DONDE EL CANTÁBRICO CONSTRUYÓ SUS CATEDRALES

Te confieso que, de siempre, soy un adicto a los buenos documentales, por eso valoro mucho a la BBC como productora de este tipo de espacios televisivos nada fáciles de realizar. Su prestigio no voy a descubrírtelo ahora, en esta era digital en la que los medios técnicos aumentaron sensiblemente la calidad de la imagen.

A la televisión pública británica hemos de agradecerle los gallegos que haya incluido en el que está considerado como el “mejor documental marino de la historia” a uno de nuestros más visitados y renombrados monumentos naturales…

La playa de As Catedrais comparte cartel con el Ártico, la Antártida, Las Galápagos o Nazaré, en “Blue Planet II”, serie presentada por Sir David Frederick Attenborough uno de los naturalistas más importantes del mundo, al que muchos consideran el inventor de los documentales de naturaleza. El año pasado cumplió nada menos que 65 años en televisión. Ingresó en BBC en 1952. Es todo un mito a nivel internacional.

La voz de Sir David describe como “el poder de las olas va moldeando gradualmente nuestras costas” y muestra al mundo con imágenes increíbles los arcos de roca de la playa de Ribadeo que nos recuerdan a los arbotantes de las góticas construcciones catedralicias. As Catedrais es un ejemplo único de la erosión más espectacular del Cantábrico, ayudada por el material de las rocas –pizarra y cuarcitas- y también por su estructura.

Cuentan los expertos que los actuales arcos tienen 135 mil años de edad y que su estabilidad parece estar garantizada durante, al menos, los doscientos próximos. En España “Blue Planet II” la emite Movistar+ y en Inglaterra bate records de audiencia con una media de un 37% de share por capítulo. Pero tienes muchos más motivos para visitar Ribadeo, además de su principal monumento natural.

Ribadeo es la puerta norte del país, siempre abierta para que vengan a vernos los primos hermanos… cruzando el puente que llaman de los Santos, tal vez porque es ruta xacobea, frecuentada aún por peregrinos llegados desde la vieja Europa.

Es aquí donde  la perspectiva de una hermosa ría común  casa a Galicia con Asturias. Una ría mágica en la que la villa acuesta su perfil para mirarse en el espejo de plata final del Eo.

Aunque, a gallegos y asturianos también nos hermana el Cantábrico, creador de las esculturas de piedra que solo bailan con las olas; y de las playas donde las nereidas buscan los placeres del sol y del agua.

Ribadeo es villa donde nació gente de mar acostumbrada a la aventura de cada marea; y gente de tierra, hospitalaria y generosa, nacida de la vocación errante de sus aventureros antepasados, aquellos a los que llamábamos indianos.

En el Faro do Castro golpea el mar y se produce el milagroso origen de la ría. Esta es  la génesis del paisaje del éxtasis que esta vez nos cautiva.

Además de monumental Ribadeo es también villa histórica y colonial. Posee edificios magníficos levantados por indianos y casas blasonadas que hablan de su nobleza. Iglesias y viejos conventos medievales. Un puerto que fue antiguo, origen de todo. Nació en un castro con tesoro, cuyos vestigios siguen mirando al mar  y es centro urbano que te permite admirar el “art déco” de la Casa de los Moreno o el versallesco pazo de los Ibáñez.

Junto a la playa de “As Catedrais”, estos son  los símbolos más llamativos de un turismo fiel, que persiste y subsiste en la modernidad del siglo XXI, cuando ve sensiblemente aumentados los servicios de hostelería, con un  parador excepcional, varios hoteles y numerosos alojamientos de tipo rural.

No olvides que Ribadeo tiene aires mestizos entre lo asturiano y lo gallego, que por algo es límite entre las dos comunidades y a la vez puerta de ambas.Te invito a conocerlo, es uno de esos lugares mágicos a los que hay que ir a propósito.

Y si tienes tiempo acércate hasta Rinlo un pequeño puerto capaz de sobrevivir a la modernidad de la concentración de servicios, en el que todavía es posible disfrutar del más sabroso marisco,  pescado de manera artesanal.

Rinlo es un refugio natural en el que se creó la primera cetárea de Galicia para superar los inviernos de borrascas. Por eso en sus restaurantes siempre hay buena langosta o bogavante. Y tienen merecida fama los percebes y la centolla cantábrica.

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