EL NOLO

La conoció en pandilla en la playa de Mogor. Él tenía 18 años y ella 15 recién cumplidos. Nolo era de Seixo y Eva de Marín. Salían siempre en grupo, como era costumbre en aquellos inocentes setenta, cuando para besar a tu pareja había que esconderse tras las rocas o entre los pinos.

Aquella tarde, Nolo se había empeñado en enseñar a nadar a Eva cuyo cuerpo adolescente comenzaba a deslumbrar en bañador y hacía sentir concupiscentes deseos entre todos sus amigos. Ella era la más hermosa de toda la playa… ¡Mirases hacia donde mirases…!

—- Aquel día me enamoré. Hacía calor, mucho calor. Incluso al atardecer, cuando todo el mundo abandonaba la playa y nosotros nos quedábamos sobre la arena,  encadenados por incontroladas pasiones.

En realidad aquellos juegos eróticos no pasaban de simples toqueteos y algún beso corto, vergonzante. Los chicos nunca se atrevían a escalar el monte de Venus y ellas tampoco incitaban sus deseos más allá de lo permitido.

Pero fue Nolo quien tomó de la mano a Eva para entrar en el agua, una vez más, aquella tarde de Julio. Quería enseñarla a nadar e insistía:

—- Tranquila, es como si te tumbaras en mis brazos. Yo te aguanto…

Y así fue como Nolo sintió por primera vez sus pechos en sus manos al mismo tiempo que rozaba con su brazo aquel secreto tan inaccesible que Eva guardaba entre sus piernas.

El roce hizo hervir el agua de la ría y el muchacho sintió unas desenfrenadas ganas de apretar su cuerpo contra su pecho. Así lo hizo para mayor dicha de dos jovencitos que confundieron el amor con la pasión.

AMORES QUE MATAN

Fueron cuatro los domingos que Eva y Nolo se separaron de la pandilla,  una vez que desde Portocelo tomaban aquel sendero que conducía a Mogor. Los demás seguían hasta la playa pero ellos…

—- Nos metíamos entre los pinos hasta un lugar desde el que se contemplaba la ría, espléndida, más luminosa que nunca, llena de veleros navegando entre estrellas de plata. Nos decíamos mil palabras de amor y nos besábamos largamente…

Era la ceremonia previa al éxtasis de la masturbación mutua. Una, dos, hasta cuatro veces por cada tarde y hasta que el Sol se metía tras los montes de Samieira. Cuando la Luna aparecía de costado, se reencontraban con los chicos que venían de la playa y caminaban hasta la Alameda de Marín, donde aquel encantador “animador”, Ismael, se subía al palco e imitaba mejor que nadie a Abel, el cantante de la “Florida” de Pontevedra.

Allí se acababa la felicidad de Nolo,  pero los sueños proseguían en el autobús de O Seixo e incluso en su habitación hasta donde llegaba el eco de “Bésame mucho” cantado por Johnn Balan, el hombre orquesta que ahora ameniza bailes en los cielos.

Una semana por delante parecía un siglo hasta ese próximo encuentro con Eva. Nolo leía y releía un libro que contaba lo que era un coito y daba algunos consejos para que, la primera vez, fuera algo infinitamente placentero. Guardó en su mente detalle a detalle. Se masturbaba pensando en ese momento de felicidad plena que iba a vivir…

Llegó el domingo, último de agosto y el fin de aquellas excursiones por el sendero de Mogor

Al llegar al punto exacto, Eva y Nolo se alejaron de los chicos y subieron hasta el outeiro que, entre pinos, les permitía gozar de la verde hierba y de un paisaje asombroso. Comenzaron el ritual de otros días pero Nolo intentó seguir ya, paso a paso, los consejos de aquel libro sabio que le enseñó cómo llegar al éxtasis…

—- No, Nolo. Aún no. No estoy preparada. ¿No ves que soy una niña?

Aquella vez de nada servían las palabras de amor y los ojos negros de Eva resplandecían como el fuego de un infierno. Estaba aterrorizada porque esta vez desconocía a Nolo cuyos ojos verdes cambiaban constantemente de color, una y otra vez. Aquella mirada no podía ser buena

—- Harás lo que yo te diga, ¿Vale? ¡Venga! ¡Vamos a hacerlo!

—- No, por favor, no…

Con lágrimas en los ojos Eva resistió lo que pudo aquel dolor que le quemaba todo el cuerpo… Pero pronto dejó de sufrir. Nolo estaba fuera de sí…

—– Era el diablo, no era yo. Satanás cogió una piedra y la golpeó en la cabeza hasta que murió, desangrada…

Con toda frialdad, me contaba Nolo esta historia en un programa de televisión, “Galicia de Noite”, en 1986. Recuerdo su cara, sus ojos y su porte presidiario con permiso de fin de semana por buen comportamiento…

—– ¿Y cómo fueron los momentos posteriores al crimen?

—– Fui a casa, cogí una pala y la enterré allí mismo. En el mismo lugar planté un manzano con la idea de volver cada primavera a pedirle perdón.

Eva será mucho más feliz en el Cielo que lo fue en la Tierra y Nolo, a estas alturas de la vida, será un hombre maduro, ex presidiario,  que jamás encontrará la paz en ningún lugar del Planeta,  donde quiera que viva si es que aún vive…

(Todos los nombres son reales menos el de Eva, por respeto a su padre que aún sufre aquel recuerdo. Sin duda, este fue el crimen pasional más impresionante que se recuerda en Galicia).

Un Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *