FERROL, LA CIUDAD DEL MAR.

De antiguo origen 

 

    Cuentan viejas crónicas que ya su nombre es marinero: Ferrol viene de Faro o Farol, aquella luz que guiaba a los barcos, símbolo que aún aparece en su actual escudo.

    Es marino por ascendencia y porque cuanto tiene se lo da el mar.

    Su origen está en uno de los pocos castros marítimos de Galicia que los historiadores fijan en el Ferrol Vello, la ciudad que mantiene el encanto de un barrio centenario, el del muelle de Curuxeiras; desde aquí creció hasta convertirse en villa y desde ella,  en ciudad.

     Si subimos al más antiguo Faro bien se ve que estamos en el centro del poder naval creado bajo el reinado de Fernando VI, cuando florecieron  los fuertes, los cuarteles y los más afamados astilleros del mundo.

     A un lado está el mar bravo, el Atlántico que navegaron los ártabros, con playas interminables y también paraísos escondidos.

    Al otro, la ría inexpugnable con sus fortalezas y la silueta de esos castillos de hierro que nos anuncian los mejores astilleros del mundo. 

    Y en el medio, el puerto de la modernidad exterior, que preserva de peligros contaminantes a una ciudad hermosa que aún llaman Departamental, porque siempre estuvo alerta para la guerra…  aunque siempre vivió en paz.

Costa Ártabra

 

       

     Desde el aire, impresiona. Desde tierra es admirable. La Costa de Ferrol se abre al océano Atlántico y recibe todos sus poderes: la fuerza, la riqueza y la perspectiva más brava de ese mar que le unió al mundo.

     Ya decía el procónsul de Roma, Rufo Festo Avieno, en carta al emperador Augusto:

     “Hay aquí un pueblo de gran valor, notable inteligencia y grandes habilidades, que construyen sus naves con pieles cosidas; y a bordo de ese cuero recorren habitualmente el vasto mar…”

      Se refería a los marinos ártabros de los que heredaron bravura los marineros ferrolanos, los que aún se siguen beneficiando del mar que les entrega los peces y mariscos más apreciados en toda la península Ibérica.

      Este es el mismo Atlántico capaz de recrear la belleza en la roca, labrando esculturas a las que cubre cada invierno con un manto de espuma blanca de olas, buscando el contraste de la policromía de mar y playa.

   

      El paisaje lo preside el Cabro Prior, convertido hoy en balcón marinero y en el símbolo más apreciado de lo que se conoce como Ferrolterra.

       Desde aquí te quedarás con el contraste que forman en Doniños y en la Rega, el agua dulce de sus lagunas y el agua salada que se deshace en estos arenales, muy concurridos en los cálidos veranos. Además, su importancia ecológica es vital para la zona y para que su hermosura despierte el conservadurismo de estos espacios.

       Estos son los lugares ideales para practicar surf o katesurf de invierno;  o simplemente para pasear al espacio impregnado del más puro salitre en la iodada atmósfera que respiras

       En las laderas de Cabo Prior, viejas construcciones militares sirven de balcón para contemplar tanta belleza, pero no estaría mal que se llevara a cabo su remodelación como aulas naturales, porque este es un lugar fulgurante que termina allá donde llegan los barcos con mercancías mas molestas, el puerto exterior, la gran obra de la modernidad ferrolana.          

Ría inexpugnable

 

      

       Volando sobre la ría ya te das cuenta por qué Ferrol fue elegida como ciudad Departamental, con mando sobre todo cuanto poseía la Marina española desde el Bidasoa, en Euskadi, hasta el Miño fronterizo con Portugal.

       Esta era una ría militarmente inexpugnable.

       Su peculiar calado y las dos fortalezas estratégicamente construidas en sus márgenes impedían el paso a cualquier buque “no autorizado” hasta los arsenales de Ferrol, sin duda la ciudad más protegida de toda Galicia.

       Los Castillos de San Felipe y de La Palma sirvieron para poner freno a las intenciones de flotas enemigas, en otro tiempo. Hoy en día, la de San Felipe es ya un bien cultural que pertenece al gobierno gallego, que lo dedica a  usos culturales y donde proyecta el gran museo naval de Galicia.

        El castillo de La Palma, antigua prisión militar en la que estuvo recluido Tejero, tras la intentona de golpe de estado aquel 23 F, tiene vocación de hotel turístico pero su coste, por el momento, se lo ha impedido.

    

       Los astilleros son las venas socioeconómicos de Ferrolterra, especialmente de Fene. Las grúas, inmóviles estos días, te saludan y se preguntan por qué si estos son los mejores astilleros del mundo no hay en el mundo carga de trabajo suficiente para ellos.

