EL INOLVIDABLE PROFESOR ADOLFO LOZANO

Para que este sea un verdadero y real homenaje al amigo me he puesto el “Garufa” a todo trapo y he invitado a bailar conmigo a Gloria, como en los viejos tiempos. Lo hice para recordar juntos aquel viaje suyo a Buenos Aires y yo el primero de los míos, cuando tuve el privilegio de contar con un guía tan culto y ameno como el inolvidable profesor Adolfo Lozano Bravo, del que guardo los recuerdos más entrañables.

Ya estoy viejo y cansado de hacer tantos caminos, que tengo la frente marchita… pero gracias a aquellas jornadas de rodaje intenso en la Capital, siempre que escucho el dulce acento con el que me hablaba Lozano en mi idioma materno… pongo mucha atención… porque esa manera de decir… solo puede poseerla un argentino… nacido gallego o viceversa… que te invita a volver- volver a ese Buenos Aires querido.

Eso fue lo que hizo Lozano cuando, poco antes de su partida definitiva, nos reencontramos en la Compostela universal y fuimos bendecidos por el Hijo del Trueno con calor de Albariño y unas cuantas viandas de nuestros dos mares y de los huertos cercanos.     

Adolfo, nuestro gallargentino, era muy especial para mí y para todo ese mundo que en su día bauticé como el de la Galleguidad. Era especial porque hay que considerarlo como el gran conservador de la cultura gallega en Argentina, tanto desde su Cátedra de Estudios Galegos en la Universidad de Belgrano, como posteriormente en la de Morón o como cuando ejercía de indispensable colaborador de los medios de comunicación de aquí y de allá.

Adolfo Lozano nos transmitió a unos y a otros la necesidad de presumir de país y eso hicimos durante los veinte años que estuvo en antena “Desde Galicia para el Mundo”; y eso seguimos haciendo, ahora en el invierno de la vida, desde esta “Galicia Única” que peregrina paso a paso por el universo de la comunicación virtual tratando de trasladaros a todos aquel espíritu del gran profesor.

Quiero contaros una historia: Adolfo Lozano fue la única persona en el mundo que me llevó a disfrutar de la naturaleza en una urbe sobredimensionada. En el Parque Japonés me hizo ver con su sensibilidad especial que Buenos Aires significa diversidad y que por fortuna los gallegos formamos parte de ella.

En estos tiempos tan difíciles conviene que seáis portavoces de esta proclama de Lozano, con todos los recuerdos que contáis, de donde venís y quienes sois, para que esa gente que quiere levantar muros entre nuestras naciones sepa que no hay nada mas enriquecedor para un país que la confluencia de culturas.

Desde aquel día, en aquel lugar hermoso con Adolfo, amo el tango que mezclo siempre con la música de mis raíces de gaita. Procuro que ambas alegren mi vida en los días grises como alegraron mis estancias en la Capital un simple bandoneón callejero o aquellos gaiteiros de la embajada gallega.

Desde luego, siempre estará presente en mi memoria el recuerdo del querido profesor Lozano Bravo, al que consideré mi amigo, mitad porteño y mitad gallego. Esta semana le han rendido homenaje en la Casa de Galicia de Buenos Aires las gentes de bien, las que no olvidan la gran contribución del inolvidable maestro para que nuestra cultura aún siga presente en la misma ciudad donde se imprimieron libros y se cantaron cantares en nuestra lengua, hasta el punto merecer el título de “quinta provincia galega”.

Con la admiración que siento por el personaje único, gracias a quienes me han permitido estar presente, mediante este recuerdo escrito, en ese homenaje póstumo al profesor Adolfo Lozano Bravo.

 

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