HABLA PUEBLO HABLA

Por Alberto Barciela

La calle bulle con ansias de libertad. Aún enmascarillados, los ciudadanos ejercen la potestad de opinar y lo hacen con criterio y sentido común. El poso de la opinión pública dibuja un marco propicio a la recuperación de lo que se considera que estaba bien -la llamada normalidad-, la corrección de lo que estaba mal y la previsión de un futuro en el que no todo puede valer. Sintetizaré algunos considerandos reiterados estos días.

Fraternidad. En primer lugar, adhesión con los que han perdido a sus seres queridos, con los que han enfermado o con aquellos que de una u otra forma padecen las consecuencias del COVID_19. La familia y la verdadera amistad han salido reforzadas de la crisis. El otro existe.

Reconocimiento. A los sanitarios, a Caritas y organizaciones similares, a los que han trabajado en esta pandemia: fuerzas de seguridad, limpiadores, personal de geriátricos, etc., a los empresarios solidarios que han arriesgado sus negocios no haciendo ERTES, a los que reinvierten sus beneficios, a cuantos crean riqueza y empleo pese a los circunstancias. A la verdad garantizada por los medios y periodistas serios. A los pocos políticos que han gestionado lo imprevisible con criterios de responsabilidad cierta. A cuantos han ayudado a los demás cuidando de los hijos de sus vecinos o asistiendo a ancianos o personas impedidas. Y por supuesto a Amancio Ortega, Juan Roig y cuantos que han destinado su dinero, ganado con legalidad, a la cooperación con los más necesitados, sin alardes.

Seriedad. Con el pan no se juega. Hay que reactivar la economía. Sin ella no se pueden sostener servicios básicos como la Sanidad, la Educación, el pago de las pensiones o prestaciones sociales. El estado de bienestar depende de que el turismo recupere su pujanza, de que empresas como NISSAN o ALCOA encuentren su viabilidad, de que los pequeños comerciantes puedan reabrir sus negocios y de que los grandes empresarios cuenten con la flexibilidad suficiente para reanudar su actividad, sin amenazas radicales de cambios en la ley laboral. Trabajo para todos los que quieran esforzarse y fin de las prestaciones para vagos, maleantes, amigos, advenedizos y añadidos. Control de precios de los productos básicos. Confianza en los profesionales.

Dignidad. Muchas familias lo están pasando mal y acuden a la caridad: Cocina Económica, Caritas, etc. La solidaridad absoluta hacia esas personas ha de implicar un respeto exquisito por ellas. No tienen por qué verse obligadas a la exposición pública, a hacer colas en la calle. Existen sistemas de gestión de turnos para ayudar a evitar situaciones vergonzantes. También pueden recibir la protección en sus domicilios. Se ha echado en falta a muchas ONG.

Eficacia. En la gestión de ayudas públicas, de su tramitación y pago. Lo excepcional reclama medidas excepcionales, por eso los procedimientos han de complementarse con sistemas administrativos ágiles y con un control riguroso de las asistencias sociales. Excelencia administrativa y promoción de los buenos funcionarios.

Posicionamiento. El futuro está aquí, se crea hoy. Hay que avanzar en disposiciones sanitarias para prever situaciones de riesgo como la generada por el COVID-19 u otras, pero también hay que establecer una estrategia de respuesta al mundo global, a sus posibilidades -creación de riqueza y empleo- y amenazas -inseguridad, noticias falsas, destrucción de culturas, etc.-. Se reclama el refuerzo de los servicios de emergencias, adaptación de instalaciones públicas, formación. Voluntariado cualificado, etc. Relanzamiento de la Marca España.

Previsión. Impulso de la ciencia, apoyo a los investigadores y empresas que avanzan en el desarrollo de medicamentos eficaces contra el coronavirus o de una vacuna definitiva. El negocio puede llevar al fraude o al sobreprecio, como ha pasado con mascarillas y respiradores, o a la carencia del producto. España tiene investigadores e industrias -como Zeltia- capaces de logar remedios en un plazo razonable y, llegado el momento, de asegurar un suministro sin discriminaciones. Retención de talento.

Libertad. Para vivir, para decidir, para ejercer nuestros conocimientos y la experiencia en favor del conjunto.

Política. Sentido de Estado. Separación de Poderes. Más democracia para reforzar a la democracia, en un escenario de ataques al Estado español, de amenazas populistas extremas o radicales y nacionalismos rupturistas. Consenso en lo esencial. Más europeísmo para fortalecer a Europa, ante un panorama internacional complejo. Y votos para vacunarnos de cuantos suponen o puedan suponer un riesgo para la convivencia y el respeto a la Constitución, incluso desde el poder legítimo. Listas abiertas. Claridad en la financiación de los partidos políticos. Campañas limpias. Cumplimiento de los programas políticos. Y más consenso. Medios de comunicación públicos imparciales.

Transparencia. Ejecución impecable de los presupuestos públicos. Implantación de la Administración Única. Reintegro del dinero malversado y cumplimiento de penas íntegras por los corruptos.

Justicia. Cumplimiento de las leyes que se aseguren la igualdad, la libertad, la armonía, un marco adecuado de convivencia democrática y el respeto por el otro.

Habla pueblo habla”, del grupo “Vino Tinto” fue una canción famosa durante la Transición española, casi un himno que serviría para decirle a algunos parlamentarios de ahora, aristócratas o no, que el sentido común es posible. “Libertad sin ira”, como diría Jarcha. Cantemos o tarareemos de nuevo todos juntos y expliquémosles a los más jóvenes que lo hacemos por su futuro, que es el nuestro.

Este artículo deberían firmarlo y han de complementarlo millones de ciudadanos españoles. De ellos son las ideas.

Un Comentario

  1. Me pregunto que puede decir el pueblo, de quienes puede hablar, a quienes puede votar… si todos carecen de nivel, salvo raras excepciones que a lo mejor no son de nuestra cuerda…

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