       Su crisis, la actual, es inexplicable… No la explicarían ni Felipe V, a quien se debió la conversión de la ciudad en Departamental en el siglo XVIII ni el Marqués de la Ensenada, el mayor impulsor de la construcción naval en esta ría.

       El primer barco que salió de estas naves fue el “Galicia” en el año 1730 y desde entonces la modernización de Bazán y Astano fue constante, hasta el extremo de convertirse en una sola empresa capaz de construir portaaviones para la guerra, plataformas petrolíferas para encontrar el futuro o grandes barcos para la paz. Que estos sí, son los mejores astilleros del mundo.

       No es de extrañar que los trabajadores del naval, ferrolanos, se hayan formado en la resistencia, porque han aprendido la palabra crisis de sus abuelos, mediado el pasado siglo; y ya no tiemblan cuando suenan otra vez las campanas de la reconversión…

        También tienen muertos por sus protestas, Amador, Daniel; pero resisten como las viejas grúas, clamando al cielo.

        A veces se calman caminando de Ferrol a Fene y de Fene a Neda, por esos paseos desde los que se ve la ría de plata, los nuevos puentes de sus esperanzas y la calma del Xubia, cuando solo es un río que entona la natural sinfonía de Galicia.    

 Ciudad del Mar

 

 

        Pese a todo, la  modernidad de Ferrol ofrece mil contrastes junto a su mar, estampa de agua mansa que busca un nuevo estilo.

       Sí, es cierto, la ciudad comercial siente el bullicio universitario. Lucen espléndidos nuevos espacios urbanos creados para el ocio. Y hay nuevas vías que abren fronteras a la imaginación empresarial.

       Pero Ferrol será siempre un conjunto urbano sereno y apacible con permanente olor a mar. Veamos.

       Ferrol, Narón y Valdoviño conforman la Tierra de Trasancos en la Alta Edad Media. Neda y Mugardos crecen también en ese período. Son las originarias villas medievales de este entorno que llamamos hoy Ferrolterra.

      Ferrol creció con la creación de los arsenales de la Armada, -el del Parque y el de los Diques-, en donde se asientan los edificios militares de mayor interés. Y se convierte así en capital del Departamento Marítimo.

      Con los Arsenales, nace la Ciudad del Mar Y se desarrolla por su puerto, por la industria naval y por su interés natural.

      Frente a los arsenales, creció el Ferrol Nuevo que enmarca el trazado del Barrio de la Magdalena  y dos plazas principales: la de Amboage y la de Armas, que preside el Palacio Consistorial.

  

     A mediados del siglo XX Ferrol divide su mayor población, principalmente,  entre marinos y trabajadores del sector naval… Ambos colectivos suponen la base social de la ciudad.

    Sin embargo, en el año 2012 Ferrol ha perdido poder militar y los astilleros son la base industrial que buscan salir de una nueva crisis.

    La Ciudad del Mar abre nuevos espacios industriales hacia un futuro prometedor.

     Y se proyecta como ciudad de interés turístico cuyos principales atractivos saben también a mar.

     Tendrá ahora que completar un viejo sueño: la recuperación de los edificios militares para usos civiles. Aún son varias las instalaciones de la Armada, con más de un millón de metros cuadrados, que esperan ser de uso público, según convenio firmado en 1993.

      Las últimas comunicaciones construidas, dos autopistas y las modernas infraestructuras portuarias, permiten llegar con más facilidad a los mercados internacionales, por lo que el “aislamiento tradicional” de esta esquina norte de Galicia ha dejado ya de ser un problema.

 

    Solo faltan dos cosas para que los ferrolanos vean cumplidos sus sueños: que pase de largo la crisis que nos afecta y que la imaginación empresarial devuelva el pulso a una urbe que lo tiene todo:

     Hasta gente que sabe divertirse porque les anima la luna en ese instante en el que la Ciudad se refleja en su Mar. Es una invitación más a perderse en la noche, que tienen las calles del Nuevo Ferrol un especial encanto…

(2) Comentarios

  1. Pingback: TIERRA [La geografía vibrante]

  2. Ferreolus mismamente - Responder

    El topónimo Ferrol no viene de Faro ni de Farol. «Ferrol» procede del nombre de una persona, Ferreolus, y de su genitivo «Ferreoli» (que significa «de Ferreolus», referido a tierra de Ferreolus o propiedad de Ferreolus) deriva Ferrol. La evolución sería Ferreoli > Ferroli > Ferrol. El documento más antiguo que se conoce en el que se menciona a Ferrol está datado en el año 1087 (finales del siglo XI).

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