EL ROBO DE LA AUTOPISTA

Tendremos que hacer algo. Por ejemplo negarnos, todos, a pagar un peaje abusivo que desde el primero de enero de este año nuevo se ha convertido en un atraco. O volver a la carretera general, como hacen los camioneros portugueses desde hace ya tiempo. Porque la explotación de la Autopista del Atlántico, conocida ahora como AP-9, es una muestra más de que España nos roba, como ya se demostró en la asignación presupuestaria 2021 del Estado a Galicia.

Por eso digo yo que deberíamos hacer algo para evitar el maltrato tópico que nos dan desde la capital del Reino, gobierne quien gobierne.

Como no tenemos otros representantes parlamentarios que no sean los obedientes diputados de los partidos tradicionales, ya que un solo garbanzo no llega para hacer el caldo –Néstor Rego (BNG) es, en este caso, el único discrepante– lo mejor será encomendar esta guerra a los jóvenes anarquistas especializados en eso que se conoce como guerrilla urbana para que aporten soluciones a la catalana o a la vasca, que ya está bien de ser pacíficos y poner siempre la otra mejilla para que nos den de hostias.

Acabemos con los peajes de una vez por todas en la AP-9. Porque sus ricachos dueños ya nos expoliaron durante cinco décadas y su inversión está sobradamente saldada. Esa debe ser la razón principal que nos mueva a exigir la gratuidad del único elemento vertebrador del país, entre el norte y el sur. Pero hay otras que acrecientan la indignación.

Es una vergüenza que paguemos mas de peaje por utilizar una autopista entre A Coruña y Vigo que lo que cuesta un billete en tren o en autobús. La subida de los peajes en la vieja Autopista del Atlántico suponen un 92% desde el 2001, mientras el coste de la vida subió un 44%, que ya le cunde.

Desde el primer día del año los golfos de Audasa nos cobran 17 euros por viajar en nuestro propio coche entre las dos principales ciudades de Galicia. Cubrir el mismo trayecto en el tren mas caro cuesta 14’95 euros y en autobús 14.

—- ¿Usted cree que hay derecho, señor Ábalos, ministro de las autopistas y otras historias?

Los gallegos estamos hartos de que nos roben y no se extrañe usted si cualquier día, en todas las plazas del país, vuelven a sonar los versos de aquel himno que nos legó el Poeta de la Raza, Ramón Cabanillas…

¡Irmáns! ¡Irmáns gallegos!
¡Dende Ortegal ó Miño
a folla do fouciño
fagamos rebrilar!
Que vexa a Vila podre,
coveira da canalla,
á Aldea que traballa
disposta pra loitar.
Antes de ser escravos,
¡irmáns, irmáns gallegos!
que corra o sangue a regos
dende a montana ó mar.

Un Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *