EL ORIGEN GALLEGO DE ADOLFO SUÁREZ

Siempre he confesado mi admiración personal y política por el primer presidente que ha tenido la Democracia española, esta que tanto hemos deseado y que, al llegar el Tercer Milenio,  se ha convertido en una coqueta dama que cayó rendida en los brazos de gente demasiado ambiciosa.

Con Adolfo Suárez González y varios de sus ministros he tenido un trato directo; y ahora que los recuerdo a todos, uno a uno, les agradezco tanto la familiaridad como la confianza depositada en un periodista de provincias, al que encargaron sus dos campañas electorales más importantes, en la provincia de Pontevedra: la del “arrase”, en 1977 y la de la estrepitosa derrota, en 1982.

Me siento orgulloso de haber participado en ambas por el enorme éxito de la primera y por el triunfo que obtuvimos en la segunda, cuando uno de los 11 diputados electos de la UCD en toda España fue nuestro representante por Pontevedra, Jesús Sancho Rof, aquel titular de la cartera de Sanidad al que se le “cayera un bichito de la mesa” y pasó a la historia, muy injustamente,  como el “ministro de la colza”.

Estuve bastantes veces con Adolfo Suárez aquí y allá, en Madrid. Pero recuerdo tres ocasiones con especial cariño y lealtad, por diferentes motivos. Un paseo electoral por el casco viejo de Cambados, una cena mitin en A Toxa y un mitín en Lalín entre el alcalde Cuiña y Ramón Lareo, todo un personaje del galleguismo puro, el de aldea, ese que tiene más raíces que el carballo.

En Cambados se olvidó del séquito presidencial, me dio una palmadita en la espalda de aquellas que tan bien sabía dar, y me dijo:

—- Una brillante idea tuya esa de tomar unas “tazas” de albariño, me gusta eso de ir de tasqueo por este lugar…

Cambados entonces no gozaba de buena fama porque se le consideraba el epicentro del contrabando de tabaco y ya había paisanos que advertían de lo que iba a ocurrir:

—- Sr. Presidente. Están vostedes a perseguir o contrabando do rubio, que é do que se vive por aquí. I eu penso que fan mal; porque prohibir o tabaco vai dar paso a droga, que é mais fácil de meter… ¡Xa verá!

La reacción de Suárez fue totalmente institucional…

—- No se puede permitir ni una cosa ni la otra, pero habrá que pensar en otras potencialidades que traigan riqueza a estos lugares tan bellos de la Ría de Arousa… ¿Usted es contrabandista?

—- ¡Non o! ¡Eu son mariñeiro!

Con el tiempo supe que aquel mariñeiro tenía una planeadora con seis motores de 300 caballos cada uno… No creo que fuera para pescar.

Hasta A Toxa fuimos en mi coche, un Seat 132 que llegó a salir en la  desaparecida “Hoja del Lunes”, la que dirigía aquel incompetente llamado Gustavo Luca de Tena, como el vehículo “utilizado por un supuesto “comprador” de un concejal de O Grove para que votase a UCD en una moción de censura”.

Menos mal que en el Juzgado de Cambados instruía un juez cabal y serio, al que bastó una fotografía mía en la primera comunión del hijo de un amigo, hecha el mismo día en que aquel cabrón dijo que yo era un corruptor de concejales.

Seguramente los datos del coche los tomó, el mismo día que llegué con Suárez a la isla de A Toxa, algún espía del partido del concejal supuestamente tentado.

Pero el paseo en coche de Pontevedra a la isla con el entonces presidente del Gobierno fue una delicia; porque me brindó la oportunidad de conocer más en la intimidad a un hombre sincero, cercano, inteligente, culto y estudioso de esta mi Tierra de la que él es oriundo según me contó:

—-  Galicia me encanta, ¿Sabes?

—- Me consta presidente. Ha pasado aquí las vacaciones, en la “Atlántida”. Supongo que le gustará este lugar lleno de magia y de leyendas…

—-  Sí, claro, pero lo que más me gusta de Galicia son los gallegos. Esos que ni suben ni bajan la escalera porque quieren quedarse en el descansillo… en ese momento. Su inteligencia es como la naturaleza: grandiosa.

