ERUS ARMENTARIS

UNA SIESTA DE 300 AÑOS

Si es cuento este que te voy a narrar… ya fue escrito por el Rey Sabio en su Cantiga 103 a Santa María. Se refiere al paso por la vida de Erus Armentaris, su primer mayordomo,  del que estaban enamoradas todas las damas de la Corte y por eso era el protagonista de alguna concupiscente traición a ciertos caballeros, muy dados al abandono de sus damas para mantener juegos y conversaciones propios de hombres. La escena inicial transcurre a mediados del siglo XIII y no es de extrañar, entonces,  tales costumbres.

Nunca los caballeros y ni siquiera el Rey Sabio, pese a ser responsable de una parte de su biografía, conocieron los amores secretos de Erus Armentaris, el enamorador que terminaría siendo santo. Ni tales pecados fueron del conocimiento de otros cronistas que no fueran sus damas, especialmente la bella Tanis de Trastámara, cuya familia dominaba las tierras del Xallas, río en cuyas aguas nadaban desnudos en sus correrías amorosas.

Alvar Núñez Osorio, conde de Trastámara y fiel esposo de Tania, el noble más veces traicionado, hizo recapacitar a Erus Armentaris, que dejó su servicio para convertirse en Ero, un humilde ermitaño que buscó refugio en la ladera del Castrove.

Eso era lo normal en la Edad Media, dejar de ser cortesano para convertirse en anacoreta si tus pecados eran tan graves que así lo exigían…

Ero pasó de las alcobas acolchadas con raso y los lechos de sábanas de seda, a dormir sobre la hierba de los verdes prados, mirando al cielo y pidiendo perdón a Dios, que le obsequiaba con el canto de los pájaros.

En una de aquellas siestas, cuenta el Rey Sabio, los pájaros cantores durmieron profunda y milagrosamente a Ero

Justo en ese momento y en ese día, comenzaron las obras de construcción de una de las joyas monásticas cistercienses de Galicia, el Monasterio de la Armenteira, en el que Ero, cuenta la Cantiga, agotó su gran riqueza

— Pero, ¿Cómo? ¿No estaba dormido?

He ahí el milagro: Ero quedó en brazos de Morfeo durante trescientos años,  mientras se levantó el Monasterio del que sería primer abad…

— ¿Y al despertar?

Golpeó la puerta del Monasterio y un fraile acudió presto para preguntarle quien era y de donde venía…

— Soy el abad…

— Que Dios le perdone, yo conozco al abad y usted no lo es…

Ero, entonces, le nombró a todos sus frailes uno por uno pero el monje asombrado, le respondió…

— Conoce usted bien la historia del monasterio porque esos frailes que cita hace muchos años que han muerto…

Y lo llevó ante el abad que ejercía en el cenobio. Ero le contó su historia, confesando con vergüenza sus aventuras amorosas y como decidiera pedirle perdón a Dios convirtiéndose en anacoreta, en el Monte Castrove

Pero el abad interrumpió su relato para decirle…

—  En la Iglesia rendimos culto a San Ero cuya historia es la que usted me cuenta… Fue abad del monasterio hace tres siglos. Pero un día salió a pasear solo y se perdió en el bosque, sin que se supiera más de él…

Ero cayó desmayado ante tamaña noticia y al despertar, todos los monjes habían decidido dar cobijo a aquel hombre que conocía mejor que nadie la historia del Monasterio de la Armenteira, que ya tenía anexa una hermosa Iglesia en la que se veneraba, junto a San Ero a Nosa Señora das Cabezas, nombre popular de Santa María, así llamada porque aún existe la creencia de que cura las migrañas.

El monasterio está enclavado en un sitio idílico y en la actualidad está habitado por un grupo pequeño de monjas que se hicieron cargo de él hace tres décadas ante el deterioro que sufría.

Desde Pontevedra se llega fácil al Monasterio de la Armenteira y muy cerca existe en la actualidad el famoso sendero por el que camina en sus vacaciones Mariano Rajoy, con esa su peculiar manera de andar.

Cuando vayas, te darás cuenta de que Erus Armentaris es producto de la fabulación del Alfonso X el Sabio, que -según mi buen Doc-es un antepasado del gran Cunqueiro.  

(3) Comentarios

  1. O conto e bó. O malo e que algún o aplica coma si fose una istoria verdadeira para que a xente siga crendo en milagres. Non deberíades de facervos eco destas cousas que hai xente que remata por creelas.

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