HISTORIAS DE RADIO

Una vieja amiga, fiel seguidora de mis noches de radio, siempre me decía…

—- Debiste de tener muchas aventuras en aquellos tiempos en los que eras la voz preferida de las jovencitas.

La radio siempre tuvo cierto halo misterioso. En mi época, ni existía el EGM ni a nosotros nos importaba cuantitativamente la audiencia; quizá por eso, a veces, a mi me gustaba individualizar el mensaje, incluso susurrarlo matizando las palabras con cierta lentitud, sobre todo si se trataba de desarrollar un guión de esos con sabor a miel que yo me escribía. Quiero decir que, solo cuando hacía falta, era un relamido del lenguaje y el tono daba a entender todo aquello que la gente quería entender.    

Y de esa misteriosa y fluctuante complicidad nocturna salían entonces a la luz miles de leyendas producto de la imaginación de cada quien.

Recuerdo que algunos de mis compañeros y compañeras me adjudicaban inciertas aventuras amorosas como si mi voz identificase a un galán de película que se pasaba las madrugadas de cama en cama. Ficción pura. Aunque si es cierto que… unos llevaban la fama y otros cardaban la lana.

Sí ocurría a veces que, entre las cartas-denuncia de cacicadas e injusticias sociales que me hacían llegar, había alguna que otra misiva de amor. En plan consulta, como si yo fuese un especialista en los problemas del corazón; y… también puede que alguna vez me llegase alguna con insinuaciones, pero solo eso, insinuaciones. Mayormente, las jovencitas de aquella época creían que yo era como Elena Francis pero en versión masculina.

—- ¿Y quién era Elena Francis?

—- Pues… te contaré una anécdota salida del primer Parlamento de Galicia.

Un ex diputado en Cortes de Santiago que a principios de los ochenta detentaba el cargo de parlamentario galego, tras una crítica de la que había sido objeto por parte de la gente de Radio Galicia Cadena SER, escribió hace años en aquel vespertino compostelano, “La Noche”, aún hoy muy recordado:

Cómo va a ser creíble una emisora de radio que lleva 50 años engañando al público,  llamándole “Señora Francis” a un hombre que se esconde tras una voz femenina para darle “consejos” a las “marujas” de España?”

La Señora Francis fue personaje mítico de la SER que mantenía en antena un consultorio, en el que los oyentes le preguntaban de todo y por todo. El programa, que ya forma parte de la historia de la radio, proporcionaba además grandes ingresos en publicidad a la cadena, de ahí que se identifique entre los de mayor audiencia.

—- ¿Y a aquel diputado nadie le respondió?

—- Pues sí, al día siguiente, en la sección de “Cartas al Director”, se publicaba esto:            

            Estimada Señora Francis:

            Acudo a usted para solicitar su consejo ante lo que me parece una situación muy seria. Verá. Mi nombre es Francisco, tengo novia formal con la que pretendo casarme. El problema es el siguiente:

            Mi padre es un capo de la droga. Él conoció a mi madre en una casa de prostitución y logró sacarla de esa vida.

            Tengo tres hermanos y dos hermanas. Uno es diputado en el Congreso, el segundo es sicario y mi hermano menor es atracador de bancos. Mi hermana mayor tiene su propia empres, vende piezas de coches robados y a la menor, mi mamá, le está enseñando su viejo oficio…

           Mi pregunta es la siguiente:

           —- ¿Cree usted apropiado que le cuente a mi novia que tengo un hermano diputado?

Tanto la radio como los periódicos de los años setenta resultaban mucho más serios y al mismo tiempo más divertidos que estos de nuestra realidad actual, monotemáticos y tristes, incluso por las viñetas cómicas que publican.

Recuerdo con mucho cariño “La Noche” en la que he publicado mas de alguna crónica. Pertenecía a la Editorial Compostela, que imprimía también el matutino “El Correo Gallego”, del que tuve el honor de ser redactor. Fue el embrión del periódico del mismo nombre, que sigue dirigiendo en la actualidad mi querido compañero José Manuel Rey Novoa.  

(2) Comentarios

  1. Los que te conocimos en Vigo sabemos que rachabas coa pana y en cuanto a la anécdota de la Francis es muy buena. Ahora hay muchas redes sociales pero poca imaginación.

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