EL ÚLTIMO DE LA FILA

Esta semana he conocido al “último de la fila”. Allí estaba, a la cola, matando el tiempo, esperando que le llegara su turno para mantener la misma conversación que ayer…

—- ¿Tienes algo para mí?

—- Desgraciadamente, no.

A él le salta una lágrima más. Una de tantas vertidas en cuatro años parado, sin hacer más que ayudar a su mujer en las “tareas del hogar” y llevar a sus tres hijos, Ana, Carlitos y Bea, de paseo, esperando con ansiedad que se inicie el curso escolar.

Ella, la chica que le atiende todos los días detrás de la mesa… se levanta para ir a llorar ante el espejo del lavabo y luego corregir el rímel, cuando él se va hacia el parque de enfrente, a sentarse en un banco, otra vez… hasta que Adela, su mujer, tenga la sopa preparada si es que hay sopa…       

Pepe Fernández tiene 51 años y fue un camarero estupendo, incluso famoso; lo saludaban afectuosamente los señores importantes que iban a aquel restaurante de las afueras y le dejaban muy buenas propinas. Con las propinas de toda una vida llegó a levantar una casita en la aldea próxima, en aquella “leiriña” que le dejó su madre…

—- Yo fui un tipo feliz toda mi vida, que trabajaba doce horas diarias, incluso los sábados y los domingos, hasta que aquella maldita hernia me llevó unos días al Hospital…

—-  ¿Y?

—-  No quedé muy bien, tenía que hacer algunas paradas en el trabajo y sentarme….

—-   ¿?

—-  ¡Me despidieron después de 18 años dejándome allí la vida!

—-   ¿?

—-  Llevo cotizados 31 años a la Seguridad Social pero eso no me sirve de nada. Y agoté el paro, el postparo, la ayuda social… ¡Soy un desesperado!

—-  ¿?

—-  Este año hice de extra en tres bodas y gané 90 euros…

—-  ¿?

—-  Me paso el día llorando cuando no están los niños…

—-  ¿Y Adela?

—-  Adela limpia una casa… los jueves. Cobra 200 euros al mes que nos da para tener luz en casa.

—- ¿No os ayuda nadie?

—- Mi suegra, que tiene 87 años y cobra la pensión de viuda, una miseria… Hubo un tiempo en que algunos amigos te daban unos euros para que pudieras ir saliendo del apuro, pero…

—- ¿?

—- Ahora ya no hay amigos…

—- ¿Y parientes?

—- Mis padres murieron, no tengo hermanos. Adela tiene a su madre, nada más…

—- ¿Y qué vas hacer, Pepe?

—- Me da mucha vergüenza pedir, pero no me queda otro remedio…

—- ¿Ya tiras la toalla? ¿Crees que no podrás volver a encontrar un trabajo? ¿Estás bien de salud?

—-  Yo sería el hombre más feliz del mundo con un puesto de trabajo. La espalda ya no me duele. Pero estoy muy desesperado…

—-  ¿?

—-   Jamás pensé que iba a pasar por este infierno…

Tras la charla,  fuimos ambos a tomar un humeante café con leche con doble de tostadas. El colega de la cafetería, ajeno al drama, le saludó como si este mundo fuese un paraíso…

—- ¡Caramba, Pepe! ¡Hacía tiempo que no te veía…!

Y yo me fui pensando en los prejubilados de las empresas públicas, que a los 50 años cesan conservando el sueldo íntegro, incluso los pluses,  hasta que se jubilan quince años mas tarde.

Pepe Fernández no es el único, por desgracia, que atraviesa por esta situación que te cuento. A día de hoy, la ministra contabiliza 98.543, solo en Galicia.

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