí que, cuando pasa por delante de la mansión de un excalde, dice…

—- ¡Esta casa saíu pola porta do Concello!

Cosa que no me extrañaría.

Así que, señores de los distintos gobiernos inversores hagan el favor de ocuparse en aquellos asuntos de interés para la mayoría de los ciudadanos y olvídense de tonterías como la de mirar hacia tiempos pasados… Para bien de todos, espero que no se produzcan nunca más tormentas como las de antes y después de aquella guerra. 

   

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