EL “CHANCHO” ES INOCENTE

En Uruguay decimos que ” la culpa no la tiene el chancho, sino quién le rasca el lomo”.

Por J.J. García Pena

 

Neymar se va, no por hambre ni por dignidad, sino para ganar más.

Además en España, desde hace años, Hacienda acosa a las folclóricas y a los deportistas  como si fuesen personas mortales, ignorando el estatus de semidioses que los fanáticos les otorgan, ¡jé, jé!

Neymar , entre otros pares, a todas luces  es (o al menos lo tratan como si fuese) un dios del balón a sueldo. Y, ya puesto precio a su cuerpo, hace muy bien en venderse a la mejor cotización.

Se va del Barça y no se traiciona  a sí mismo ni a su patria.  Simplemente cambia de bando por un sueldo mayor.

—- ¿Y qué?

Muy pocos se jubilan en el primer trabajo en el que se iniciaron. Ni en el segundo.

Neymar (y dos mil más) es un mercenario,  y no lo ve el que no quiere verlo. El mercenario, como el sicario, se vende a la mejor oferta. Carece de moral  o la acomoda a sus intereses,  que es peor aún.

 —- ¿Qué tiene de extraño que, en un mundo corrupto, un mercenario se venda al mejor postor? ¿Acaso no sabemos todos  que un jugador comprado o alquilado para reforzar artificialmente el poderío inexistente de nuestro equipo, con el fin de derrotar y humillar a toda costa al rival, no tiene más amor y pasión por éste que el dinero que le pagarán?  

Quien compra o alquila a un sicario o un mercenario no tiene mejor moral que él.

 —- ¿Acaso no aprobamos, en las canchas y en las pantallas, que un excelente jugador gane más que un excelente maestro o un excelente médico?  ¿Acaso el fútbol – como el toreo o el boxeo, sin mencionar  otras actividades denigrantes- no es una de las pocas salidas que se le ofrecen a los niños más vulnerables del planeta, para lograr éxito y dinero  a unos niveles obscenos sin necesidad de estudiar ni educarse?

Nadie dejaría que sus niños se acercasen a fotografiarse con Neymar si  fuera un buen mecánico o albañil.  Ni le abrirían la cancela de sus casas si fuera un vendedor ambulante.

Estos son los mensajes con que se nos bombardea a diario  sobre el poder del dinero. Lo más triste es que también lo reciben y procesan, especialmente deformado en sus mentes vírgenes, los jovencitos.

Luego nos preguntamos, sin razón y con cinismo, por qué estamos cómo estamos…

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