EL SOL TAMBIÉN SE MUERE

Noviembre es  tiempo de difuntos y la magia de esta Tierra hace que resplandezca el paisaje. Todo cuanto nos rodea tiene un brillo especial: la montaña, los mares, los ríos…

De las entrañas del otoño surgen misterios de niebla caída del cielo, mientras se cuentan, al pie de la lareira, hazañas protagonizadas por fantásticos personajes de leyenda.

Aquí la fe mueve montañas y nos hace comprender el milagro.

Por eso nos debatimos entre la fiesta de la vida y el culto a la muerte, dialogando con los santos y con las almas que estos días vienen del Más Allá.

LA MAGIA DEL PAISAJE

Vienen porque este país es mágico hasta tal punto que no lo olvidas ni siquiera de muerto. Es un mundo fantástico pero, para los que aquí vivimos,  es tan real como nosotros mismos. Está habitado por hadas, duendes y  gnomos. También por magos, druidas y meigas. Entre todos logran que todo sea posible.

Fragas, caminos, senderos, ríos, mares… Todo está poblado por esos seres, hijos de la noche y del día, que caminan errantes en la oscuridad y en la luz, ligeros como el viento, porque aman este entorno natural.

Cuando se recoge la Santa Compaña, entra la niebla otoñal de cada mañana y se deslizan entre ella los primeros rayos del sol… suceden los milagros y los sueños de nuestra tierra meiga.

Por eso los gallegos navegamos permanentemente entre esos dos mundos, en la frontera entre la realidad y la quimera. Nuestros sentidos abren la puerta dejando que penetren las más bellas historias y leyendas, en el escenario más fantástico del paisaje que admiramos.

Lo legendario también se desliza por los más hermosos entornos. Entre las cumbres de montañas que galaicos y celtas convirtieron en sagradas. Allá donde siempre encuentras un círculo, el símbolo de lo mágico.

Para los galaicos, un sol. Para los celtas, una serpiente. Sol o reptil, el círculo es espacio libre de peligros. Así está escrito en los petroglifos, en los castros, en las pallozas…

Aún hoy son atalayas de legendarias rutas. Senderos que van hasta la colina en cuyo alto está la ermita, caminos de peregrinos que buscan favores de los santos apóstoles o el primer itinerario que nos unió a Europa, siglos antes de que se creara la Unión.

También penetra lo legendario en los bosques encantados, poseedores de los secretos de siglos de historia y poblados por los árboles preferidos de los dioses. Solo los aquí nacidos entendemos su lenguaje agarimoso y la canción dulce que entonan los vientos cálidos del sur, esos que traen la lluvia milagrosa capaz de reconvertirse en mil ríos, mil espejos del alma verde de la tierra.

Además, junto al río siempre habrá una carballeira mágica que dé cobijo a tu suerte y te proporcione sombra en verano.  

Bañando el territorio con su sal,  dos mares se abrazan en la Estaca de Bares, que es lugar de rituales de amor y fertilidad por donde se dejan ver Venus y su esposo Ares, cogidos de la mano y embriagados de paisaje.

Mares que son la esencial perspectiva del país.  Por uno trajeron el cuerpo del Apóstol y al mismísimo Cristo de Fisterra; por el otro, alguna de las muchas vírgenes a las que veneramos.

Mares de vida y muerte por cuyas aguas caminan, esta semana, las almas de más cinco mil náufragos…

Por eso buscamos todos el Fin del Mundo y en el Ara Solis encendemos el fuego del amor para evitar las tinieblas y así seguir viviendo en este edén de nuestros sueños. Porque se acaba el día. Y el sol también se muere… como la semana de difuntos.

(2) Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *