EL “PETROLERO” DE LALÍN

¿Cómo sería aquel Lalín de mediados del siglo XX? ¿Te lo imaginas? Es más… ¿Puedes suponer como transcurría la vida en aquellas aldeas pequeñas del corazón de Galicia?

Hubo un tiempo de mi vida en el que yo iba a Lalín todas las semanas. Cuando dirigía Cadena Radio Noroeste y hacía esos programas que tanto me gustaban. Conocí allí a gente que hoy es amiga indispensable y a otra que lo fue en vida. Por ejemplo, Pepe Cuiña.

Recuerdo que, cuando me llevaba al interior del municipio siendo aún alcalde, siempre me decía:

—- Antes, en nuestras aldeas nacían los niños con una maleta. Ahora no emigra nadie. Ni siquiera por aventura…

Eran los años ochenta, década prodigiosa, de despegue, de idas y vueltas, nadie hablaba de crisis y el polígono industrial crecía y crecía. Lalín estaba de moda gracias a Florentino y su carpintería de aluminio ya daba vueltas al mundo…          

Aunque por el mundo andaban aún muchos de sus más valiosos hijos, como Benito Blanco Álvarez, uno de aquellos aventureros que, allá por los cincuenta, veían en la otra orilla atlántica un futuro mejor…

A Benito me lo presentó Pepe un día de esos de verano en que se caían los pájaros y curábamos el calor con una caña de cerveza. Yo estaba a punto de comenzar un programa de radio en Buenos Aires, que por cierto nunca llegó a emitirse; y aquel hombre me había impresionado por una sola frase:

—- En la vida tienes que hacer de todo para valorarla más…

Benito Blanco me contó entonces que cuando llegó a la Ciudad Autónoma comenzó trabajando en la hostelería…

—- Fregué platos, hice de camarero, también fui cocinero y terminé comprando un restaurante… Porque lo mío eran los negocios, claro.  

Benito Blanco se dedicó al petróleo y le fue tan bien que por allá aún le llaman el Rey… Aunque, si te digo la verdad, parece más republicano que monárquico, porque cuando habla de política…

—- Los gobiernos no andan bien porque hay malos políticos. En el caso de Argentina, la gente es tan noble que se deja manejar fácilmente. Cuando hay políticos en el poder sin escrúpulos, manejan al pueblo a su manera. Y el pueblo se deja llevar…

Benito es hombre de dos patrias; como casi toda esa generación errante nacida a la sombra de los carballos y crecida en una gran metrópoli. Ama Argentina y lleva Galicia en el corazón. Tiene dos acentos porque utiliza dos idiomas. Y se deja querer…

—- Jamás me sentí extranjero en Argentina. Los argentinos son gente muy noble, cariñosa, con modos y modales parecidos a los de los españoles.

—- Incluso en aquellos principios, allá por 1952…

—- Yo no tengo estudios y no se me caen los anillos por nada. Conseguí ser empresario. Mas o menos importante porque tuve suerte. Porque mis empresas adquirieron cierto protagonismo.

—- ¿Y por qué en Galicia no dejan ustedes poso empresarial?

—- No es verdad. Aquí fundé, junto a Florencio Aldrey, “Prolipileno Galicia”, que abastece el 40 por ciento  del mercado español, importando el producto de Alemania. Hoy “Prolipileno Galicia” es la número uno de Europa y para mí es un orgullo y un gran honor haberla fundado…

Es curioso. Los gallegos nunca olvidan la Tierra, son morriñentos, incluso mucho más solidarios en el exterior que aquí; pero aquellos emigrantes de mediados del siglo XX son de ida y vuelta. Vienen de vacaciones y se van a vivir al país que les dio la vida…

—-  Llevo muchos años allá y estoy muy acostumbrado a la Argentina. Allí pasé los 58 años mejores de mi vida. Yo no tengo muchas ganas de volver, la verdad…

A veces aquí le llaman el argentino y allá supongo que el gallego, pero Blanco sabe jugar muy bien con sus dos patrias… La de sus padres y la de sus nietos, siete en total de tres hijos.

Benito Blanco dejó ya la empresa petrolera. Llegó a una dirigir una plantilla con 53 ingenieros  y dice que todo eso se consigue más con intuición que con suerte. Sin duda es un personaje… ¡Único!

Aquella calurosa tarde, en Lalín, de esas que no se olvidan, me dio la sensación de que veía ya en Cuiña gente con mucho poder, porque le decía…

—-  No a toda nuestra gente le va como a mí. Los hay que lo están pasando muy mal y vosotros, los políticos, tenéis que echarle una mano desde Galicia.

Y ahora, pasado el tiempo, abunda:

—-  Muchos gallegos viven de la jubilación, que allí es muy baja y necesitan esa ayuda que da España a los necesitados…

Por aquí, ya sabes que no falta gente capaz de decir que ya se ayuda bastante a los emigrantes, olvidándose de que gracias a ellos superó este país sus primeras grandes crisis: la de identidad, la económica y la cultural…

Además, puede que en un futuro no muy lejano, los niños vuelvan a nacer con una maleta en la mano… ¿O no?

—- No lo creo –dice Blanco-. Galicia no está tan mal. La gente es muy emprendedora y la comunidad ha recibido un fuerte empuje a partir de los noventa.

Este hombre, razonable y sabio por naturaleza, acaba de ver como se publicaba su biografía y en ella aún tiene un recuerdo para los que vienen…

—- Me da la impresión de que aquí recibimos peor a los inmigrantes que allá nos recibieron a nosotros…

Y yo espero que se equivoque, claro. Porque ya sabes que tengo vocación latinoamericana…

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