Excuso contarte como subió mi estimación en aquel momento y más aún cuando me confesó…

—- Yo nací en Ávila por casualidad. Mi padre nació en La Coruña y allí ejerció mucho tiempo de procurador de los tribunales. Nací dos años después de haberse trasladado a Ávila por cuestiones de trabajo… ¿Qué te parece?

—- Pues ni más ni menos, presidente: es usted otro producto de la emigración…

El día que fuimos a Lalín, en la misma campaña, la del 77, Adolfo Suárez estuvo conversando con dos personajes largo tiempo, antes del mitin que estaba previsto en el Pabellón de los Deportes. El primero de ellos, José Cuiña Crespo, por aquel entonces un joven alcalde. El presidente español sabedor de las peticiones que le esperaban siempre en cualquier ayuntamiento, le dijo:

—- Amigo Pepe, Lalín se queda pequeño para un político como tú, con tal capacidad de trabajo y conocedor profundo del galleguismo liberal. Debes prepararte para acceder a más altas responsabilidades.

Yo no sé bien si aquellas palabras del presidente tuvieron influencia en el futuro de Pepe Cuiña, pero no tardó ni un lustro en ser presidente de la Diputación. Luego, ya se sabe, iba para presidente de la Xunta cuando una infección hospitalaria cercenó su vida tras haberse salvado de un infarto.

Suárez habló en aquel mitin de Alfredo Brañas y yo me creí su espíritu autonomista cuando le comentó a Ramón Lareo:

—- Ya sé que a usted no le gusta la política, Ramón, pero estoy seguro que siendo diputado haría usted mucho por Lalín y por Galicia…

A lo que Ramón Lareo le respondió:

—- Deixe ir as cousas como van, presidente, que eu xa sei que non han de sair mais que tres i eu son o número catro.

—- Yo no le he dicho que vaya a ser diputado, sino que si lo fuera, podrían hacer mucho por su Tierra. 

A Suárez lo echó de la Moncloa la gente de su propio partido, de la UCD. Es decir, aquellos que veían en él a “un traidor de los principios fundamentales del Movimiento” y que por desgracia aún siguen en la política activa como miembros del Partido Popular. Es ese anexo al PP al que llaman la “derechona”. Son miuras de la política y se dedican a dar conferencias para disentir sobre lo que se está haciendo, criticando abiertamente la actuación de su propio partido. Presiden fundaciones, son consejeros de empresas públicas y de algún banco.

Cuando fundó el CDS, Suárez y yo seguimos en contacto e incluso le entrevisté en televisión. De haber tenido medios económicos estoy seguro de que el CDS hubiera sido ese partido bisagra que siempre necesitó España para evitar los abusos de poder, pareja indispensable en el baile de cifras de la corrupción actual.

Me hubiera gustado contar en este momento, en activo y en forma, con un Adolfo Suárez tan honesto como aquel que conocí aquel verano en la Atlántida, mirando de tarde el mar de A Lanzada y contándole la leyenda de las nueve olas que curan el meigallo de la fecundidad, mientras una joven aspirante a contratista de obras cruzaba sus piernas en provocativa actitud, al tiempo que fumaba un puro…

Cuando se fue y nos quedamos absortos en el mar de Ons me contó la recomendación principal que le había hecho Herrero Tejedor cuando le nombró gobernador civil de Segovia, su primer cargo relevante:

—- Adolfito es usted muy joven y seguro que tiene algunas necesidades que cumplimentar. Le ruego que las cumplimente en la provincia vecina; porque de esta es usted el gobernador…

Adolfo Suárez era, además de inteligente, un hombre guapo, de los que lucen en un poster y gustan a las mujeres. Me hizo reír siempre que estuve a su lado y solo una vez fue causa de mis lágrimas…

—- Mi  padre hace dos años que sufre demencia senil. Tiene alzheimer y no recuerda siquiera que fue presidente del gobierno de España.

La noticia nos la había dado su hijo Adolfo, por la tele, en una noche que recuerdo lluviosa, allá por Mayo del 2005.

Por Adolfo Suárez González sentí un profundo respeto y le echo mucho de menos en estos días de pandemia… aunque fuera desde la oposición pondría un poco de sentidiño en esta locura.  

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