EL DRON, DE JUGUETE A SALVAVIDAS

Por J.J. García Pena

Nuestro maravilloso tiempo abunda en sorprendentes invenciones que retroalimentan nuestra imaginación, formado un círculo virtuoso, disipando toda barrera y dando rienda suelta  a múltiples y novedosos usos.

Hoy le toca el turno al dron, ese recurso aeronauta que no ha pasado desapercibido para operadores de entrega logística de paquetes a domicilio ni a  sobre vuelos nocturnos y carcelarios para suministro expreso de armas y drogas, aprovechando el aún vacío legal de sus vuelos silentes.

Ayer, por TV, pude (pudimos todos) disfrutar, casi participar, de un nuevo deporte, cuyo antecedente más remoto consistía en un intrépido que se deslizaba sobre unos patines acuáticos mientras una lancha lo remolcaba, halando de él, desde el mismo plano acuoso. No faltó el corajudo que, inspirado en el exitoso remolque, decidió cambiar los esquíes por alas y así consiguió el ala delta con tracción a bote .

Como te iba contando, ayer fui testigo del trillado deporte, hoy mejorado por la inventiva de quien se atrevió a usar la potencia del celestial dron como nueva y formidable forma de arrastre deportivo.

Ante tamaña manifestación de ingenio popular no pude menos que asociar esa diversión con su posible aplicación, en toda la franja costera  y fluvial de cualquier país, como utilísima herramienta,  especialmente en aquellos en que el turismo estival hace confluir enormidad de personal en sus playas.

¿Por qué no usar, entonces, drones como “celestial” ayuda en las tareas de vigilancia y riesgoso salvamento, hasta hoy confiadas totalmente a la fortaleza y pericia de un buen nadador humano?

Es fácil imaginar el enorme potencial de servicio que podrían prestar estas mini naves que hoy son capaces de remolcar a un esquiador náutico.

¿No sería posible que uno de estos robots, teledirigidos desde la costa, soltara sobre una persona en trance de ahogarse una cuerda rematada en un salvavidas al  que pudiera asirse hasta remolcarlo rápidamente hacia la costa, en donde recibiría atención sin riesgo de terceros?

O bien como complemento de salvamento manejado desde tierra, sobrevolando, fijo, el lugar con su soga y flotador pendiente, mientras el salvavidas humano llega nadando hasta el siniestrado, pero sin el impedimento de llevar consigo el flotador que lo retrasa.

Es solo una idea, y puede ser imperfecta y hasta  impracticable, pero no es mala cosa intentar encontrarle uso al nuevo invento, ahora en defensa de la vida,  así como le encontraron placer los deportistas y malas artes los delincuentes. 

¿Seremos menos capaces que ellos?

 Tal vez el próximo verano sea habitual ver los drones detenidos en paciente estado de alerta,  en las atalayas de todas las estaciones salvavidas playeras.

Los usuarios de las playas de Montalvo y Silgar, en Sanxenxo,  disponen desde esta semana de un dispositivo de vigilancia y seguridad aéreo a través del uso de drones. El  martes por la mañana se realizó una demostración en la playa de Montalvo.

El dispositivo especial permite el manejo de drones en el arenal con una doble función. Por una parte un equipo permite la transmisión de mensajes de voz para situaciones como la advertencia a bañistas o a embarcaciones de la necesidad de alejarse de zonas de peligro o que supongan riesgos para el baño. Otra función es la intervención rápida, para por ejemplo, el envío a bañistas en apuros facilitándoles con el dron un flotador para las personas que se encuentren en problemas en el agua.

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