IN MEMORIAM: FLORENCIO GULÍAS BARROS

Por Alberto Barciela

Se fue con este huracán de tiempos perversos, insanos en lo físico pero profundamente humanos. Florencio Gulías Barros (Beariz, 1953 – México, 2020)  era un hombre bueno y generoso, un amigo-hermano entrañable, un destacado hijo de Galicia, de la Tierra Madre y Señora que cantara Ramón Cabanillas.

El bearicense fue emigrante con más de 50 años en tierras mexicanas. Con 13 años llegó al entonces México DF, donde empezó a trabajar como un humilde vendedor. Más tarde sería propietario de tiendas de muebles, zapaterías y participaría con gran éxito en el sector de la hostelería y, a partir de 1985, en el de las gasolineras. También fue directivo del Hospital Español, en el que realizó una gran labor benéfica.

Un negro luto, doloroso, del que sus allegados tan solo podremos recuperarnos por la memoria que supuso una vida ejemplar, plena de humanidad, trabajo, naturalidad, confianza y enseñanzas.

EMPRESARIO EJEMPLAR Y EX PRESIDENTE DEL CENTRO GALLEGO DE MÉXICO

La vida de Florencio fue de entrega a los demás, como padre y esposo, como amigo, como socio y como Presidente del Centro Gallego de México -entre los años 2014 y 2019-, al que convirtió en la referencia mundial de esas embajadas gallegas por el mundo.

La muerte de Florencio Gulías ha sido prematura, exagerada y dolorosa. Pero los que le conocíamos sabemos que ahora permanecerá en nosotros como residente ausente, como esa laguna a la que retornaremos cuando necesitemos el consuelo de saber que en la vida ocurren tan buenas cosas como haber gozado de su amistad y su cátedra vital.

El 3 de agosto de 2015 pronunció en Avión el mejor pregón que nunca se haya dado en la Fiesta del Emigrante, entonces nos dijo:

Nuestros corazones no se han dividido. Ahora comparten para siempre el amor por al menos dos naciones, la de origen y la de residencia. También es verdad que nuestro sentir mantiene una sola raíz que penetra en la tierra gallega,  en los prados de Avión, Beariz o Carballiño, bajo la sombra de robles y castaños, al amparo de nuestro santo protector San Roque.

Los emigrantes somos un prolongado testimonio del mejor capítulo de la historia,  un gran honor del pasado y también del presente, y un referente de esfuerzo. A los hijos y nietos les hemos legado una extraordinaria formación para que puedan competir en el mundo global. En nuestro caso nos importa sobremanera que mantengan el vínculo con Galicia, el tesoro más valioso”.

Al recordar a Florencio nos sentimos conmovidos por su biografía, plena de generosidad y entrega, ejemplar para las nuevas generaciones. Creo que en momentos como estos debemos recordar que la Galicia moderna se inició cuando los emigrantes comenzaron a enviar dinero a sus familias, a plasmar en su aldea la experiencia adquirida en el exterior, a pagar escuelas rurales, a compartir su bienestar con sus familias y vecinos. Él lo recordaba siempre.

Desde estas líneas, me sumo al dolor que embarga muy especialmente a la Familia Gulías Barros y a su esposa la Sra. Bertha Saco Iglesias, a sus amigos los Vázquez Raña, los Alonso, los Hermida, los Vázquez Ruiz, los González Balboa, los González Corral, los Garriga, los Caiña, los Martínez Cuervo, a sus paisanos y vecinos de Galicia y de México, a sus socios, a la Federación de Centros Gallegos y a cuantos tuvimos el privilegio de conocer a un hombre bueno y generoso que permanecerá para siempre en nuestros corazones.

Descanse en paz.

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