EL SEÑORÍO ESPIRITUAL

 

Hay una frontera natural de altas cumbres que se miran entre sí, para, como escribió el poeta Novoneyra, dejarnos claro “lo pequeño que es el hombre”. Ancares, Courel, Queixa y A Lastra,  sobresalen por encima de todo el territorio para marcar sus límites. Desde las montañas de Lugo y Ourense, bien se comprende la grandiosidad de este paraíso natural, con vegetación multicolor sobre el verdoso tapiz del bosque de ladera.

A él se llega por los caminos que protegen los carballos, acompañados por las ardillas que buscan landras frescas para sobrevivir.

Ascendiendo entre sobreiros y bidueiros, mientras escuchamos la sinfonía de agua del pequeño río de montaña, el corzo nos indica la senda del bosque  de los acebos centenarios, cerca de la campa más alta.

La nutria se baña en la fervenza que nos sorprende en el sendero de la devesa, desde la que admiramos una vez más el pico del Piapáxaro, el que marca el perfil frío de la sierra.

Siguiendo los caminos de los antiguos carboeiros, aparece ante nosotros el bosque magnífico donde crecieron espectaculares árboles de fraga, entre los que se esconde la magia de la tierra.

El águila y el gavilán se disputan el territorio próximo al souto, donde el viento canta en todos los árboles de nuestra vida, aún desnudos de invierno.

Para llegar al bosque encantado, sin embargo, hemos de cruzar los montes madereros, poblados mayormente por eucalipto, que a veces ocultan las rutas naturales de un país que esconde magia detrás de cada árbol y en cada montaña.

Cuando se va el invierno algunos bosques de la sierra recomponen sus formas. Todos los árboles se dejan ver solo al mediodía entre la luz de niebla mientras la brisa mueve la copa de los castiñeiros en los soutos.

Los castiñeiros, como las sobreiras y los carballos, prendieron en las proximidades de la vieja aldea y nos dan nuestra madera más apreciada para todo. El eucalipto es también duro, de fácil crecimiento, aprovechable para la industria y para el campo, incluso trajo riqueza a nuestros pueblos, pero…

Opina la gente común que no es árbol nuestro sino venido de lejos para estropear el monte. Ahora, para nuestros paisanos ya no es rentable y solo es leña para quemar y calentar las noches frías.

Para Castelao el árbol “es el símbolo del señorío espiritual de Galicia porque en él cantan los pájaros y cuenta cuentos el viento”.

En el país hay muchas especies de árboles, según sean de ribeira, de bocarribeira, de media ladera, de monte o de montaña.

Todos crecen para ayudar a pasar el invierno a los moradores de la tierra, para darnos el fruto indispensable y  para ofrecernos la madera-madera, esa de la que nacen el arte, la artesanía y la industria.

Incluso en la campa de las  cumbres de nuestras sierras, crecen abetos,  tejos y acebos que ayudarán a pasar el invierno a los moradores del bosque.

A pesar de las quejas, el bosque gallego está poblado aún por dos mil millones de árboles autóctonos…

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