JACOMINA KISTEMAKER

Desde el pequeño puerto de Aldán contemplaba aquella vez, distraído, los colores de las gamelas en el agua de la Ría… Me sorprendió uno de esos vellos mariñeiros con piel de salitre, conversador sabio, de los que conocen que existe el latín rimado y parece que lo hablan, porque han dado siete veces la vuelta al planeta,  navegando sus siete mares…

—-  Ves a ver a holandesa, ¿Non?

—-  Non…

Y comenzó a contarme aquel hombre que hasta Punta Couso había llegado una “meiga” de Holanda, que curaba enfermedades y daba cursos de música…

¡Una meiga holandesa! Pese a que estábamos en un mágico lugar de Cangas no era posible, me decía yo, que ahora importáramos meigas en vez de tulipanes…

Cuando supe de Jacomina Kistemaker quise entrevistarla, pero se negó en redondo, como si no le interesara comunicarse con el mundo a través de la televisión. Aquella su actitud despertó aún mas mi curiosidad y bucee cuanto pude en la vida de aquella misteriosa señora que confundían con una meiga precisamente en el hábitat mas natural de las meigas.

SONIDOS DE PAZ

Verás. Creo que cansada de esa frigidez centroeuropea Jacomina aterrizó en Galicia por casualidad. Viajó por medio mundo pero descubrió su refugio de paz en Punta Couso hace unos 30 años.

Aquí encontró su ego espiritual y el lugar ideal para construir sus sueños. Un Centro Hogar en el que transmitir sus conocimientos en la aplicación del sonido a la vida personal.

¿Qué de que hablo? Pude contactar hace tiempo con alguien que estuvo en ese lugar de Punta Couso y que cree en esas técnicas que practica Jacomina Kistemaker.  Están basadas en el sonido de los cuencos tibetanos. Gongs de China y de la Isla de Java. Crótalos o tingshas… y sobre todo en la voz.

¿Para qué sirve esta técnica? Dicen que para “la sanación, el crecimiento personal, la espiritualidad y la acción social”.

—- Ou seña, que algo de meija ten… ¿Non?

—- Non…

 Jacomina estudió Psicología en Utrech, Holanda. Vive en la universidad la revolución estudiantil de Mayo del 68 y no podrá negar nunca que aquel espíritu hippie de los sesenta es quien le pone en contacto con la cultura oriental, que le apasiona y la lleva al Nepal con mucha frecuencia, en donde mantiene contacto con los monjes tibetanos de quienes aprende que el sonido puede cambiar una vida.

¿Y da resultado? Seguramente se trata de una terapia en la que tu propia mente juega el papel principal y el ambiente propicio refuerza eso que entendemos por la espiritualidad…

Lo cierto es que a mi Jacomina Kistemaker me parece una mujer única, porque es la primera vez que me hablan de semejante trabajo y porque ha elegido para desarrollarlo el mismo lugar que yo elegiría para escribir…

Añado. Mi gurú en temas tibetanos dice que estos cursos que imparte Jacomina son de autoayuda y que al igual que ocurre en el yoga, la meditación es el arma principal. De hecho, los sonidos se aplican también en los ejercicios de yoga.

Pero yo pienso que, además, esta mujer es una especie de faro de la introspección. Su energía vital, por lo visto, transmite mucha paz

—- ¿Pero é meija ou non?

No, aunque haya quien crea en Aldán que es meiga, a tanto no llega esta culta holandesa que hace un tiempo, se me negó a salir en la tele… y hoy por hoy no sé que ha sido de ella.

(2) Comentarios

  1. Muy interesante la señora pero esa paz se consigue simplemente subido a una roca en la punta del cabo. La Ría de Aldán es mi favorita…

  2. Estuve en un karma, allí, con ella, hace tiempo… pero seguí igual, nada cambió en mí carácter y lo que es peor, mis nervios siguieron destrozados.

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