HABLEMOS DE ARTE

 

Carlos Maside. “Mercado”. 1950.

Aunque la memoria registre las viejas enseñanzas del pequeño estudio y las charlas artísticas de aquel café antiguo, como principio del arte y de los artistas, hay una nueva Galicia que ve cómo se desarrolla la plástica extendiendo sus modos más allá de lo local.

Porque tenemos ahora una Universidad del Arte que forma y encomienda la responsabilidad creativa a nuevos artistas aquí nacidos para el éxito internacional.

Son jóvenes, pero cuelgan obra en las galerías de la diversidad y reparten esculturas en lugares emblemáticos de este mundo. También han encontrado un espacio para la videocreación y la performance.

Todos nacieron hijos de vieja vocación emigrante. Imaginativos y viajeros. Porque hubo una base.

Luís Seoane. “O Meco”. 1963.

La pintura considerada de la Escuela Gallega Contemporánea viene de muy atrás, del siglo XIX. Cobra forma en los cuadros de Soutomaior, que reflejan primordialmente el paisaje y la realidad del país, con una estética esencial.

Más tarde, Carlos Maside, primero y Arturo Souto después, serían autores del cromatismo y del realismo social que impulsaría al arte gallego hasta mediado el siglo XX. Ambos pintores demostraban, con su pintura, la fuerza de aquel Rexurdimento al que Galicia debe gran parte de  su base cultural.

Pero será mediado el siglo XX cuando las artes plásticas gallegas se unan al clamor popular y la pintura cobre un registro de denuncia social, además de estético. Curiosamente, esta fuerza vital para nuestro desarrollo artístico nace en el exilio y en la emigración.

Esta pintura tiene su más universal representante en Luís Seoane, nacido en Buenos Aires hijo de emigrantes y posterior exiliado político en 1936, tras estudiar derecho en Compostela.

Seoane, sin embargo, fue más que un artista: su figura va asociada al nacionalismo social, a la actividad política. Con Isaac Díaz Pardo fundó el Laboratorio de Formas, base del actual Sargadelos y de Edicións do Castro, con el objeto de recuperar la memoria histórica de Galicia.

Junto a Seoane crecerían en Buenos Aires como artistas Laxeiro y Colmeiro, dos de las grandes figuras del arte gallego contemporáneo.

Pero en cuanto al arte como vía para la denuncia social nadie manejó el dibujo como Castelao, considerado el patriarca de la sátira y de la ironía, en suma, de la retranca gallega.

Todo esto ocurrió en Buenos Aires. En la emigración y en el exilio.

Alfonso Sucasas. “Primos da Celsa”. 1997

Quizá a estos pioneros, viejos maestros que ya son historia, debamos la abundancia creativa de hoy en día, con nombres ya consagrados como Lamazares, Huete, Quintana Martelo, Patiño, Carlos Vello, Antón Sobral o Sucasas, fallecido en el 2002, y medio millar de autores tal vez menos conocidos,  pero que forman parte de esa nueva generación de artistas gallegos que ven coronado su arte por el éxito.

Son el núcleo artístico que triunfa más allá de las salas de Galicia… Sara Garrote, Sabela Baña, Xurxo Martiño, David Ferrando, Inma Doval… Gente con gran creatividad, valorada en las más prestigiosas galerías de Europa y de América. Es decir, la generación XXI del arte gallego más actual.

Aunque su obra está también en las modernas infraestructuras gallegas: en los museos contemporáneos, en las pequeñas y grandes galerías y en lugares donde el arte se saborea.

Cada día, en las siete ciudades gallegas y en las villas que son cabecera de comarca, se pueden ver alrededor de doscientas muestras de artes plásticas, de una gran variedad artística.

Inma Doval. Ilustración para “O Home do Saco”.

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