EL CASO SONIA IGLESIAS

Fue el 18 de agosto de 2010, por la mañana, cuando la pontevedresa Sonia Iglesias fue vista por última vez. Según la investigación había ido a dejar unos zapatos al taller de un profesional, sobre las diez de la mañana, andando… y a partir de ese momento es cuando se pierde su rastro. Si bien, a las 11’40, un ciudadano encuentra su cartera muy cerca del poblado marginal do Bao, la policía estima que allí no la dejó Sonia, sino que fue abandonada por otra persona sobre las 10’30.

El que hoy resulta primer sospechoso, su ex pareja Julio Araujo, Tenía entonces coartada y testigos: estaba en un bar durante el tiempo clave de la desaparición de Sonia. Este fué principal argumento para que el asunto se archivase, en el 2015, tras un lustro de investigaciones.

Se para entonces la acción judicial, pero un policía no está dispuesto a abandonar el caso. El inspector repasa pruebas y busca cabos sueltos, revisa los testimonios y recaba más informaciones. Va elaborando informe tras informe… hasta que consigue que la desaparición de Sonia Iglesias vuelva a la mesa del juez y este reabra el misterioso asunto la semana pasada, casi trece años después.

Comienza entonces una nueva búsqueda de pruebas, en la que participa no solo la Policía pontevedresa sino especialistas llegados de Madrid con sofisticado instrumental.

Se centran en el inmueble propiedad de la familia Araujo. Se imputa a los dos hermanos, Félix y David Araujo, al mismo tiempo que en la casa y en la finca que la rodea, efectúan registros, catas y vaciado de pozos.

El trabajo exhaustivo de los agentes da como resultado la recolección de cierto material, entre el que se incluyen restos orgánicos. Todo está siendo analizado pero aún no hay resultados.

A partir de la reapertura del caso, los dos hermanos Araujo figuran como principales sospechosos de la desaparición de Sonia Iglesias. Pese a que las diligencias son secretas y ellos se han negado a declarar, trascendió que hay un cambio sustancial en su situación: ahora se les investiga a ambos por homicidio.

La policía, tras las investigaciones llevadas a cabo en los últimos días, cree que la clave está en el panteón familiar de los Araújo, en el cementerio pontevedrés de San Mauro y a escasos cincuenta metros de la casa, inmueble que por cierto había sido puesto a la venta antes de la reanudación de las investigaciones.  

Este panteón, identificado como “Familia Araújo”, acoge 35 nichos de los que la gran mayoría se encuentran vacíos. Por el momento, el Juzgado de Instrucción número 3 de Pontevedra no emitió orden judicial respecto a este panteón, para analizar si entre los restos que allí se encuentran alguno corresponde a Sonia Iglesias. Los agentes no tienen aún pruebas relevantes; o eso parece.

El caso se complica aún más ya que Julio Araújo, el principal imputado, ingresó el fin de semana pasado en el Hospital Clínico Universitario de Santiago por un proceso respiratorio severo, que en los últimos días le  mantiene en estado crítico.

Hay cierto hermetismo en relación con una posible intervención quirúrgica que hasta el momento no se ha llevado a cabo.

La investigación continúa.

  

 

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