FAI UN SOL DE CARALLO

Por Quim Monzó*

Es un conflicto que ha alcanzado ya la categoría de clásico. Cada año, en cuanto llega “el caloret”–que decía aquella señora– son noticia hombres que deciden ponerse faldas. No por vocación de travestis, sino porque las normas laborales les impiden ir con pantalones cortos, que es lo que querrían. El primer caso de este año es el de un taxista de Vigo. Galicia es durante la mayor parte del año un país frío y lluvioso, pero cuando las temperaturas suben te tuestas. Como estos días han llegado a más de treinta grados, el mencionado taxista se ha puesto una falda (blanca) para ir todo el día dentro del coche sin entrar en combustión. En cuanto la Cooperativa de Taxistas se ha enterado, lo ha denunciado. El presidente de la cooperativa explica a La Voz de Galicia: “Hemos dado parte a la Policía Local por incumplimiento de la normativa”. Según ellos, los taxistas deben ir vestidos “de manera normal” y el uso de faldas no es normal en los hombres. Dice también que “vestir con falda no le hace ningún bien al sector del taxi” y que hay que “vestir con decoro”.

El hombre se ha puesto falda porque no le dejan vestir pantalones cortos. Pantalones cortos dignos, no de esos tipo bañador que llevaba el cupero Garganté cuando era concejal del Ayuntamiento barcelonés. Hasta el año pasado los taxistas vigueses podían ir con shorts, pero ha llegado una nueva normativa que lo prohíbe. Muchos taxistas avisaron de que, si les prohibían los pantalones cortos, se pondrían falda. El primero en hacerlo ha sido el ahora denunciado, a favor del cual se ha posicionado Élite Taxi, la asociación de la cual forma parte el celebérrimo Tito Álvarez (si es que todavía hace el taxi). Dicen los de Élite que en ningún punto de la normativa dice que los taxistas tengan prohibido ir con falda, y que el denunciado la lleva “para estar fresco y por comodidad”.

El del 2017 fue el verano con más reivindicaciones de este tipo. Supongo que por la crisis climática. En una escuela británica, como están obligados a llevar pantalones largos, los alumnos pidieron a sus compañeras de clase que les dejaran faldas. Las chicas, encantadas. Fue un exitazo. Aquel mismo año, a otro británico que se presentó en el trabajo con shorts le dijeron que se volviera a casa. Volvió a casa, su madre le dejó un vestido rosa, se lo puso y regresó al trabajo. Al cabo de nada cambiaron la normativa. En Francia pasó lo mismo en una empresa de autobuses. Obligaban a los conductores a ir con pantalones largos y, en cambio, las conductoras podían ir con faldas.

El taxista vigués es el primer caso de este año, pero habrá más. Y el año que viene, y el otro, porque hay cabezas cuadradas incapaces de entender que la crisis climática es una evidencia. Y eso que no hay viernes que la pesadita Greta Thunberg (digna de un remake de Poltergeist) no lo repita.

QUÍN MONZÓ es comentarista de LA VANGUARDIA.

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