DEMASIADAS RANAS EN SU CHARCA, SEÑORA AGUIRRE.

 

Hace un año y medio, en la Asamblea de Madrid, Esperanza Aguirre pretendía dejarlo claro…

—- Debo haber nombrado a unos 500 cargos en mis 33 años de vida política. Me han salido rana solo dos.

Pero le fallaron las cuentas, porque han sido muchos más los hombres de confianza que resultaron ser presuntos corruptos e incluso corruptos sin presunción. La charca está llena de ranas procedentes de la Púnica, de la Gürtell y ahora del feo asunto del Canal de Isabel II:

Ignacio González, Francisco Granados, Alberto López Viejo, Beltrán Victoria, Salvador Victoria, Lucía Figar, Isabel Gallego, Clemente Aguado, Alfonso Boch, Benjamín Martín, Arturo González Panero, Guillermo Ortega, Jesús Sepúlveda, Ginés López…  

Estos son sus nombres, sus hombres y también sus mujeres. Todos la llamaban Espe y todos están acusados de corrupción, incluso alguno se halla en la cárcel.

Ayer Esperanza Aguirre declaró ante el tribunal de la Audiencia Nacional, que enjuicia el caso Gürtell y volvió a echar balones fuera, diciendo cosas así…

—-   No sabía quién era Correa ni mucho menos si tenía empresas. Jamás he hablado con él. No me ocupaba de la logística. No tenía competencia en contratación, no era mi función. Con los regalos lo tengo claro: si son de valor los devuelvo; si son propagandas, libros o chocolates se lo quedan el gabinete o la secretaria…

Aguirre culpó de todo al PP Nacional pero…

Luego se le saltaron las lágrimas cuando tuvo que enfrentarse, a la salida del edificio, a los medios de comunicación, que le preguntaron su opinión sobre esos 60 millones que supuestamente se llevaron de los fondos del Canal de Isabel II, Ignacio González y sus doce apóstoles.

Con la voz entrecortada, dijo…

—– Jamás nadie me ha podido acusar de haber hecho una cuestión incorrecta y por tanto para mí lo de Ignacio González sería muy lamentable.

Antes dijo estar “conmocionada” por la detención de González y por “el calvario que está pasando y el que le queda por pasar porque la Justicia es muy lenta en España”.

Como si la Justicia tuviera la culpa de tanto choriceo y no las malas prácticas de las que responsabiliza al PP Nacional.

Esta escena protagonizada por Esperanza Aguirre ante cámaras, micrófonos y bolígrafos es a mí entender el final de una época de hacer política en la capital del Reino. No sé si presentará su dimisión como portavoz en el ayuntamiento de Madrid, pero nadie ha salido tan mal parado de una actuación pública que duró más de tres décadas… y todas ellas en la cota más alta de la política.  

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