EL EX COMISARIO QUE “LO ARREGLABA” TODO

 

Dice un amigo mío ex poli…

—-  No te extrañe nada, siempre fue un cabrón con  pintas.

Pero, a pesar de ello, algunos famosos y los que no lo eran tanto, cuando tenían ciertos problemas… acudían a él.

A José Manuel Villarejo Carpo, a ese inspector que se curtió en la comisaría de San Sebastián de principios de los setenta, la misma cuyos muros fueron testigos mudos de torturas no solo a etarras si no también a ciudadanos y ciudadanas donostiarras que no habían cometido ningún delito. Ahí empezó su vida policial, en la llamada “Brigada Antiterrorista” de la dictadura.

Por aquel entonces la comisaría de Donosti estaba bien nutrida de maderos salvajes, como el que apagaba los cigarrillos en los pezones del pecho de la novia de algún detenido para que confesara su pertenencia a ETA. Esto le pasó a la pareja del Txiquia, una joven de 19 años que acudió a mí para contarme lo que le habían hecho porque… yo “era de los que hablaban por la radio”.

A Villarejo le concedieron por aquella etapa la Cruz al Mérito Policial con Distintivo Blanco, medalla por la que obtuvo un plus económico media vida y que le valió el ingreso en el epicentro de lo que llamamos “las cloacas del Estado”.

Pero el ya comisario estaba poseído por la ambición y aprovechó sus condiciones laborales para montar su alcantarilla personal, que tenía como tapadera una agencia de detectives y un despacho de abogados. El tipo, en su nueva etapa como empresario lumbreras, manejó casi cincuenta empresas con un capital social próximo a los 20 millones de euros.

También he de contarte que hubo un tiempo, a finales del siglo XX, en el que semejante personaje se incorporó como agente operativo “encubierto” a la Secretaría de Estado del Ministerio de Interior, trabajo que compatibilizó con sus ilegales actividades detectivescas. Por estas, ingresó en prisión el 5 de noviembre del año pasado y desde entonces está internado en la cárcel de Estremera.

Desde allí se dedica a “denunciar” a todos los que se cruzaron alguna vez en su camino. Siempre presumió de…

—-  Hay que apretarlos hasta el achicharramiento y para eso hay que grabarlo todo.

¡Y vaya si tiene archivo sonoro!

Cuando en noviembre 2017 los agentes de Asuntos Internos de la Policía Nacional registraron el suntuoso chalet de Villarejo en la urbanización El Montecillo de Boadilla del Monte y su despacho en Torre Picasso… consiguieron grabaciones de unas 200 personalidades, perfectamente etiquetadas en archivos MP3 e incluso en aquellas cintas magnetofónicas de los noventa. Entre los nombres figuraba el propio rey Juan Carlos y otros miembros de la Casa Real, policías, banqueros, políticos, jueces, fiscales, periodistas, diplomáticos, abogados o empresarios.

Aquella operación la bautizó la policía como “Tandem” y uno de los agentes que participaron en ella dijo…

—- Probablemente hayamos conseguido dar con el archivo más sensible de la reciente historia de España.

Sin embargo, aquel material que encontraron solo eran copias de seguridad. Un delincuente tan sagaz como Villarejo, que tenía en su poder conversaciones grabadas a lo largo de los últimos treinta años, era lógico que hiciese hasta triplicados de ellas. Por eso el ex comisario presumía ante su círculo de “amistades” de tener suficientes mimbres como para “poner al Estado contra las cuerdas”.

Por lo de pronto, se conocen las filtraciones de sus conversaciones con el ex presidente madrileño Ignacio González, en las que le cuenta que tiene un ático en Marbella a nombre de una empresa ubicada en un paraíso fiscal; las de Corinna, que acusa a Juan Carlos de Borbón de llevarse crudas comisiones ilegales; y esta semana montó el lío con la grabación de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, a la que se escucha llamarle maricón al ministro del Interior, Grande Marlasca, cuando ambos formaban parte del poder judicial.

A Villarejo no lo toman a broma ni los jueces ni los fiscales: ha llegado a un punto de desesperación en el que anuncia que atacará a la línea de flotación de algunas de las instituciones más importantes del Estado. Dicen que la que puede liar… es mucho peor que el último chantaje al Gobierno. Y las expresiones que utiliza para amedrentar al personal por él grabado no dejan lugar a dudas…

—-  Yo soy un tipo paciente. Se esperar hasta pegar la hostia.

Los fiscales que están investigando sus “negocios” alertaron de “riesgos” a varias instituciones “para preservar la seguridad del Estado”.

Para mí, lo más grave de todo esto, es que las filtraciones de conversaciones informales grabadas por este mafioso sean también utilizadas por periodistas ávidos de escandaleras que siguen la corriente a los partidos políticos, de uno y otro bando ideológico.

Las elecciones están próximas y vale todo con tal de erosionar la integridad de los contrarios.

Los tipos como Villarejo, es cierto, terminan pudriéndose en la cárcel, pero también corrompiendo las buenas prácticas de esta sociedad tan imperfecta.

Lo mejor que podríamos hacer todos con José Manuel Villarejo es ignorarle a él y a sus fechorías, porque grabar una conversación privada sin el consentimiento de un juez es un delito. Aunque no lo sea difundirla.

¡Ah! Me perdonaréis vosotros, los gays; y especialmente aquellos que me honráis con vuestra amistad. Pero yo también os he llamado maricón en la intimidad. No creo que por eso sea peor persona. Al igual que la ministra a la que la derecha española quiere hacer dimitir… porque un mafioso grabó lo que se dijo entre él, un juez y una fiscal, hace nada menos que diez años. 

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