FRANCISCO DE SALES, AQUEL PAISAJISTA

Muchos jardines de Galicia, públicos y privados, fueron diseñados por el paisajista vigués,  Francisco de Sales Covelo, actualmente un viajero más por el espacio.

Sales fue, además de un hombre afable y generoso, un incansable profesional de la jardinería y las plantas,  cuyos trabajos de diseño llegaron incluso a Japón, país por el que tenía un especial sentimiento,  notorio en cuanto vegetal le rodeaba.

—- A las plantas no solamente hay que cuidarlas. Hay que hablarles, porque son seres vivos como nosotros que necesitan conversación para sentirse queridas… Tú háblales aunque sea de la tele y verás cómo crecen más sanas y mejor.

Las de mi jardín crecen siempre normales pero las de Paco de Sales resultaban espectaculares. En Vigo, en la actual Avenida de Europa,  poseía un paraíso que mimaba especialmente. Yo lo conocía bien porque a mi amiga Marina Fernández Figueroa le encantaba aquel entorno, medio selva artificial medio leira convencional.

Lo compró a la muerte de Paco Sales A Fundación para convertirlo en lo que hoy llaman Jardín Arboretum, desde el que se sigue la extraordinaria labor llevada a cabo por el inolvidable artista vigués.

Sales solía contemplar a quienes acudían a su jardín, en busca de plantas o de consejo, desde los escalones de acceso a la casa, que salvaban un estanque lleno de nenúfares. Su jardín era realmente espectacular, tenía un toque de escenario de película rodada en la jungla.

A Francisco de Sales le queda en este mundo fundación en su memoria y algunos de sus miembros, pese a los tiempos que corren,  conservan también su pasión por este entorno natural y por las plantas.

La Fundación del mejor paisajista gallego de todos los tiempos  tiene su sede en su antigua vivienda, que aún hoy parece prefabricada, como surgida de las propias plantas que la rodean.

Paco Sales no solo diseñó la casa sino que la construyó con sus propias manos y en su mayor parte utilizó materiales que le regalaban porque ya estaban en desuso.

No era muy amigo de salir en la tele ni siquiera en el Faro de Vigo, pero yo le senté en el plató de TVE para hablar de Japón y de jardines, recién llegado de Tokio, en donde puedes admirar un gran parque por él diseñado de cuyo nombre no me acuerdo. Aquel día descubrí que…

—- Sí, el Parque Japonés de Buenos Aires tiene mucho que ver conmigo. En la ampliación que se hizo a finales de los setenta me llamaron de la Casa Rosada para que echara una mano,  porque los japoneses que habían contratado así se lo habían pedido.  Y yo les asesoré en cierto tipo de plantas orientales que irían muy bien para aquel clima.     

No hace mucho que fui de visita al Arboretum y de nuevo imaginé su pasión creativa, que desarrollaba sentado en  aquella orejera, junto a la chimenea que preside el salón. Me acuerdo un día, en el mismo sitio, en el que me confesó…

—- A mí, como al inolvidable Odriozola, me gustan las camelias. No todas, pero sí algunas como las blancas, las de sierra, esas que te ciegan con su albor sobre todo si están al lado de las rojas intensas. Esas son las japónicas auténticas. Ocurre que en los jardines de Galicia nos excedemos siempre en el número de camelias que plantamos… 

Y Paco Sales, aquel día, me regaló una sequoia enana, acompañada de una solemne sentencia:

—- Verá el cielo mucho antes que tú, pero tú gozarás de su sombra en los calurosos veranos de Tabagón. Este sí es el gran árbol de la vida.

Hoy se sentiría feliz al saber que desde su Fundación se impulsa la continuidad de su legado; un jardín vivo, de 6.000 metros cuadrados, ubicado en el número 52 de la viguesa Avda. de Europa.

En él se desarrolla un amplio programa de actividades de educación ambiental, que tiene como protagonistas al paisajismo, la botánica y la jardinería.

Con estos programas, se pretende destacar la importancia de los jardines urbanos como reservas de la biodiversidad, al mismo tiempo que se promueve el conocimiento de los trabajos de jardinería, la conservación de las especies y la mejora del entorno.

Grupos, asociaciones, escolares, etc. participan en las numerosas actividades que se desarrollan en el propio jardín, centrándose en  la observación y la investigación del mundo de las plantas y su ecología, en la conservación, en su valor biológico y en el ornamental.

La visita en sí es una lección práctica del compromiso que debemos adquirir con el medioambiente, pero sobre todo nos devuelve el recuerdo del autor de muchos de los jardines públicos de Vigo, en los que dejó su impronta especial, lo mismo que en una gran cantidad de jardines privados.

Francisco de Sales vive en cada árbol de este Jardin Arboretum… Y también en una sequoia que ha dejado de crecer en Tabagón, porque hace años que alcanzó ese cielo por dónde camina Paco…

(2) Comentarios

  1. Yo también le conocí. Era un personaje muy especial y su obra pervive en el Arboretum, en Asia, en América y hasta en los jardines privados de la aristocracia viguesa de su época, además de la parte moderna del Parque de Castrelos.

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